Por Guillermo Acosta
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Uno de los dos más grandes clubes de fútbol (por popularidad, infraestructura y títulos conseguidos) está en "el infierno", como describe la prensa internacional, de la segunda división.
Su acérrimo rival tiene todo para disfrutar: se encamina a sumar un nuevo campeonato y goza del vecino descendido; pero aún así la violencia lo opaca todo: de un lado y otro de su estadio, barras dirimen su poder con la impunidad de siempre.
En Avellaneda las aguas bajan turbias del lado rojo: los barras parecen manejar casi todo, al punto de haber controlado el ingreso y egreso de público en un partido de Copa Sudamericana en 2010 ó de "hacer de (in)seguridad" en la Asamblea Anual donde se hizo público un pasivo que roza los 200 millones.
Por si fuera poco, el último técnico que se fue (Antonio Mohamed) aseguró que lo echaron los barras. Hay más: hace poco, cuando la parcialidad no violenta quiso aislarlos, recibieron en respuesta un ataque a punta de cuchillo: todo en el interior del estadio y pasando puerta, tras puerta, para ir de un lado al otro.
Impunidad, denominador común también en Rosario donde los dirigentes de Newell´s parecían haber ganado la pulseada. No. Los violentos regresaron y los límites sólo ellos parecen conocerlos.
En Tucumán, Mendoza o en provincia de Buenos Aires también se suceden hechos sin que nada, ni nadie los detenga. De paso nomás, la semana anterior dos barras de Atlanta asaltaron y se robaron el auto de un remisero en Concordia. Volvían a su ciudad, tras viajar a Corrientes para ver al "bohemio" frente a Boca Unidos.
La complicidad policial y, especialmente, de la clase política y sindical lo explica todo: la mayoría de los barras trabajan de barras. ¿Cómo? Usted se piensa que lo hacen gratuitamente o sólo por amor a la camiseta que dicen seguir. No. Hay dirigentes (en ocasiones hasta futbolistas) que aportan a la causa del hincha, que no es otra que la de seguir a cualquier lado al equipo. A cambio: prestan "servicio" en actos públicos, "hacen el aguante" al futbolista que no está en buen nivel, "aportan fuerza" al dirigente que pugna con conservarse en el poder de una entidad gremial, etc, etc.
En materia deportiva también sigue habiendo enormes desprolijidades. Como dijo Hernán Crespo la semana pasada: "si en 20 años el único lateral derecho que sacamos es Zanetti, estamos jodidos". ¿Para cuándo un trabajo intensivo en este sector del campo? ¿Cuántos jugadores de categoría "produce" Argentina de mitad de campo hacia adelante? Un montón y de excelente calidad. Ahora, ¿cuántos "produce" de mitad de cancha para atrás? Pocos, tirando a nada.
Si la mejor defensa del fútbol argentino tiene como abanderado a Rolando Schiavi con 38 años y con más ganas de retirarse que seguir jugando, "estamos jodidos", al decir de "Valdanito". Después del entrerriano Roberto Ayala (el último intocable de la defensa argentina) pasaron por la zaga central Heinze, Burdisso, Milito, Garay, Pareja, Demichelis, Samuel, Schiavi, Desábato, Coloccini, entre otros. Ninguno logró quedarse con el puesto y sigue siendo un asunto irresuelto para los seleccionadores.
Proyecto es la palabra más repetida por los cerebros de AFA, pero evidentemente una de las menos aplicadas. Bielsa, Pekerman, Basile, Maradona y Batista pasaron en los últimos 6 años, todos sin cumplir un ciclo completo. Sus modos de interpretar el fútbol también son disímiles. No hay continuidad. No hay identidad. ¿Debiera haberla?
¿Por qué la selección debiera ser un conjunto armónico de voluntades que se reúnen una semana cada tanto si la mayoría de los clubes argentinos no lo son? ¿Argentina tiene que encerrarse en una burbuja y ser todo lo contrario a uno de los más grandes como River, actualmente ahogado económica y deportivamente? Si Boca, puntero, ensaya como lateral derecho a un marcador central (el entrerriano Roncaglia), como Vélez (último campeón argento) lo hace cuando reinventó al mediocampista central Cubero, ¿por qué Sabella, o quien fuere, debe poner como lateral a un crack al estilo brasileño? ¿No será que, simplemente, no hay?
Un sinfín de veces se pregunta por todo lo que Messi no hace en la selección, pero ¿qué hacen los demás por estar en el representativo nacional? La impunidad de los barras es sólo un problema de los clubes incapaces de resolverlo, en cambio AFA lo tiene clarito y en la selección todo es paz y armonía. Mmmm. ¿Quiénes son los que alientan incansables al seleccionado cuando juega en el exterior?
El fútbol argentino está enfermo de incapacidad, salpicado por violencia y una dosis grande de impunidad. Incapacidad de dirigentes, hinchas genuinos que no hacen de la violencia su bandera, barras, policías, políticos, futbolistas y periodistas (que miran para otro lado y no cuentan lo que pasa como si, por ser un espectáculo deportivo, todo fuera color de rosa) para hacerse cargo e ir hasta el fondo de los problemas dentro y fuera de un estadio de fútbol. El diagnóstico está claro, es hora de poner en marcha un tratamiento intensivo y eficaz.


