Por Daniel Tirso Fiorotto (*)
Cualquier juez razonable, ante un pleito familiar, obligará al padre a sostener el ritmo de vida que sus hijos llevaban antes de la pelea matrimonial, por responsabilidad parental. La idea radica en evitar cambios radicales en la niñez. Si vivían con cien, seguirán con cien, si vivían con un millón, seguirán con un millón…
Con los países ocurre algo parecido: en nuestra región se acostumbra desde hace mucho que el partido derrotado en las elecciones entrega el poder al partido victorioso. Después se discute cuánto inciden el dinero, las corporaciones, los medios masivos, cuánto hay de democracia, cuánto de plutocracia…
En otras zonas del planeta acostumbran otras cosas. Lo mismo pasa con los derechos obreros, por caso. Pese a las diferencias, todos estamos expuestos de manera equidistante a los efectos de una conflagración atómica mundial devastadora, y a los efectos del extractivismo contaminante. En estos dos puntos hablamos de la vida en el planeta, ni más ni menos. Cualquier iniciativa por la paz y por el cuidado de la biodiversidad debe llamar nuestra atención, porque nadie sabe en verdad de dónde vendrá el viento que barra con estas calamidades.