El Entre Rios Digital :: elentrerios.com el diario con las noticias de la ciudad y el mundo.

21 de mayo de 2012

Headlines
Usted esta aquí: Opinión Editorial No solo riojanos levantiscos en Famatina

No solo riojanos levantiscos en Famatina

Correo electrónico Imprimir PDF


 

La explotación minera en  la región riojana de Famatina se está convirtiendo en un nuevo foco de tensión de características similares al que en su momento adquirió la confrontación en torno a la “pastera fraybentina”.

A la vez, no ayuda la manera en que el gobierno nacional maneja –o no lo hace, haciendo como el avestruz- el tema. Es que todo lo que tiene que ver con la preservación del medio ambiente, es algo demasiado serio para tratarlo con la liviandad meramente declamatoria con la que habitualmente se encara el tema.

 

El errático rumbo que se hace presente en la materia, con olvido de una planificación global de la cuestión, es lo que llevó a que desde lo alto del gobierno se haya en un momento considerado a la de los asambleístas de Gualeguaychú como una “causa nacional” para luego hacer mutis por el foro; o para reprochar a los grupos de ecologistas su aparente falta de interés por la amenaza al medio ambiente en las Islas Malvinas por la  actitud depredadora de los isleños en relación a la fauna marítima, que vendría a contrastar con su accionar frente a diversos emprendimiento mineros –entre el que se incluye  Famatina sin mencionarlo- como si una cosa eximiera de la otra.

Mientras tanto, procurar abordar esta temática en una forma en que converjan los argumentos racionales con una actitud serena, debe partir de la convicción de que la actividad del hombre siempre es contaminante del medio ambiente y de lo que se trata es de que su grado no transponga determinados límites. Ya que de no ser así, habría que haber descartado hasta la idea de desarrollar toda actividad minera, y no hubiéramos dejado atrás nunca la Edad de Piedra.

De allí que resulten atinadas las reflexiones de un sociólogo argentino cuando señala que “en este contexto, es una pena que el Gobierno no se anime a defender públicamente la importancia estratégica de la minería”. A lo que agrega la advertencia que “esta actividad está intrínsecamente ligada a la historia de América latina y del capitalismo, dado lo cual se  puede aprender de los errores y de los éxitos de esa dilatada experiencia y asegurar los mejores estándares medioambientales existentes en países desarrollados con auditorías independientes y controles efectivos”. Sin olvidar tampoco la necesidad que “las comunidades locales deben asegurarse de que existan programas público-privados que permitan que sus habitantes se beneficien en forma directa y sustentable de la riqueza generada” Es por eso que resulta sensata su afirmación, en el sentido que resultaría lamentable que “la desinformación, el oportunismo, la demagogia y un falso fervor participacionista, patriotero y xenófobo opaquen los efectos positivos de la actividad e impidan que el corredor cordillerano se convierta en un motor de desarrollo similar a la pampa húmeda. En otras palabras, la minería puede contribuir a mejorar la distribución poblacional y a resolver el problema de la pobreza en la Argentina”.

Dicho de otra manera, se debería en todos los casos comenzar, por parte de científicos formados y de honradez intelectual insospechada, a establecer la posibilidad de encarar proyectos mineros, sin que ello signifique una  agresión inadmisible para el medio ambiente, por el hecho de producirle un  daño irreversible o significar un peligro para la salud de la población. o de producir un daño irreversible a  aquel.

No se nos oculta la desconfianza generalizada que entre existe respecto a este tipo de informes, ya sea porque se los considera deshonestos en cuanto falseados, y aun en el caso que así no sean, existe la posibilidad que los mismos sean dejados de lado al momento de encarar los procesos concretos.

A ello cabría agregar la obligación de tratar en el país los materiales mineros extraídos, y no de exportarlos en bruto como actualmente ocurre en infinidad de casos, ya que de esa manera se incrementaría el monto de las inversiones locales y el empleo de mano de obra argentina. A lo que se debería sumar que el canon fijado para la explotación minera no se apartase de los que son los usuales en el plano internacional, no solo por el hecho de que debemos ser cuidadosos con lo que es el patrimonio de todos, sino como forma de desvirtuar la posibilidad de que estamos desprendiendo de componentes de ese patrimonio a valores irrisorios.

Cabe entonces concluir que la de la actividad minera es una cuestión que debe inscribirse en un contexto más amplio, incluyendo junto a la ligereza y la irresponsabilidad, la manera muchas veces delictiva de los comportamientos sociales,  casi endémicos entre muchos de nuestros funcionarios y empresarios y abonados por la despreocupación de la mayoría de la población. De allí también, que se deba destacar el accionar de los contestatarios de Famatina, en cuanto significan otro paso en la dirección correcta, con el objeto de superar esas falencias.