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09 de septiempre de 2010

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La inasible mano larga del inefable Moreno

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A esta altura de los acontecimientos consideramos que nadie ha de ignorar es Guillermo Moreno, el Secretario de Comercio de la Nación, quien, en su condición de sedicente dictador de los precios del país, se ha convertido hasta cierto punto en señor sino de las vidas, o por lo menos de las haciendas de los argentinos, escrito esto último tanto en su sentido literal como en el figurado.

Mientras tanto, su accionar ha vuelto a las primeras páginas desde la nueva estampida que del proceso inflacionario. No es que antes fuera pequeño, ya que tampoco lo es una tasa de inflación que ronda el 15% anual, pero lo es más cuando esa tasa puede este año llegar a duplicarse, como consecuencia -entre otros factores- de los previsibles efectos, no computados, del incremento en el precio de la carne vacuna.

Una situación frente a la cual nuestro funcionario ha venido a reaccionar, repitiendo su metodología de siempre, al parecer no desencantado de sus fracasos y fiascos anteriores. ¿Qué es lo que ha hecho? Ni más ni menos que prohibir la exportación de carne vacuna, mientras implementa un plan en el que combina la posibilidad de exportar más o menos libremente los cuartos traseros de las medias reses, mientras se procura que los cortes de las partes restantes de los animales sean vendidos en los supermercados a “precios sugeridos”

En esta ocasión no es nuestra intención entrar en el análisis de una política de precios cárneos, que como todas las anteriores del mismo tipo está condenada al fracaso, dado que con lo que con ella se pretende es tapar el sol con un harnero. Es que la causa del fenómeno se debe encontrar en que la hacienda que pastan en nuestros campos se ha vuelto escasa, y que por ende no sólo no alcanza para atender una demanda desmesurada, sino que nos pone también aquí en el brete que tengamos que importar. Importar que es, como se decía en otras épocas, como vender naranjas al Paraguay.

Pero entretanto lo que se nos aparece como de una gravedad inusitada, es la recaída en prácticas anteriores en las cuales el mencionado funcionario -al adoptar decisiones como la de cerrar las exportaciones de carne, aunque mas no sea temporariamente, se sigue manejando en base a órdenes verbales, no se sabe si con la intención de exhibir su poder que pretende omnímodo o con la intención de no dejar rastros escritos de sus maniobras.

Sea cualquiera de ellas la explicación de su actitud -u otra parecida- el hecho real es que la misma viene a mostrar a las claras el tipo de régimen al que nos vamos acercándonos ominosamente.