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Espacio para entendernos

Intenso, trajinado, controvertido, cambiante, polémico, ha sido este 2015 a cuyo final estamos llegando. Otros adjetivos le caben, por supuesto, menos el de aburrido. Por lo pronto concluye el año más político de la era democrática. En su transcurso los entrerrianos hemos votado cuatro veces. Lo mismo ha sucedido en la mayoría de las provincias. Los porteños fueron en seis oportunidades a las urnas. Hubo menos actos públicos que en otras campañas y por consiguiente menos discursos, pero abundó el tachín tachín propio de estas contingencias. Más bombo que palabras. Al revés de las palabras, el bombo no crea compromisos.

Pendientes de las cuestiones políticas hemos vivido el año. Es saludable que sea así, cuando la política aborda problemas que nos atañen a todos. Si los planteos y enfrentamientos se reducen a asuntos personales de autoridades o candidatos, la política se desvaloriza, pues pierde de vista su verdadero sentido.

De esto último el año nos ha presentado variados matices, acerca de los cuales no es necesario insistir. Cada uno de nosotros tiene su propia experiencia y apreciación acerca de lo sucedido en el país y la provincia.
Desaparición del monólogo
No se duda que los ánimos han cambiado, excepto los de aquellos dirigentes que por decisión del voto popular quedaron afuera de ciertos puestos y prebendas. Para quien cree en la democracia, esto es ventajoso y hasta necesario. Por lo pronto, ayuda a renovar propuestas y métodos e intentar nuevos caminos. Además, produce el cambio de figuras, imprescindible cuando se llega a determinado punto, la situación se estanca y es preciso replantear las cosas, salir del pantano y avanzar.

Apenas 17 días ha transitado el nuevo gobierno. Es muy poco tiempo. Los norteamericanos, en circunstancias similares, abren un período de "cien días de luna de miel". No obstante, de lo que vendrá, algunas señales se advierten. No son suficientes para elaborar pronósticos, pero marcan diferencias respecto de los 12 años que pasaron y se fueron. Las cosas son distintas. De esto no se duda.

Ha desaparecido el monólogo. El Presidente dialoga. Si por ahí no lo hace comete errores, como ocurrió con las designaciones de la Corte, a las que supo corregir a tiempo. Esta actitud de aceptar la equivocación, también está indicando una conducta distinta de la conocida. Nunca más "el Estado soy yo".
Las vinchas colgadas
Nada será fácil, dada la complejidad de los asuntos en juego. Sin embargo, el diálogo ayudará a encontrar soluciones inteligentes y maduras a los múltiples problemas que nos afectan.

En el orden provincial lo demostraron esta semana el gobernador Bordet y el senador De Ángeli, quienes archivaron, al menos momentáneamente, sus diferencias políticas (no olvidar que disputaron la gobernación hace sólo dos meses) y decidieron el lunes "trabajar en conjunto por Entre Ríos", asumiendo el compromiso público de reunirse mensualmente para coordinar y realizar acciones unificadas. Esto es un ejemplo republicano.

Las finanzas provinciales atadas por una deuda colosal, varios municipios en situación de quiebra, la producción en crisis -aunque ahora con alguna perspectiva de mejora al anularse las retenciones-, las rutas deterioradas, los puertos librados a su suerte, la salud pública en retroceso, la inseguridad y el narcotráfico, entre otros temas, obligan a colgar las vinchas en el perchero y juntarse para encontrar soluciones.

No hay antecedentes de actitudes similares en los últimos ocho años, por lo menos. Si en ese lapso hubo algún contacto entre representantes del gobierno y la oposición, no trascendió. A la manera de Cristina, Urribarri resolvía por su cuenta, sin conversar con nadie. Hasta las candidaturas, mayores o menores, dependían de su decisión. Resultados a la vista.
Con el agua al cuello
La tendencia a superar antagonismos políticos en función de urgencias comunes, se confirmó durante la semana a raíz de las inundaciones. Primero el ministro del Interior, Rogelio Frigerio y luego la vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti y el jefe de Gabinete, Marcos Peña, entre otras autoridades, estuvieron en Concordia y se reunieron con el gobernador Bordet.

Hacer frente a una situación tan angustiante, es una obligación que sobrepasa las jurisdicciones y supera los alineamientos partidarios. A esto lo entendemos fácilmente, pero no siempre fue así. De todos modos, entre la organización y coordinación de los gobiernos nacional, provincial y municipal, además del voluntariado representado por entidades privadas, se está haciendo frente a una situación crítica que sólo demanda solidaridad y unidad de acción.

Las inundaciones parecen inevitables. Se producen en todo el mundo con diferentes características, integrando el rubro de las peripecias que suelen afectar al ser humano. Sin embargo, hay formas de contrarrestarlas o neutralizarlas o aliviarlas, según los casos y las posibilidades.

Al cabo de la experiencia estremecedora de 1959 (sin represa) y sus réplicas de 1983 (con represa) y alguna más, el padre Andrés Servín -el célebre cura tercermundista que convivía con la gente pobre del barrio Lourdes- impulsó la construcción de la Defensa Sur de Concordia. A su insistencia y participación, además del trabajo del ingeniero José Bourrén, se debe la obra, concluida hace una década. Debido a esa contención están a salvo no menos de 10.000 personas. Cada tanto Servín controlaba que no hubiera filtraciones. Si estas se producían, las denunciaba y reclamaba el mantenimiento del muro.

Hace seis años, en diciembre de 2009, el entonces gobernador Urribarri anunció la ampliación de la Defensa Sur para proteger a mayor cantidad de barrios y la construcción de 400 nuevas viviendas en la zona. Ni lo uno ni lo otro. Una vez más los globos de colores. Y ya no hay quien reclame con la fuerza del cura Servín, fallecido el 3 de noviembre de 2014.

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