Monseñor Gustavo Zurbriggen lleva apenas un puñado de meses al frente de la Diócesis de Concordia. En sus primeras apariciones públicas, se notaron algunos énfasis, muy en sintonía con el Papa Francisco. Por ejemplo, el impulso a una “Iglesia en salida” y un expreso cuestionamiento al “clericalismo”.
Desde los estudios de Oíd Mortales Radio, en un “mano a mano” en el programa Despertá con Nosotros, el prelado confió sus primeras impresiones sobre Concordia; admitió que ve con preocupación el impacto de las crisis periódicas sobre los más pobres; habló de una Iglesia “sinodal”, es decir “participativa”, que cumpla con su misión evangelizadora; y resaltó el protagonismo de los laicos, en la misma Iglesia, en la política y en el “trabajo público”.
“Mi preocupación, que la planteé cuando me reuní con el equipo diocesano de Cáritas, pasa por cómo preparase para lo que pueda venir. Los que tenemos algunos años sabemos de las situaciones dramáticas que se han producido en la Argentina periódicamente. Por eso pedí pensar cómo responder ante una necesidad mayor de los sectores más pobres”, dijo, al ser consultado por la coyuntura socioeconómica.
Monseñor Zurbriggen admitió que su mirada de Concordia cambió en los meses que lleva en la ciudad. “Uno desde afuera escucha una cosa y cuando viene a la ciudad descubre que es muy linda, con mucha vida, con sectores muy pobres y tiene que intentar entender cómo se ha dado”, explicó. Resaltó que le “llamó mucho la atención la calidez de las personas, la receptividad, la cordialidad. De inmediato lo hacen a uno sentirse en casa”.
Sobre la misión central de la Iglesia, no anduvo con vueltas: “existe para evangelizar”. “Todo lo que hagamos, pensemos, reflexionemos, todos los bienes que sea necesario tener, deben ser para la evangelización. Ese es el centro”, insistió. Enseguida, explicó que la asistencia a los más pobres no puede desligarse de esa misión central. La Iglesia, dijo, “no tiene la solución a los problemas de la pobreza ni pretende tenerla. Practica la caridad para hacer presente el amor de Cristo y no porque sea su tarea principal”.
Zurbriggen admitió que décadas atrás existía una “Iglesia instalada”, que “por la dinámica de la historia se fue convirtiendo en una oficina de atención”. En cambio, “el Papa Francisco nos propone retomar el Evangelio, una Iglesia en salida. No es que invente nada, se trata de ir al encuentro, no para hacer proselitismo sino para compartir lo que tenemos. No esperar a que vengan”.
El nuevo obispo de Concordia instó sin titubeos a la participación política de los laicos que sientan esa vocación. “No sólo hay que decirle que sí, que participe, sino acompañarlo”, respondió, cuando se le preguntó qué consejo le daría a quien tenga esa inquietud. “Tenemos que ayudar y acompañar al laico cristiano –agregó- a hacerse cargo, entre comillas, de la política, el trabajo público”.
Mates por la mañana
El diálogo comenzó por una costumbre compartida: el mate.
-¿Son materos en su tierra de origen, en San Guillermo, provincia de Santa Fe?
-Sí, pero no tanto como acá. Me impactó en Concordia gente caminando con el termo bajo el brazo.
-Pero esos son uruguayos, que son aún más materos que los entrerrianos…
-Tengo un hábito desde siempre: me levanto y tomo mate.
-Entonces ya lo podemos acreditar como entrerriano. ¿Conocía algo de Concordia previo a la designación?
-Casi nada conocía. Hará 15 años vine, porque Monseñor Luis me había convocado, a un encuentro de sacerdotes. Pero estuve en Madre Camila y nada más. Después sí, antes de que me designaran supe lo que el Indec dice de Concordia, que está entre las más pobres del país. Otra cosa no sabía.
-Lamentablemente las noticias suelen darnos una imagen recortada de las realidades. Es inevitable. Concordia no es solo eso, aunque también es eso.
-En estos días me ha estado llamando gente amiga de Dean Funes, donde fui Obispo, preocupados por la creciente. Los medios la muestran como si toda la ciudad estuviera bajo el agua.
-El primer paso al llegar a un lugar que uno no conoce pasa por observar. ¿Está aún transitando esa etapa en Concordia? ¿Qué ha visto en relación a particularidades de la idiosincrasia de nuestra zona?
-Como cuando designan a un cura en una parroquia, el Obispo al menos en el primer año tiene que escuchar mucho, fijarse mucho, estar atento a la vida, para poder comprender la dinámica propia de cada comunidad, más allá de que siempre hay cosas en común. Por ejemplo, para mí el funcionamiento del río es una novedad, con sus crecidas, con la represa. Lo mismo con la pobreza. Uno desde afuera escucha una cosa y cuando viene a la ciudad descubre que es muy linda, con mucha vida, con sectores muy pobres y tiene que intentar entender cómo se ha dado, cuál es la realidad. Estoy en la etapa del niño pequeño, de mirar y preguntar. Como positivo, me llamó mucho la atención la calidez de las personas, la receptividad, la cordialidad. Es algo muy genuino. De inmediato lo hacen a uno sentirse en casa, con un cariño expresado, que en las parroquias se traduce en la predisposición para encontrarse, compartir, rezar juntos, pensar juntos.
-Hay palabras que usan en la Iglesia que desde fuera de ella no es fácil reconocer su significado. ¿Qué es un sínodo? ¿Por qué tantas resistencias de sectores ultras a esa cultura sinodal que transmite el Papa Francisco, donde se advierte una mayor apertura a la participación de la gente?
-La palabra sínodo es técnica y es bueno aclararla. Significa caminar juntos. Esto se practica en la Iglesia desde el comienzo. Dicen que en el libro de los Hechos de los apóstoles, el primer sínodo o concilio, que es un término no idéntico pero similar, fue el de Jerusalén cuando tuvieron que decidir los apóstoles junto a la comunidad ciertas cuestiones problemáticas que aparecían para los cristianos. A lo largo de la historia hubo muchos sínodos. Y después de Vaticano II, el Papa Paulo VI instituyó el sínodo de los obispos, que es un encuentro de obispos de todo el mundo con el pontífice para considerar algún aspecto de la Iglesia que necesita ser reflexionado. Ahora la novedad es que el papa Francisco no sólo propone renovar el sínodo de los obispos sino que propone que la Iglesia se encamine a que todos juntos pensemos la tarea misionera. Esto significa, las diócesis, las parroquias.
En las parroquias, que el sacerdote y la comunidad piensen juntos cómo afrontar las situaciones. Por ejemplo, cómo llegar a los más pobres, actuar ante una situación de urgencia, para asistir a algún sector, o cómo pensar una actividad misionera para llegar a todos, especialmente a los más alejados. Tiene que ver con que todos somos bautizados, todos tenemos la misma dignidad, todos tenemos el don del Espíritu Santo para poder rezar, pensar y compartir.
- Las voces más críticas hacia esta cultura sinodal agitan el fantasma de que se terminará modificando los dogmas de fe…
-El Papa lo explicó varias veces, ante estas voces críticas y temerosas, con mucha presencia en algunos medios internacionales, que piensan que lo sinodal es transformar la Iglesia católica en un Parlamento, donde se deciden verdades por mayoría. No se trata de eso. Se trata de compartir juntos para pensar el anuncio del Evangelio, pero fieles a él y a la doctrina de la Iglesia.
No existe el riesgo de que nos convirtamos en una asamblea legislativa donde decidamos una fe nueva.
Para qué existe la Iglesia
-El Papa cuando empezó su pontificado insistía con que la Iglesia no es una ONG de filantropía. ¿Cuál es la misión central de la Iglesia? Porque es bastante común que se la piense como diversas cosas, entre ellas una organización destinada a contener a sectores vulnerables.
- Jesús, cuando envía a los apóstoles, según nos cuentan los Evangelios, dice “vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio”, o sea la buena noticia del amor de Dios, que es Padre, misericordioso, que nos llama a todos, que perdona y que salva, que promete y asegura la vida eterna. Lo dice Jesús y está en los últimos versículos.
Después, en los Hechos, lo mismo, cuando el Espíritu Santo invade la vida de los discípulos, lo primero que hacen es salir a anunciar, a compartir el amor de Dios que nos salva, nos transforma y nos perdona en Jesucristo.
Y para decir algo más cercano, Paulo VI, en Evangelii Nuntiandi, que significa “anunciar el evangelio”, dice que la Iglesia existe para evangelizar. Esa es la misión de la Iglesia. Todo lo que hagamos, pensemos, reflexionemos, todos los bienes que sea necesario tener, deben ser para la evangelización. Ese es el centro. Y evangelizar significa compartir con los demás la persona, la enseñanza de Jesús y en ese anuncio poner gestos de caridad, como gestos del corazón misericordioso de Jesús para con los que más necesitan. Ciertamente en crisis, como tantas que ha pasado la Argentina, la Iglesia ha intentado estar cerca con lo que puede, porque no tiene la solución a los problemas de la pobreza ni pretende tenerla. Pero es una caridad para hacer presente el amor de Cristo y no porque sea su tarea principal.
-¿La Iglesia “en salida” sería lo contrario de estar mirándose el ombligo o de esa auto referencialidad como se la llama ahora? Nada de encerrarse en la parroquia o en el grupo… porque ese “vayan” que está en el comienzo de la Iglesia desaparece. Aunque es verdad que todos los seres humanos tenemos cierta tendencia a instalarnos…
-Tenemos, entre comillas, el peso de la historia. Hasta no hace mucho, la gente venía a la Parroquia a anotar a sus chicos, a pedir que visitemos un enfermo, a dar un sacramento… Eso era la Iglesia instalada, que por la dinámica de la historia se fue convirtiendo en una oficina de atención. El Papa Francisco nos propone retomar el Evangelio. No es que inventa nada, es ir al encuentro, no para hacer proselitismo sino para compartir lo que tenemos. No esperar a que vengan o no solamente contentarnos con los que están viniendo sino ir a compartir con los demás lo que tenemos y ofrecerle lo que para nosotros es el mayor tesoro que existe que es la persona de Jesús, la buena noticia del amor de Dios para todos.
El clericalismo
-He notado en sus homilías un llamado a superar el clericalismo. ¿Qué es el clericalismo y por qué pone ese énfasis?
-El Papa Francisco es el primero en hablar con palabras mucho más duras que las mías acerca del mal del clericalismo. El clericalismo es de los clérigos y es de los laicos. Los sacerdotes, cuando caemos en este defecto, estamos en parte sustentados por un grupo de laicos que quieren que seamos así. En definitiva el clericalismo pasa porque el sacerdote debe hacer todo y si no está o no va, no existe la Iglesia, no va nadie. Nos damos cuenta de esta falencia en tiempos como estos en que los sacerdotes somos menos en número. No hay sacerdotes para visitar a una familia en duelo, para ir a los hospitales, para tantas cosas, para una bendición, para un responso y entonces la gente dice ‘no está el cura’. Pero hay cosas que la puede y la debe hacer cualquier bautizado, porque es propio de la misión del bautizado. Los sacerdotes vamos a ir siendo fieles a nuestra propia misión y vocación que es celebrar los sacramentos, que no pueden hacer otros, la Misa, la Reconciliación, la unción de los enfermos, guiar la comunidad.
Pero otras cosas que no son exclusivas la tendrán que hacer los bautizados. Días pasados estuve en una parroquia y justo tocó en la Misa el Evangelio donde Jesús manda a 72 discípulos a la misión. Yo les decía ‘Jesús tenía los 12 apóstoles pero manda a los 72. Los 12 podríamos decir que fueron los primeros sacerdotes. Pero envía a los 72 discípulos. El número 7 en la Biblia es de perfección, de plenitud. Y ¿quiénes eran esos 72? Los que no eran curas. Lo seguían a Jesús pero no eran apóstoles. Cada bautizado, hijo de Dios, cristiano, que sigue a Cristo, tiene que anunciar y testimoniar a Jesús con la palabra, con el estilo de vida, con sus gestos, en su familia, en el trabajo, cuando se divierte, en el vecindario, en la política…
-Si alguien se le acerca para consultarle porque quiere participar en política pero le tiene miedo a la corrupción, a los riesgos… ¿Qué le respondería?
-No sólo hay que decirle que sí, sino acompañarlo.
-Que no se quede solo.
-Acompañemos a alguien con valores cristianos, con una concepción de la persona humana, de su dignidad, con una convicción moral acerca de la gestión pública, de la administración de los bienes de todos. Pero esto ya viene de Vaticano II. En uno de los documentos se dice que la tarea del laico cristiano es transformar las realidades temporales, la vida, el trabajo, la política, el sindicalismo. Tenemos que ayudar y acompañar al laico cristiano a hacerse cargo, entre comillas, de la política, el trabajo público. Y al decir esto digo también que no es tarea de los sacerdotes hacerlo. Nuestra vocación y misión es anunciar el Evangelio y ser presencia, a pesar de nuestros pecados y límites, del Jesús Buen Pastor en la comunidad.
-En el sínodo participaron mujeres. Cómo mira Usted este proceso de mayor apertura a la participación de la mujer y no lo digo a nivel de las parroquias nuestras porque hace mucho que las mujeres son protagónicas. No obstante, hay planteos para que puedan también desempeñar algunos roles hasta ahora reservados sólo al varón.
-A mí me parece que la problemática de la no participación de la mujer en puestos claves de la Iglesia tiene que ver más con Europa y algunos centros, por ejemplo la misma Santa Sede. El Papa ha puesto alguna mujer en cargos relevantes que antes lo tenía un arzobispo, pero no era un cargo que exigía ser sacerdote para ejercerlo. En nuestras parroquias suelen estar en puestos de decisión. Uno confía en el genio femenino, la creatividad, la entrega. Fui muchos años sacerdote de parroquia y eran mujeres mis mejores colaboradoras. Me parece que el planteo suele tener poco que ver con la vida de nuestra iglesia en argentina sino que importamos algunas discusiones, quizás, en algún caso, con un tinte ideológico.
Como dice el Papa, la Virgen María, después de Jesucristo, es la más importante, más que Pedro, que los apóstoles. Fue mujer, plenamente mujer, realizó su misión, fue la primera misionera.
A veces hay planteos según los cuales parecería que la igualdad pasa por hacer todos lo mismo, cuando en la Iglesia cada cual tiene una misión en base a lo que Dios ha pensado y a la genialidad de cada uno.
Las crisis económicas y el impacto en los más vulnerables
-¿Cómo ve los desafíos que plantea el impacto del ajuste en marcha? ¿Le ha llegado alguna preocupación de los sacerdotes que están más cerca de los más vulnerables? Los índices de Concordia revelan que su cuerpo social tiene las defensas más bajas que otras ciudades y la recesión podrían impactarla aún con mayor fuerza.
-Mi preocupación, que la planteé cuando me reuní con el equipo diocesano de Cáritas, pasa por cómo preparase para lo que pueda venir. Los que tenemos algunos años sabemos de las situaciones dramáticas que se han producido en la Argentina periódicamente. Por eso pedí pensar cómo responder ante una necesidad mayor de los sectores más pobres. Siempre en eso ayuda mucho Caritas Nacional. La situación más preocupante dentro de la diócesis está en la ciudad de Concordia. En las otras comunidades no es muy grave.
Siempre apelamos a la caridad, porque como decíamos antes la Iglesia no es una ONG que tiene recursos para dar. Lo que hacemos animar a la caridad de los cristianos para ayudar a los más necesitados en casos de urgencia. Lo hemos visto con la crecida del Uruguay en algunas parroquias donde han tenido que atender a mucha gente que dejó su casa, que se fue a vivir en carpa o a casa de un vecino. Y todo eso se hace con la caridad.
La Navidad es fiesta cristiana, Cristo en el medio
-Se acerca Navidad. ¿Podría ayudarnos a mirar, tal vez a recuperar, el centro de la Navidad?
-El adviento que estamos viviendo es de espera al que viene, que está llegando. Uno invita a los cristianos a prepararse a celebrar el nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo, el príncipe de la paz como dice la liturgia, el que trae el amor de Dios. La invitación es a darle a la persona de Jesús el centro de la celebración.
Decía en una homilía que todo nos habla de la Navidad. Los comercios adornados como política comercial, y está bien. Pero nos recuerda que está llegando la Navidad y los cristianos tenemos que prepararnos para recibir en la fe y en el amor a Jesucristo, prepararnos interiormente, porque el mejor pesebre que podemos preparar en nuestra casa es el de nuestro corazón, nuestro interior. Prepararse para que Navidad sea lo que es, fiesta cristiana, Cristo en el medio. Porque lo comercial la ha transformado en una fiesta laica, por no decir pagana, donde importa lo comercial y el encuentro y la fe quedó de lado. Invito a quienes creen en Cristo a hacer un espacio al Señor, con el deseo de que nuestra vida camine por el camino del Evangelio. Cada uno sabrá cómo, del modo en que lo entiende, pero que de corazón se intente caminar detrás de este proyecto que es el del amor de Dios que Jesucristo vivió y nos transmitió y nos invita a seguir.