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La urgencia de una educación para la paz. Otra mirada tras el juicio por el crimen de Fernando Báez Sosa

El debate oral y público y la posterior condena a los autores del homicidio de Fernando Báez Sosa, seguido de cerca por los medios masivos de comunicación, ha despertado innumerables reacciones.

 

Semanas después del fallo de primera instancia, el movimiento católico Comunión y Liberación resolvió hacer pública una mirada que va más allá del caso particular e invita al lector a profundizar respecto de los orígenes de la violencia, las limitaciones de los procesos judiciales para dar respuesta a los deseos más hondos que laten en todo corazón humano y la necesidad de trabajar desde la educación para hallar caminos para una verdadera “artesanía de la paz”.

 

“Ninguna condena devolverá a Fernando a sus padres, ninguna condena ‘volverá el tiempo atrás’, como manifestaba uno de los condenados por el hecho”, reconoce el documento al introducir el tema.

 

Luego de remarcar que “no es posible sino estar de rodillas ante el dolor inconmensurable de los padres que, habiendo criado a sus hijos, ven culminar sus días en manos de la violencia”, Comunión y Liberación ve necesario aclara que “la justicia no es venganza”. “La justicia -define- es una profunda exigencia de nuestra humanidad, es 2la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo’. Es en este sentido, y con la artesanía de la prudencia necesaria, que la justicia puede ayudar a la paz de un pueblo”.

 

Profundizando en esa línea, agrega: “Estamos llamados a emplear las herramientas adecuadas en aras de que el reo, el culpable, el condenado por un crimen, pueda ser rescatado para su propio bien, para bien de la sociedad misma de la que él es parte y de todo el tejido de relaciones afectado por el hecho del delito”.

 

El documento del movimiento fundado por el sacerdote italiano Luiggi Giussani, explica que “si no queremos caer en la extendida tentación de una sociedad maniquea, que de manera simplista e ideológica divide a los ciudadanos en ‘buenos’ y ‘malos, deseamos que estos hechos nos provoquen y cambien de manera personal y como comunidad”.

 

Enseguida invita a afrontar la pregunta por el origen de la violencia. “Todos estamos llamados a ir al fondo de esta inquietante pregunta acerca del origen de esta violencia, la que mata y la que quiere que el asesino pague con su propio cuerpo, olvidándonos a menudo de la posibilidad cierta de mal y de arrepentimiento que anida en nuestro corazón, aun cuando no hayamos asesinado a nadie”.

 

Tras esa clara admisión de que ningún ser humano está del todo exento de caer en la violencia, con independencia de si se expresa o no en el plano físico, Comunión y Liberación propone un camino: “la educación para la paz”.

 

“Advertimos -señala el documento- que el origen de la violencia, de nuestra violencia, se encuentra en el desconocimiento del valor sagrado y precioso de la persona, del ‘yo’, del ‘tú’ y de cuál es el sentido que tiene nuestro vivir. Sin el reconocimiento del valor trascedente e infinito de nuestra persona, nos encontramos destinados a basar nuestra consistencia, fuerza y valor en una ‘imagen’ de nosotros mismos y de la realidad, en la que generalmente el otro no importa, o simplemente queda reducido a nada. Valgo porque me impongo. Si no queremos continuar hundiéndonos en una escalada de divisiones, es imprescindible que seamos capaces de construir espacios de diálogo y de paz que nazcan de la conciencia de que el otro siempre es un bien para mí”, sostiene.

 

Por último, invita a poner manos a la obra en una “educación en la justicia, en la verdad, en la belleza, en la bondad. Espacios que signifiquen la presencia de una compañía humana que nos recuerde sin cesar –acompañándonos en el camino de la vida- que somos sed de totalidad, de infinito y de Amor, que somos mucho más que eso que esperamos de la realización de nuestras violentas imágenes”.

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