“Ajuste” es una palabra que no figura en el léxico oficialista, pero está a la vista que el control de la “caja” es una de sus máximas prioridades.
Por Osvaldo A. Bodean
andresbodean@gmail.com
Fue habitual en Jorge Busti rodearse de contadores eficientes de fuerte personalidad, en quienes confiaba los números y que fueron piezas claves de sus gobiernos en tiempos de escasez y reclamos. Ejemplos: Drewanz, Macri, Valiero, Casaretto.
En esto, como en tantas cosas, Urribarri se parece a su predecesor, a cuyo lado militó y ascendió en política cerca de dos décadas. No es casual que el mismo ministro de economía transite su tercer período consecutivo. Menos casual aún es que haya sumado a Marcelo Casaretto para el manejo de un organismo nuevo que dote de eficiencia a la recaudación propia, para intentar que Entre Ríos achique en algo su absoluta y manifiesta dependencia económica de la Nación.
Y como si esto fuera poco, a otro contador de su máxima confianza, Hugo Ballay, acaba de confiarle otra caja enorme, la empresa provincial de energía.
En un lenguaje elíptico pero igualmente claro, Sergio Urribarri hizo públicas las razones del nombramiento: “la eliminación de subsidios implica una nueva realidad para Enersa que exige máximo profesionalismo (...) Ballay es una persona de mi máxima confianza con el perfil necesario para esta nueva etapa de la compañía”.
En otras palabras, implícitamente, el gobernador pareció decir: se acabó la fiesta de los subsidios, se vienen tiempos donde no sobrará un peso y la eficiencia en la administración será decisiva, por lo que ya no me sirve un funcionario político como Chagas sino que urge sentar sobre la caja a un técnico leal como Ballay.
¿Qué pasará con la presidencia de CAFESG? Por estas horas, cobra fuerza la hipótesis de que Ballay acapararía ambos roles, lo que a primera vista suena a despropósito, ya que se supone que una sola persona no puede conducir dos organismos cuyas sedes ni siquiera están en la misma ciudad.
Pero la concentración en Ballay respondería a otra lógica, que tampoco es nueva. Es la misma que en su momento, cuando Busti era gobernador, hizo de Urribarri un súper ministro que a la vez presidía la CAFESG. Ahora, Ballay es Urribarri. A través de él, el gobernador se asegura que ni un solo peso de la políticamente estratégica CAFESG y de la gigantesca Enersa salgan sin su consentimiento.
Es verdad que también se especula con que el ex ministro de salud Ángel Giano, hoy vocal de la CAFESG, se convierta en su nuevo presidente. Sobrarían razones. Fue pieza clave del Área de Desarrollo Regional que amplió el horizonte de gestión de la Comisión Administradora para el Fondo Especial de Salto Grande. Luego se bancó cuatro años en un ministerio sumamente complejo, del que cuanto menos salió airoso. Se merece no quedar relegado sólo a una vocalía, dicen sus defensores.
¿Por qué entonces lo puso como vocal y no lo nombró directamente como nuevo presidente?, se preguntan otros más escépticos. Quizá sea el delicado y frágil equilibrio político interno del peronismo concordiense lo que impide su designación al frente de la CAFESG.
Es que el ex ministro de salud quiere ser intendente y no lo disimula. Pero también el senador Enrique Cresto quiere serlo y tampoco lo disimula. Hay cuatro años por delante para que estas aspiraciones cruzadas que conviven en el seno del mismo gobierno no se salgan de cauce. Un guiño de Urribarri confiándole a Giano las llaves de lo que para muchos es un gobierno paralelo en la región de Salto Grande, podría romper ese equilibrio inestable con el crestismo.
Cuando la imagen del gobierno nacional caía en picada, antes de la muerte de Néstor Kirchner, Sergio Urribarri creyó necesaria una alianza con los Cresto para enfrentar a Busti. Le dio resultado, pero lo puso de cara al desafío no menor de contener a una familia de políticos de raza, tan incansables para trabajar como insaciables en sus ambiciones.
En los corrillos del PJ se dice que el nombramiento de Mauro Urribarri en la secretaría del Senado tiene por objetivo “controlar al Enrique”. Hasta el flamante Senador habría admitido por lo bajo que su poder está recortado porque a la caja la administra Mauro. O sea, Urribarri.
Otro leal al gobernador fue a parar a la presidencia del IAPV. Allí, Marelli es Urribarri. Se trata de un mal trago para los supuestos progresistas que enarbolan la bandera de los derechos humanos y que en 2008 reclamaban su remoción por complicidad con la dictadura militar. No sólo que no fue removido sino que fue ascendido y los representantes entrerrianos de Carta Abierta se han hecho magistralmente los distraídos, como perro que volteó la olla.
La vivienda es una cuenta pendiente para el urribarrismo. De allí que resulte esperanzador que se trabaje en un fondo especial para que los jóvenes puedan acceder a la casa propia. No menos esperanzador son las anunciadas escuelas de jornada completa, o los talleres de arte para rescatar a los chicos de las garras de la droga y la violencia.
Claro que para todas esas iniciativas harán falta recursos. A medida que se acerque el comienzo de clases, recrudecerá la puja por la actualización de salarios, cuyo poder adquisitivo se ha deteriorado. Será un partido decisivo, como también lo sería el intento por elevar la edad jubilatoria.




