La frase del título no es un invento. Es simple, concisa, con pocas palabras y dos números de fácil memorización. ¿Quién la dijo? Juguemos a tirar sobre la mesa algunas hipótesis.
“…A ver, a ver… ¡Ya sé! La dijo un médico, confesando, en rueda de amigos, que a personas que necesitan no más de 4 meses de licencia les hace la “gauchada” de ponerles 6… Total, no hace daño a nadie…”
NO. No fue un médico, pero… ¿acaso ocurre esto? ¿Hay profesionales que actúan así y hay quienes aceptan un certificado trucho?
“…Fue un empresario arreglando un contrato con el Estado. La obra cuesta 4, pero pide 6, porque… viste que hay que incluir costos encubiertos, como la comisión para algún que otro funcionario, y todas esas cosas que permiten ganar licitaciones…”
NO. No fue un contratista del Estado, pero… ¿acaso los hay que para hacer obras paguen “comisiones” a funcionarios que las cobran sin pudor?
“…Fue Moreno arreglando los números del costo de vida…”
NO. Seguro que no, porque haría a la inversa: donde algo cuesta 6, pondría 4. Pero… ¿acaso miente el máximo órgano del Estado que monitorea y cuantifica la vida de la sociedad?
“…Entonces, es un comerciante remarcando precios, queriéndose cubrir por si viene una estampida inflacionaria…”
NO. Tampoco. ¿Hay comerciantes que hacen eso y terminan alimentando la rueda de la inflación?
“… ¿No será un profesional confeccionando un balance, dibujando mayores egresos para achicar ganancias y pagar menos impuestos?...
NO. No se trata de esa mentada artimaña que, dicen, suele emplearse en el mundo de los negocios.
“Pudo ser un político sospechado de enriquecimiento ilícito, inflando facturas por supuestos servicios prestados para documentar cómo hizo su fortuna”…
Incorrecto. Aunque se comenta que es el ardid más usual para justificar ingresos mal habidos.
Arriesguemos otra posibilidad. Un encuestador queriendo levantarle la imagen al que le encargó la medición o un periodista inflando datos de aceptación social de cierto dirigente que lo alimenta con publicidad.
Tampoco, pero dicen por allí que hay encuestas a medida y periodismo con intereses que distan mucho de la verdad…
Revelemos la incógnita. La frase “está para un 4 y le ponemos un
Asesores pedagógicos, docentes, tutores y directivos de su institución acordaron dar otra oportunidad a algunos alumnos, relató con franqueza.
A algunos chicos (no serían más de cinco) que se llevaron tres materias, se les permitió pasar. Autoridades y padres firmaron un acta acuerdo, donde la familia acepta la posibilidad de que su hijo pase de año y se compromete a “hacer un mayor seguimiento y acompañarlos con las tareas”.
¿Pasan con tres materias sin aprobar?, preguntó El Entre Ríos. “No, no pueden pasar con 3. Hablamos con los profesores y decimos: ´esto está para un 4 y le ponemos un 6´. Son casos excepcionales”, aclaró.
Querido lector, quizá Usted me pueda reprochar que se trata de una tontera en comparación con las hipótesis en danza. Al lado de la licencia trucha, o del contratista que soborna, o del funcionario que cobra su “comisión”, o del Indec de Moreno, o del comerciante que remarca en exceso, o del balance arreglado para evadir ganancias, o del político inflando facturas para justificar fortunas mal habidas, o del encuestador y el periodista acomodando el mensaje en función de quién le pague, lo que hacen en esa escuela entrerriana parece una falta menor.
Pero, ¿es una falta menor? ¿O es, cuanto menos, el botón que alcanza para muestra?
Si mentimos en educación, no educamos al chico, que hoy se ve “beneficiado”, pero que, cuando adulto, esperará que se le regale un 6 aunque sepa que le corresponde un 4. ¿Acaso no es eso lo que le enseñamos? Con esta clase de “inclusión” estamos formando al médico de la licencia trucha, al contratista, a Moreno, al comerciante, al profesional, al político, al encuestador, al periodista, etc. etc.
Si mentimos en educación, en fin, nos mentimos a nosotros mismos, alimentando una espiral de decadencia interminable.
¿Cómo cambiamos esto? No hay fórmulas. El único cambio real es de a uno, empezando por uno mismo, dejándonos contagiar por aquellos que ya cambiaron y testimonian que se puede. De ese modo, también nosotros contagiaremos a otros y los anticuerpos irán de a poco restaurando el tejido social. Vale la pena intentarlo.




