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Sabido es que el mundo se enfrenta a un fenómeno de características desconocidas y, por ende, no hay una manual de instrucciones. Cada país, cada provincia e, incluso, cada ciudad, improvisa acciones y se organiza según criterios que parecen más o menos razonables.

El gobierno argentino cerró las fronteras incluso antes de decretar la cuarentena, al principio contemplando como excepciones a las repatriaciones y, luego, ya ni eso. De hecho, hay miles de argentinos varados en distintos parajes del mundo, sin poder moverse de ahí.

La ciudad de Buenos Aires, a su vez, alquiló hoteles adonde alojó a los repatriados recién llegados del extranjero, para que allí efectuaran la cuarentena, evitando de esta manera que cada cual se desplazara por su propia cuenta hasta su barrio, con los peligros que ello conlleva. Claro que la disponibilidad de recursos de CABA no es la misma que la del interior del país, como para intentar fórmulas similares.

Pasemos por un momento al otro lado del río. Este martes 31 de marzo, el diario El Telégrafo de Paysandú resaltó desde su portada que “estudiantes del Hogar Estudiantil en Montevideo debieron realizar cuarentena antes de retornar a Paysandú, tras un contacto con una persona sospechosa de tener el virus”. Es decir, las autoridades consideraron pertinente que estos jóvenes primero pasaran por un período de aislamiento y luego pudieran regresar a su ciudad y a sus casas.

Lo sucedido con estos jóvenes sanduceros obligados a quedarse a “cuarentenar” (nuevo verbo surgido por la Pandemia) antes de regresar a su Paysandú natal, contrasta con lo ocurrido con un joven entrerriano, traído por su papá desde Ezeiza a su casa en Concordia, el pasado viernes 27 de marzo.

Con independencia del irresponsable desmanejo de la información relacionada a este caso, que incluyó cataratas de posteos en las redes sociales atravesados por el miedo y hasta cierta paranoia, lo concreto sería que su papá cumplimentó un trámite legal que le permitió ingresar en auto al Aeropuerto de Ezeiza y retirar a su hijo recién llegado.

Desde la estación aérea, viajó más de 400 kilómetros hasta Concordia, y, al ingresar por el único acceso habilitado, se aplicó el protocolo de Coronavirus, con intervención de personal del Hospital Masvernat. Claro que ello sobrevino después de que, en una primera instancia, como muestran elocuentes imágenes, su vehículo fuera rodeado por un nutrido grupo de integrantes de fuerzas de seguridad y municipales –todos con barbijos comunes- que formaban parte del operativo de control frente a las Termas en horas de la noche y ya madrugada del sábado 28 de Marzo.

¿Es así como deben manejarse situaciones así, si es que hay un criterio adoptado para resolver cómo se procede con los que regresan a la Argentina y son de Entre Ríos?

En las últimas horas, y ante nuevas versiones fogoneadas tras conocerse la confirmación del primer caso de coronavirus en Concordia, no han faltado quienes se han preguntado si acaso no es contradictorio que los que viven en la ciudad -y nunca salieron del país- se les indique que se queden en sus casas, que no se desplacen, o que a muchos otros que sí pueden trabajar -porque están comprendidos en las excepciones- se les obligue a hacer decenas de kilómetros más por día por el bloqueo de tres accesos, mientras al que viene del exterior se le permite un extenso recorrido, con los contactos inevitables que ello conlleva.

Las autoridades necesitan más que nunca sentirse acompañadas por las comunidades, lo mismo que tanta gente que se está arriesgando cumpliendo su labor, como por ejemplo quienes están en los puestos de control a las ciudades, y ni hablar del personal de salud. No servirá de nada disparar críticas impiadosas. Tampoco ensañarse con el que viajó y pudo volver. Pero ello no quita que, con respeto y comprensión, interrogantes como los expuestos encuentren alguna clase de respuesta de quienes tienen el timón del barco.

El esfuerzo que está haciendo la comunidad para intentar frenar al Coronavirus es enorme. No sólo por el encierro. También por la parálisis económica que golpea a la producción y al trabajo y provoca picos de stress en el mundo de las Pymes. Vale extremar los recaudos para que tanto sacrificio no sea en vano.
Fuente: El Entre Ríos

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