Con más de dos décadas de trayectoria, el jefe de Hemoterapia del Hospital Masvernat reflexiona sobre los desafíos de la bioquímica actual, el impacto de la robótica y la urgencia de crear una cultura sólida de donación de sangre en la ciudad.
Un poco de su historia
Ariel Gustavo Rossi (52) es un bioquímico concordiense. Graduado en 1999 de la Universidad Nacional de Rosario, se fue perfeccionando en distintas áreas: cuenta con un magíster en Ciencias Médicas Tropicales de la Universidad del Nordeste y una especialización en bioquímica de la Asociación de Hemoterapia de Buenos Aires.
Trabajó desde su cursado en la carrera universitaria: en aquel entonces era ayudante de cátedras como biología general y fisiología humana, sumado a distintas labores comunitarias.
Cuando finalizó sus estudios, regresó a Concordia y trabajó en la parte de laboratorio del Felipe Heras y posteriormente en la sección de hemoterapia. Sumado a esto, comanda el banco de sangre en el Sanatorio Garat y tiene su laboratorio privado, donde realiza análisis químicos e industriales.
La bioquímica y el contacto humano
El bioquímico afirma que la profesión es una carrera exigente: tiene mucho contenido científico aplicado a la salud humana y está en permanente desarrollo. Sumado a esto, muchos equipamientos son automatizados, con carga robótica e informática, tal como la IA.
Sin embargo, expresa que lo interesante del campo es estar permanentemente actualizado y en contacto social con el paciente. “La bioquímica no es solo un trabajo de mesada con una muestra, es una evaluación integral de la persona. Significa conocer al paciente, su entorno y sus experiencias particulares.”
Frecuencia de los estudios y elección del laboratorio
Respecto a la época de análisis, comenta que no existe una estación determinada en la que se realice una mayor cantidad de estudios: las personas pueden hacerlos por muchos motivos, desde un chequeo de rutina hasta uno por enfermedades crónicas. Los más comunes son aquellos de control, que analizan el perfil de glóbulos rojos, plaquetas y similares; mientras que otras personas necesitan realizarse estudios más específicos, tales como los de evaluación de función renal o cardíaca.
Tanto en Concordia como en el resto de la provincia, escoger el laboratorio es una decisión personal. “Esto ocurre porque los bioquímicos estamos colegiados en una misma institución” explica Ariel. Esto permite que todos trabajen de la misma manera con las distintas obras sociales.
La donación de sangre: un acto sencillo que salva vidas
En Concordia existen tres lugares donde se puede donar sangre a nivel público: son el Hospital Masvernat, el Banco de Sangre del Sanatorio Concordia y el Banco de Sangre del Sanatorio Garat.
Ariel resalta la importancia de que los bancos de sangre tengan reservas suficientes para atender a los pacientes que requieren algún componente de la misma. Y por ello, se precisa que “personas sanas y solidarias se acerquen a los centros de donación y puedan concretar la donación de sangre”.
Desde el hospital incentivan permanentemente la donación de sangre. Las donaciones pueden realizarse cada 2 o 3 meses, aproximadamente. Por ello, se programan colectas externas de sangre en distintas instituciones de la comunidad (deportivas, sociales, religiosas u otras) que prestan su espacio y demuestran que es un procedimiento seguro y sencillo. Así, buscan que más personas conozcan el proceso y no sea necesario depender de donantes repetidos.
El futuro de la Bioquímica
Para finalizar, Ariel insta a los jóvenes que les interesa estudiar Bioquímica a no rendirse. Asegura que es una carrera interesante, sin dejar de lado su exigencia y la necesidad de actualización del título para poder atender a los pacientes de la mejor manera.
En adición, incentiva a todo aquel que desee donar sangre a animarse a intentarlo: los procedimientos son seguros y permiten ayudar a los pacientes que la necesitan. “La sangre es un recurso médico insustituible y sería imposible recrearla en un laboratorio, por ello se necesitan donaciones constantes” cierra, con sencillez.
Por Virginia Rodríguez Cabrera- Estudiante de la Tecnicatura Superior en Comunicación Social