Política

Política rastrera: Por qué no me nace ensañarme con Rossi

Cuando la política llega tarde y encima lo hace alardeando, con hipocresía, sin auto crítica, deslizando esa falsa promesa de que, ahora sí, acabará con el mal en el mundo. Por Osvaldo Bodean.
La despedida de Liniers a Micaela
Foto: La despedida de Liniers a Micaela
Confieso que desde la muerte de Micaela me pregunto si debo o no debo, si sirve o no sirve volcar en un texto las cosas que me revuelven las vísceras.

Aunque finalmente aquí estoy, escribiendo, la duda persiste en mí. Temo que este escrito no pase de ser una catarsis de autor en vez de redundar en un provecho real para el lector.

La cuestión medular es que estoy asqueado de esa política rastrera que siempre llega tarde y encima lo hace alardeando, con hipocresía, sin auto crítica, deslizando sutilmente esa falsa promesa de que ahora sí acabaremos con el mal en el mundo. Me asquea tanto como que los periodistas asumamos la misma pose. ¡Y conste que NO me excluyo!

¡Había sido que los dirigentes y los comunicadores la teníamos clara, -reclara, dirían los chicos-! ¡Había sido que ya sabíamos cómo resolver el problema de los violadores! Al menos así parece, a juzgar por los proyectos de ley y los análisis periodísticos de alto vuelo intelectual que afloran como hongos, aquí y allá, de unos y de otros.

¡Ni que hablar de la solidez de argumentos para cuestionar al Juez Carlos Rossi! Es inexplicable que este hombre haya sido magistrado tantos años en una comunidad integrada por tantos iluminados que "sabemos" lo mal que venía haciendo las cosas y cómo debió haber actuado.

Tanta sapiencia brotando a borbotones por todos lados en base al diario del lunes, cuando ya los hechos son irreversibles, cuando ya Micaela está muerta; tantos agudos críticos haciendo cola para hacer leña cuando ya el árbol -el Juez- cayó, me revuelven el estómago. ¡Es que todo se me revela oportunista! ¡TODO se me revela NADA!

¿Qué pensarán los familiares de Tatiana Kolodziez, la joven asesinada en Chaco en el año 2012, también víctima de un violador puesto en libertad por un juez, que en vez de Rossi se llamaba -se llama- Axel López?

5 años atrás pasó algo parecido a lo que pasa hoy día. La política, los medios, la Justicia, prometieron que no habría más Tatianas, como ahora prometen que no habrá más Micaelas.
¿Y si probamos a recuperar el rito del duelo?
Tal vez la reacción más genuina que uno se recomendaría a sí mismo y sugeriría a políticos y periodistas, cuando se trate de afrontar la muerte de las personas, serían los gestos propios del duelo:

1) Callar ante la contundencia de lo irreversible, porque nada de lo que se diga está a la altura del drama;

2) Evitar celosamente recaer en promesas de ocasión, de muy dudoso cumplimiento;

3) No incurrir en la bajeza de buscar un chivo expiatorio con la oculta intención de sacarnos de encima las propias culpas;

4) Trabajar en lo que haya que hacer, en lo que se debió hacer tal vez hace mucho, pero sin poses artificiosas.

En fin, un duelo que sirva para recuperar la humildad, para admitir que la política no puede resolver el enigma de esta muerte. Ni de esta ni de ninguna muerte, con su carga de Misterio. Mucho menos lo puede esta política, incapaz de prevenir lo que puede prevenirse, corriendo a los problemas muy de atrás, a kilómetros de distancia.
Como si las leyes alcanzaran para cambiar la realidad
Admitamos que seguiremos llegando tarde incluso con las leyes que ahora salen de los cajones, se les quita el polvo, se las actualiza para que luzcan inteligentes y apropiadas, y que obligarían a los jueces a mantener a los violadores en prisión hasta el fin de sus días.

Puede que sean pasos necesarios e importantes. Pero, ¿alcanza con leyes para cambiar la realidad? ¿No harán falta otros pasos? ¿Qué pasa, por ejemplo, con las cárceles? ¿No están colapsadas en su mayoría? A propósito del valor que le damos a las leyes, ¿cumple el sistema carcelario con la Constitución Nacional que obliga a que sean sanas y limpias para. . . bla bla bla? ¡¿Cómo esperanzarnos en que mágicamente las normas cambiarían definitivamente la historia si no somos capaces ni siquiera de cumplir varios artículos de la Carta Magna?! Tal el grado de anomia que nos caracteriza!

¿Y qué hay del Poder Judicial? ¿Habrá un debate franco acerca de los "lineamientos" jurídicos del Superior Tribunal de Justicia y de la Cámara de Casación que guiaron el fallo del Juez Rossi, según lo explicó su par de Paraná, la magistrada Cecilia Bértora?

¿Y qué hay de la Legislatura entrerriana, que encabezará el jury a Rossi? ¿Hará una autocrítica por no haber reglamentado desde el 2008 a la fecha el artículo de la Constitución provincial que otorgaba participación a la sociedad civil en esa instancia? ¿Admitirán los legisladores que tampoco fueron capaces de reglamentar la ley del banco de datos de violadores aprobada en el año ¡2011!?

Por otra parte las leyes que se cocinan en el congreso nacional para que los violadores no puedan acceder a la excarcelación serán útiles exclusivamente para achicar los índices de reincidencia. Por lo tanto -aunque suene tan obvio como antipático decirlo-, hará falta que primero exista al menos una víctima por cada violador, que haya una Micaela o una Tatiana que quizá pague con su vida para que otras no caigan en esas mismas manos.
Arreglar la fábrica de latas abolladas
Frente a ello, vale invitar a debatir otra cosa: ¿Puede hacer algo la política no ya sólo para reducir la reincidencia sino para que disminuya el número de los pervertidos sexuales que lleguen a violar esa primera vez?

Obvio que jamás se podrá impedir en un ciento por ciento que haya quienes desarrollen la personalidad del perverso sexual. Pero eso no quita que se procuren definir y poner en marcha políticas que achiquen el margen de probabilidades de que aparezcan esta clase de trastornos.

El Doctor Abel Albino usa una metáfora fácil de entender. Habla de que si en una fábrica de latas son muchas las que salen abolladas, no parece sensato dedicarse sólo a intentar desabollar una por una las fallidas, empleando para ello más y más recursos, sin tratar al mismo tiempo de arreglar la matriz de la máquina que las produce.

¿Cuál es la "matriz" de seres humanos, la que los ayuda a crecer en humanidad, la que los guía especialmente en esos primeros años fundamentales para el desarrollo integral de la persona? La familia y la escuela. Podríamos sumar una tercera: los medios masivos -la TV, las redes, internet-, puesto que las personalidades también se forjan bajo la influencia cada vez más fuerte de sus contenidos. Y para completar el entramado, vale tener en cuenta a las iglesias y los clubes.

Si la política quiere estar a la altura del desafío debería centrar sus mayores esfuerzos en intentar generar las condiciones para que la familia se fortalezca como institución (trabajo digno, vivienda digna, cobertura social y previsional, etc.) y para que la escuela venga a ser ese complemento fundamental en la misión educativa, reforzando su papel, que se vuelve aún más decisivo en los chicos que arrastran carencias desde la casa (presupuesto educativo suficiente, planes de enseñanza apropiados, edificios acordes, docentes formados y bien pagos, etc.).

No existe el sistema perfecto que "fabrique" bondad humana. Todos somos seres caídos. Aunque vengamos de una familia extraordinaria y hayamos tenido grandes maestros en la vida, nos equivocamos una y mil veces. Pero no es menos cierto que con más familia, más escuela, más educación, más clubes, menos exclusión, menos desamparo, menos pibes en la calle abandonados a su suerte, menos drogas al alcance de la mano como las tuvo Wagner -que también es adicto-, achicaremos los márgenes para las perversiones de toda clase.

Valdría también repensar los contenidos de los medios.

¿Es inocuo para la formación de la personalidad de los niños que dispongan de toda la pornografía del mundo a un clic de distancia cuando apenas tienen 7 u 8 años o aún menos? ¿La cosificación de la mujer y también de los pequeños y de los hombres que impera en ese submundo a disposición de cualquiera no incide acaso en que los trastornos estén a la orden del día? ¿No tiene la política nada que decir ni que hacer al respecto? ¿Acaso limpia su conciencia reemplazando las elecciones de reinas en las fiestas regionales como si esa fuera la principal cosificación de la mujer?

Tal vez haya llegado la hora de atrevernos a hacernos replanteos de fondo, a mirar los estilos de vida imperantes, los ambientes en que estamos inmersos, muchos de ellos cada vez más a contramano de una verdadera "ecología" humana, cada vez más a contramano de la salud de la mente y del corazón.

Puede que así, quizá alcancemos a desabollar nuestra propia historia personal y seamos capaces de generar espacios de encuentro donde se geste una más genuina calidad de vida.
Fuente: El Entre Ríos Autor: Osvaldo Bodean

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Juez Rossi Micaela García Sebastián Wagner

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