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El sábado 30 de noviembre de 2024, el cuerpo de Elías Benítez fue hallado sin vida en el río Gualeguaychú, a la altura del balneario Solar del Este. El joven de 20 años había sido denunciado como desaparecido el miércoles 27 y, desde entonces, se tejieron muchas conjeturas sobre las causas del fallecimiento.

La familia de Elías siempre abogó por una investigación para dar con los autores de un crimen, pero los elementos que se fueron recabando fueron desbaratando la teoría de un homicidio y tomó más fuerza la hipótesis que desde un inicio se tuvo: la autodeterminación.

Las consideraciones médico legales preliminares de los forenses que realizaron la autopsia fueron claras y claves para el avance de la investigación: el cadáver tenía “signos externos e internos de asfixia mecánica por sumersión, sin signos de participación de terceras personas”. A su vez, tenía una pequeña lesión en el cuero cabelludo que los especialistas consideraron que podía tratarse de “un trauma pre o perimorten”.

La última imagen de Elías con vida data de las 5 de la mañana del jueves 28 de noviembre de 2024, cuando las cámaras de seguridad lo tomaron en bicicleta por el puente Méndez Casariego en dirección al Parque Unzué. Nunca se supo qué había pasado con su bicicleta si había tomado la decisión de quitarse la vida: todo indicaba que debía estar a simple vista, al igual que el resto de sus pertenencias, pero nada se encontró y esto acrecentaba las dudas de los familiares.

El 13 de diciembre de ese mismo año se realizó un rastrillaje en el río, en la zona donde diez días antes un perro de la Policía marcó como el lugar donde se perdía el rastro de Benítez y se encontró una zapatilla blanca, que le pertenecía al joven. Esos trabajos estaban enfocados en encontrar la bicicleta o alguna pertenencia, pero las aguas oscuras dificultaban las tareas que se hacían al tacto y era como buscar una aguja en un pajar.

No se tuvo nunca noticias de la bicicleta hasta el 6 de mayo de 2025, cuando dos pescadores que son asiduos concurrentes desde la costa en el Parque Unzué hallaron el rodado en un arroyo, entre unas ramas. Para la familia, esto robustecía que se trataba de un crimen, mientras que para la investigación penal sustanciaba la hipótesis de un suicidio, porque no existió el móvil del robo.

Ocho meses después, vuelve a suceder lo mismo con el hallazgo que realizó la madre del joven este martes por la tarde en el mismo lugar donde se encontró la bicicleta. Aprovechando la bajante y la sequía del arroyo La Delfina en la zona de El Mangrullo, en el Parque Unzué, la mujer recorrió el sendero natural "guayabo Colorado", en la zona donde había sido hallada la bicicleta tiempo atrás, y sobre el barro encontró el teléfono el teléfono celular, el DNI y un manojo de llaves que serían de su hijo.

Si bien estos elementos son importantes, porque se trata de pertenencias del muchacho, nada hace indicar que la investigación clausurada como suicidio pueda tener un giro. El aparato, sumergido por más de un año y enterrado en el barro, fue secuestrado y entregado a Criminalística para su peritaje, pero por las condiciones es poco probable que se le pueda extraer algo y, en el caso de que esto ocurra y la tecnología lo permita, se debe analizar si ese material es congruente con la teoría del crimen.

El abogado de la familia, Fabián Otarán, pidió “no agotar la investigación porque el chico no tenía ningún perfil de suicidio” y consideró que existe “un sesgo investigativo que privilegia una cosa sobre otra”. Mientras que para los investigadores, este hallazgo “no suma ni resta nada, incluso suma más para el archivo. La anatomía patológica fue tajante y el informe forense fue tajante”.
Fuente: Carlos Riera para El Argentino

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