A la que nos referimos es a una actitud destacable por lo poco común. La misma tiene que ver con la postura adoptada por el actual Intendente Municipal de Colón
que ha exhibido un tratamiento mesurado al momento de efectuar la valoración de la gestión de la administración anterior.
Es que es casi una regla general que, en ocasión de la renovación de autoridades, la que lleva a que, de una manera casi sistemática, a los recién llegados se los escuche lamentarse, en forma machacona y hasta plañidera, acerca de la “herencia recibida” y el chaleco relleno de plomo que significa el portar esa carga.
Curiosamente en el caso concreto al que nos referimos, se puede observar un comportamiento diferente, más allá de los comentarios al pasar que explicablemente se han efectuados respecto a diversos aspectos de la gestión de su antecesor.
Todo ello a pesar de que no faltaban sobradas motivos para “hacerse una verdadera fiesta” con la cantidad de anuncios y promesas que quedaron en tales, y cuya ausencia de concreción ha quedado desnudada y con el cumplimiento parcial o el retaceo de información con respecto a acciones en ejecución, en varias situaciones que han emergido en estos primeros meses de la actual gestión municipal.
“Es lo que hay”, como dirían los chicos. Y esa parece ser la actitud con la que desde las esferas municipales se aborda la actual coyuntura. Una actitud positiva en la medida que por lo general no es lo más fructífero quedarse “llorando sobre la leche derramada”, sino que de lo que se trata es de mirar hacia adelante, procurando imprimir a la acción municipal un ritmo a la vez sensato y eficaz, acorde con el hambre de futuro que se hace necesario alimentar en nuestra ciudad.




