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Bajante del Paraná: ¿por qué es peligroso y desaconsejable caminar por el lecho?

"No se puede", "está prohibido", "es un peligro", "se recuerda a la población que no se debe...". Los llamados de atención y las advertencias sobre el riesgo cierto de transitar sobre el lecho de la laguna Setúbal, en Santa Fe, se repiten en muchos títulos y con todos los adjetivos desde que la bajante del Río Paraná y su cuenca dejó expuesta la superficie antes cubierta por agua. No obstante, la postal que se observa desde uno y otro lado contradice todo aviso.

 

Hay personas que deciden emprender la caminata sobre terreno desconocido y poco firme. Hay que decir que esto no sólo ocurre en la Setúbal santafesina, sino que es una tentación para los ribereños del Paraná en todo su curso.

 

La Secretaría de Asuntos Hídricos y Gestión de Riesgos de la Municipalidad viene advirtiendo de esta situación, al tiempo que personal de Protección Civil llama la atención desde la orilla a través de altavoces.

 

Los argumentos para desalentar esta práctica son claros y no sólo para el lecho de la laguna Setúbal sino también para todos los tramos del río cuyas profundidades han quedo expuestas por la histórica bajante:

 

- El fondo de los cursos de agua está formado principalmente por materiales limosos y arcillas.

 

- El suelo no es homogéneo, sino que presenta zonas con sedimentos antiguos y resistentes y otras con fangos muy blandos de reciente depósito.

 

- En el caso de la laguna Setúbal, el fondo está interrumpido por las fosas de dragado que se hicieron en su momento para los alteos de barrio El Pozo, Parque Tecnológico, Ciudad Universitaria y Costanera Oeste. Estos pozos constituyen un grave peligro para las personas, ya que los cambios en la profundidad son muy abruptos, e inesperadamente el lecho pasa de tener una profundidad baja a muy profunda.

 

- El lecho es un área natural no preparada para su tránsito y la intromisión de las personas en estos momentos conlleva riesgos de contaminación del mismo con diversas sustancias como combustible, aceites, residuos de neumáticos o de frenos, así como deshechos aportados por los visitantes o vehículos que la transiten, lo cual aporta al deterioro sistemático del sistema natural.

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