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Desde siempre, los gobiernos encontraron en las hazañas atléticas un buen escenario para la propaganda política. Mussolini en el 34, Hitler en el 36 y Videla en el 78 tuvieron sus "fiestas", con el tácito apoyo de las organizaciones deportivas, escribió Ezequiel Fernández Moores en la publicación "XX, el siglo del deporte" de la extinta revista "Mística".
El periodista dice "desde siempre", pues recuerda que en los idealizados juegos de la antigua Grecia, durante cuya disputa se homenajeaba a los dioses y se suspendían las guerras, un triunfo en una carrera de carros podía permitir al triunfador apoderarse del reino del perdedor. La guerra, en honor a la verdad, seguía por otros medios.
Como dije en la columna "El fútbol argentino está enfermo", "la complicidad policial y, especialmente, de la clase política y sindical explica la violencia que salpica al fútbol: la mayoría de los barras trabajan de barras. ¿Cómo? Usted se piensa que lo hacen gratuitamente o sólo por amor a la camiseta que dicen seguir. No. Hay dirigentes (en ocasiones hasta futbolistas) que aportan a la causa del hincha, que no es otra que la de seguir a cualquier lado al equipo. A cambio: prestan "servicio" en actos públicos, "hacen el aguante" al futbolista que no está en buen nivel, "aportan fuerza" al dirigente que pugna con conservarse en el poder de una entidad gremial, etc".
El desembarco del Estado argentino en el denominado "Fútbol para Todos" es un claro ejemplo del deporte, en este caso el más popular del país, como instrumento de propagando de los actos de Gobierno. ¿Qué privado aparece en las tandas de la previa, entretiempo y post partido? ¿Recuerdan el spot musical recordando a Néstor Kirchner y la frase "Nunca menos"? El inminente inicio del "Automovilismo para Todos" asoma como un paso más en esta escalada propagandística.
En Entre Ríos, el matrimonio tiene sus fieles seguidores. La maquinaria periodística privada al servicio del Estado nos contó a fines de 2011 que el Gobernador Urribarri inauguró la primera cancha de hockey sintético de Entre Ríos. Felicito al mandatario por acompañar tan valioso aporte para la disciplina, pero evidentemente el hecho en sí fue más importante que cualquiera de sus protagonistas o, en todo caso y si se prefiriese darle nombre propio al acontecimiento, los títulos debieron decir: "Las Leonas inauguraron con un triunfo la primera cancha de hockey sintético de Entre Ríos".
A veces los resultados terminaron amargando los proyectos: Daniel Scioli, Gobernador de Buenos Aires, le ganó la pulseada a Córdoba para organizar en Mar del Plata la final de la Copa Davis en 2008. De locales, en cancha rápida, con Nalbandian y Del Potro entre los nuestros y los rivales sin el gran "Rafa" Nadal, la fiesta estaba servida. Sin embargo, Feliciano López, David Ferrer y compañía se lucieron y dejaron al bonaerense sin la foto junto a la ensaladera teñida de celeste y blanco.
Lo mismo ocurrió tres años después. CFK y Scioli no tuvieron la imagen que deseaban en las redacciones de los principales medios nacionales y del exterior. La Copa América sí se bañó de celeste y blanco, pero del vecino Uruguay, verdugo de la Argentina de Messi en cuartos de final.
Ojo, en Argentina también los sectores de la denominada "oposición" marcan la cancha con sus propuestas o la emplean como plataforma de despegue. Mauricio Macri fue, durante 10 años, presidente de Boca. Empezó complicado su gestión deportiva, hasta que la llegada en 1998 de Carlos Bianchi le trajo una catarata de éxitos que lo catapultó como un "buen jefe" para ir por el Gobierno de la Capital Federal. Silvio Berlusconi, empresario millonario como el líder del Pro, también saltó al poder político en Italia tras su paso por el multicampeón Milán.
Malvinas, un caso aparte
Agonizaba la última Dictadura Militar argentina cuando se pensó en "un nuevo Mundial, un nuevo Beagle". Se recurrió, entonces, a la peor de las situaciones para despertar el "ser nacional" en el pueblo. Lo demás es historia conocida, tanto como la particular sensación de argentinidad revanchista que dio Diego Maradona y sus inolvidables goles a Inglaterra.
De ahí en adelante, cada enfrentamiento deportivo entre argentinos y británicos estuvo acompañado del clásico "el que no salta es un inglés" y los triunfos se toman como si se estuviese recuperando una pequeña porción de aquel territorio austral.
Deporte y política, alrededor de Malvinas, se cruzaron nuevamente en octubre de 2011 cuando diputados de diferentes espacios políticos presentaron un proyecto de ley en el que proponen que las camisetas que utilicen los deportistas argentinos en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 lleven un escudo de las Islas Malvinas acompañado de la leyenda "son argentinas".
El proyecto fue impulsado por la fueguina Rosana Bertone, del Frente para la Victoria, y es apoyado por sus compañeros de bloque, además de Roy Cortina (Frente Amplio Progresista), Federico Pinedo (PRO), Alfredo Atanasof y Celia Arena e Ivana Bianchi (Peronismo Federal).
Finalmente la iniciativa no fue aprobada, aunque la piedra ya había sido tirada y desde las islas británicas no tardaron en devolver la provocación. El legislador del gobernante partido Conservador Andrew Rosindell consideró que debería impedirse la participación argentina en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 si el Congreso nacional aprueba un proyecto para que los atletas lleven un escudo de las Malvinas en sus uniformes.
Otro "plan argentino" asoma para mitad de año. La recientemente designada embajadora argentina en Londres, Alicia Castro, sabe que los Juegos Olímpicos son claves. Planea "Sembrar el reclamo de Malvinas" dentro de aquella fiesta deportiva y aprovechar la cobertura periodística global de todo el evento.
En estos días, afortunadamente sin las dictaduras del siglo anterior, el matrimonio se sostiene en base a la mutua conveniencia entre las partes. Los hombres y mujeres del deporte encuentran en las actividades deportivas y en los deportistas en sí una puerta de acceso a la popularidad. El pueblo feliz, gracias al éxito deportivo. Para la gente del deporte, en tanto, la política suele ser la llave de acceso a una solución para las carencias de infraestructura, elementos, dinero para viajes, etc. Yo por mí, y vos por mí.


