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18 de mayo de 2012

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¿Fin de fiesta en Entre Ríos?

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Un conjunto de indicios llevan a concluir que en Entre Ríos se vive algo así como un “fin de fiesta”.

Por Osvaldo A. Bodean
andresbodean@gmail.com 

Son sólo eso, indicios, que intentan, a medias, llenar el vacío de información en el que nos movemos y existimos.

Empleados públicos que miran con preocupación cómo se estira el cronograma de pagos de salarios; comercios sorprendidos por el retraso de Sidecreer en algunas liquidaciones; constructoras que no logran que les abonen certificados de obras que, se supone, cuentan con financiamiento asegurado; rumores de impuestazos y suba de la edad jubilatoria; son sólo eso: indicios de que los tiempos de abundancia quedaron atrás.

Una simple frase del gobernador Urribarri, casi como para salir del paso, diciendo que enero había sido “un mes difícil” y prometiendo que no volverá a suceder, hizo las veces de única “explicación” al atraso en el pago de los haberes del primer mes del año. ¿Alcanza tamaña simplificación para entender por qué, en medio de porcentajes récord de crecimiento económico, se suscita esta asfixia financiera? ¿No merecemos los entrerrianos algunos números que resuman las causas del ahogo? ¿O acaso desde el gobierno desconfían de nuestra capacidad para entender y por eso nos conforman con vaguedades?

Quizá esta falta de precisiones obedezca también a cierta decadencia de nosotros, los periodistas entrerrianos, que hablamos mucho pero preguntamos, investigamos e informamos poco, sobre todo acerca de asuntos que puedan incomodar al principal anunciante de los medios de comunicación provinciales.

En el discurso de Sergio Urribarri al abrir el período de sesiones de la legislatura se notaron algunos giros que dejaron entrever la necesidad de practicar ajustes.

Por ejemplo: “Nos aproximamos ahora, en el marco de un mundo que se encuentra en una crisis sin precedentes, a tener que hacer ciertos sacrificios para mantener el bienestar logrado”.

Más adelante dijo: “Señores legisladores, no ignoro las dificultades coyunturales que atravesamos. Pero estoy abocado enteramente a su superación”.

En el párrafo siguiente, deslizó un reconocimiento de que la deuda aprieta: “Estamos reestructurando nuestra deuda provincial para darle más aire a las finanzas provinciales. Y tratando de reconvertir el financiamiento de algunos programas para liberar más recursos y así aplicarlos a las obligaciones corrientes del Estado”.

Fue un ejemplo de diplomacia, el modo elegido por Urribarri para admitir que el gasto público ha crecido sustancialmente y que aumentarán los impuestos: “Un gobierno que está lanzado en muchos frentes como el nuestro insume cada vez más recursos de estructura y esos recursos de estructura a veces son complejos de financiar sin una política tributaria adecuada”.

En seguida, fue más explícito, aunque no menos diplomático: “La economía estatal no ha podido apropiar la parte del excedente del fuerte crecimiento de la economía provincial que legítimamente le habría correspondido”. ¡Qué manera tan elegante de anticipar un impuestazo!

Pero allí no terminó. Aún faltaba un párrafo más contundente: “Impuestos provinciales bajos, diría muy bajos y recaudación modesta, en un contexto económico de crecimiento fuerte de la economía privada que demanda a su vez más gastos estatales. Estas dos cosas han sido una combinación negativa para las finanzas que vamos a tener que superar. Y en eso estamos”.

Leído y releído, se desprende de estas palabras de Urribarri que el actual ahogo en las finanzas provinciales se debería exclusivamente a que los entrerrianos pagamos impuestos muy baratos que no alcanzan para costear los crecientes servicios que el Estado nos presta.

Sin embargo, del informe que el mismo mandatario entregó a la legislatura, no surge que la recaudación haya sido tan “modesta” como dijo. En el apartado del Ministerio de Economía, detalla que la recaudación mostró ¡“una variación promedio cercana al 34 por ciento interanual y al 12 por ciento sobre lo presupuestado”!!!!

La pregunta se cae de madura: ¿Cómo es posible que no alcancen los “bajos” impuestos cuando la recaudación subió 34% de un año al otro y superó 12% lo que se había presupuestado? ¿Cuánto treparon los gastos por encima de lo presupuestado para que, con semejantes éxitos recaudatorios de los que se enorgullece el ministerio de economía, se haya llegado a la asfixia financiera presente?

Un párrafo final para la Caja de Jubilaciones. El informe a la legislatura indica que el crecimiento vegetativo fue “superior al 3,1 por ciento anual, superando el 12 por ciento en los últimos tres años y finalizando el 2011 con más de 42.400 beneficiarios”.

Agrega que en 30 años se triplicó la población de beneficiarios, “lo que muestra claramente un impacto directo de la prolongación de la expectativa de vida, con un promedio de edad de acceso a la jubilación inferior a los 60 años de edad; un promedio de edad de beneficiarios cercano a los 67 años y una expectativa de vida próxima a los 80 años”.

Concluye con un pronóstico para fin de esta década: “en caso de mantenerse estas tenden­cias, la población de beneficiarios llegaría a casi 60.000”.

¿Sería exagerado desprender de estos párrafos oficiales un indicio de que consideran muy baja la edad jubilatoria en un contexto de creciente desfase entre la cantidad de activos y pasivos?

Pero se trata sólo de un indicio. Como también hay indicios de que el gobernador estaría dolido porque su excelente relación con CFK no se tradujo en espacios de poder concretos para el PJ entrerriano en el gobierno nacional. ¿Fin de idilio?