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18 de mayo de 2012

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Que al Boca de Falcioni no le pase lo del Milán campeón en 2003

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Por Guillermo Acosta        
eerguille@gmail.com

En el despertar de este 2012, los dirigidos por "Pelusa" son los mejores del fútbol argentino. Así lo demuestra su reciente conquista en el Torneo Apertura: campeón, invicto y con la valla menos vencida en la historia de los torneos cortos de Argentina.

Su andar "tranqui" en los amistosos de este verano lo mantienen en la misma posición. Inobjetable: Boca, hoy por hoy, es el mejor. La discusión se abre, me parece, cuando analizamos la repercusión que tienen sus logros, el impacto positivo de sus victorias en los amantes del fútbol.

Es inevitable, aquí, recordar la anécdota que se le acredita al magnate italiano Silvio Berlusconi. Se recuerda que el 28 de mayo de 2003, su equipo, el AC Milán, jugó la final de la Liga de Campeones de Europa ante la Juventus. Por primera vez, dos equipos italianos (antes lo habían hecho Valencia y Real Madrid de España) se cruzaron en la definición del certamen continental más importante del mundo a nivel clubes.

La cita fue en "Old Trafford" (casa del Manchester United), nada menos. "El teatro de los sueños" acobijó una de las peores finales de la historia de la competición. Un perfecto somnífero de 120 minutos de duración. "El teatro que da sueño" fue aquel día, bromearon los ingleses que vieron el partido. Una perfecta bazofia que terminó 0 a 0 y debió definirse por penales (los "rossoneros" ganaron 3 a 2). Entonces, la copa quedó en mano de los conducidos por Carlo Ancelotti.

Berlusconi, dueño de un imperio montado alrededor de los medios de comunicación, sintió, en los días sucesivos, el sabor agridulce de una victoria tan "vacía" de goles y buen fútbol. Se quejó, ante propios y extraños, de la poca trascendencia que los medios le dieron al Milán campeón de Europa 2003.

Entendió, o quizás terminó de entender, cómo funciona la industria mediática: por dinero y poder que se tenga para incidir en lo que los medios masivos de comunicación deban comunicar, el hecho comunicable necesita ser "atractivo". Entonces, ¿qué tuvo de atractivo ver a 22 tipos corriendo, trabando, y jugando poco durante 120 minutos sin goles? Poco o nada.

Ese equipo también conquistó la Copa de Italia, tres días después de la victoria en Manchester. Pero la historia ya estaba escrita y el público futbolero mundial le dio la espalda a tamaña conquista. Todo, a pesar de que Milán tenía 4 "fantasistas" de primer nivel en sus plantilla: Pirlo, Seedorf y Ruí Costa, titulares, y el brasileño Rivaldo, suplente, que no ingresó en ese juego.

Luego, en una de sus últimas acciones como presidente-dueño del club milanés, contrató al brasileño Kaká, que le aportó verticalidad y juventud a un equipo "envejecido". Ancelotti modificó, a partir de ahí, el estilo de juego. Fue menos "italiano" (que no se tomo como despectivo, sino por la inequívoca relación que hay entre un club italiano y el fútbol de tono defensivo) y más "holandés, británico o, por qué no, brasileño".

En el mismo carril que aquel Milán parece transitar hoy el Boca de Julio César Falcioni. Siquiera sus dos recientes victorias en el "Superclásico" le cambian la imagen para, al decir de Julio Cobos, el "no hincha" del conjunto de La Ribera.

Corre presuroso hacia el Olimpo de los clubes ganadores que no serán recordados con el paso del tiempo. Aún está tiempo de cambiar de rumbo. Ojo, no se pretende desde este humilde espacio que Boca pase a jugar como el Barcelona de Guardiola. Sí, en todo caso, se le exige un poco más al último campeón. Que a la voluntariosa capacidad para defenderse sin la pelota, se le sume más creatividad, variantes, acciones ofensivas a la hora de poseerla.

Siquiera pretendo que se vuelva una máquina de anotar goles al estilo del actual Real Madrid de José Mourinho, pero tampoco que 9 de sus 10 futbolistas de campos formen una especie de muro de Berlin humano comando por el inoxidable Rolando Schiavi. Hay variantes como para aspirar a un poco más. Riquelme, si está bien físicamente, puede ser el abanderado ese plus que se le reclama. Erviti, Chávez, Colazo, Somoza (hoy mucho más "rompedor" que pasador) y el repatriado Ledesma lo pueden acompañar.

Falcioni sacó "chapa" con el título conquistado por sus dirigidos a fines de 2011. Más tranquilo, ahora deberá devolver algo más para los que pretendemos disfrutar de un juego donde las formas en que se gana marcan el límite entre los que quedan en la historia y los que pasan al olvido como el poco atractivo Milán campeón de "la Champions" en 2003. La Copa Libertadores que se viene es una buena oportunidad y está "a la vuelta de la esquina" para el D.T. boquense.