Aunque está radicado en Córdoba capital, ciudad que lo acobijó cuando viajó con el bolso cargado de ilusiones a los 18 años, Leandro Palladino es un auténtico producto del básquet entrerriano que supo dejar su huella en la historia de la Liga Nacional y formó parte de los inicios de la Generación Dorada.
El “Torito” se formó en el Tomás de Rocamora de Concepción del Uruguay y aunque siempre tuvo varios ofrecimientos para ser reclutado por clubes de Liga Nacional, ninguno lo sedujo más que Atenas de Córdoba, multicampeón en la década del ’90. Hacia allí marchó, para integrarse a un plantel cargado de estrellas que lideraban Marcelo Milanesio, Héctor “Pichi” Campana, Diego Osella y Fabricio Oberto.
Y si tan pronto se levantó la vara en la carrera del uruguayense, no resultó sorpresa que años después, ya instalado en el más alto nivel europeo, fuera parte de la hazaña más grande del deporte argentino, como fue el triunfo sobre Estados Unidos en la primera fase del Mundial de Indianápolis 2002.
Tras jugar un par de años más Europa y registrar algunos pasos por equipos de nuestro país, decidió retirarse a los 32 años, acuciado por algunos problemas físicos producto de una serie de lesiones. El lugar elegido fue Rocamora, su segunda casa, y ahí definitivamente pudo cerrar el círculo.
Para ahondar en su exitosa carrera y charlar sobre la actualidad, Palladino fue entrevistado el viernes por el programa DEPORTES 12 de RADIO 12 de Colón (FM 89.1 – www.radiodoce.com).
“Mi realidad es como la de gran parte de los argentinos en esta cuarentena. Estoy viviendo en Córdoba, y en estos momentos buscando nuevas alternativas para ocupar la cabeza en la etapa de aislamiento”, arrancó contando el uruguayense.
Tras alejarse de la práctica activa hace 12 años, Palladino eligió seguir ligado al básquet, pero desde otros sitios: “Hago Campus, soy representante de jugadores y tengo una empresa de indumentaria deportiva que está ligada en un 90% al básquet”, señaló. Y sobre este complicado año laboral detalló: “Tenía muchos Campus programados por distintos lugares del país, pero tuvimos que cancelar todo. Y ya estoy pensando seriamente en el mío, que se hace habitualmente en enero en Concepción del Uruguay”.
Ante la negativa a iniciar una carrera como entrenador, argumentando que “hay que nacer con eso, los técnicos tienen un carácter especial”, el subcampeón del mundo en 2002 con la Selección Argentina apostó a volcarles esos conocimientos a jugadores de inferiores. “Trato de devolver de alguna forma el cariño y el afecto que me dio el básquet y el Campus fue el canal que encontré para hacerlo. Participan chicos de entre 8 a 18 años y ninguno me vio jugar, pero los papás me conocen y confían en lo que puedo dar. Trato de retribuirles la confianza y que tengan la perspectiva de alguien al que le tocó estar en un lugar importante”, reflexionó quien en la LNB, además de Atenas, jugó en Ben Hur, Boca y Central Entrerriano.
En referencia a la parte conceptual de los Campus, subrayó: “Hoy nos sobrepasa la tecnología y el merchandising de la NBA. Los chicos están con esos productos. En los Campus uno trata de enseñarles el camino para llegar a ese producto. Ellos tienen la chance con un click de ver mucho material. Hacemos hincapié en que lo utilicen para tomar fundamentos de los mejores jugadores. Esos fundamentos son los mismos en todos lados, pero le insistimos que son la base de la formación”.
Sobre su faceta de agente de jugadores y lo que significó la cancelación de la temporada 2019/2020 admitió: “Por suerte hemos resuelto bien la situación con los clubes. Se arregló entre las partes, entendiendo la situación. Ahora estamos manejando lo que será la próxima temporada que empezaría en octubre o noviembre, con un formato distinto de calendario”.
Al mismo tiempo, el bicampeón de Liga Nacional y Liga Sudamericana con Atenas entre 1997 y 1999, detalló más aspectos de esa función: “Tengo la obligación de mirar partidos para seguir a los jugadores que tengo, observar sistemas y estar al tanto de todo. La NBA me gusta verla en Play Off y la Euroliga es mi preferida. A nivel nacional me gusta ir más a la cancha, sigo principalmente Liga Argentina y Torneo Federal”. Y acotó: “El calendario de juego mucho no me convence, soy más de lo tradicional, viernes y domingo. Pero la cuestión está estudiada y está hecha para evitar costos que los clubes hacían por demás. A veces me pasa que me pierdo algunos partidos. Y pierde mucha gente en las canchas por el streaming”.
El repaso de la carrera profesional de Palladino nos transporta al año 1994 y su llegada a Atenas, el equipo más importante de Sudamérica por esos años. “Cuando estaba en Rocamora soñaba con jugar Liga Nacional. A los 15 años ya me destacaba y había muchos equipos que me llamaban para reclutarme, pero mis viejos querían que primero termine la secundaria en Concepción y después tome la decisión que quiera. Cuando salió lo de Atenas fue muy fuerte, era el equipo del momento, y significó mucho más sacrificio y competencia interna. Se fueron dando las cosas y cuando quise acordar era un jugador importante. Me tocó estar en la época más gloriosa del básquet nacional, ser campeón de Liga, Sudamericano, Panamericano y jugar el Open Mc Donalds en Francia”, rememoró.
Precisamente en ese prestigioso encuentro, que se disputó en un puñado de oportunidades y reunía a los mejores equipos de cada continente, Atenas fue tercero y perdió agónicamente en semifinales, frente al Olympiakos griego, la chance de medirse con Chicago Bulls en la definición. “Hubiera sido histórico y soñado para los que crecimos en esa época, éramos fanáticos de ellos. Ya el hecho de tenerlos en el mismo torneo, en el hotel y de estar a segundos de enfrentarlos fue tremendo”, expresó el escolta que jugó en Reggio Calabria, Nápoles, Tau Cerámica y Novara de la Liga Italiana.
De ese torneo hay una risueña anécdota y tiene que ver con el fanatismo de aquel plantel para con Jordan. “No había celulares, fue en el año 1997, teníamos la vieja Kodak y había que tratar que la foto saliera lo mejor posible. Todos fuimos encima de Michael y en esos minutos que tuvimos me colgué de él para que no se me escapara y salió la mitad de mi cuerpo, jaja”.
El pico de la carrera de Palladino se dio en los primeros años del 2000. Consolidado en Europa y en la Selección Argentina, tras el Mundial de Indianápolis, fichó en el Tau Cerámica (hoy Vasconia) donde compartió equipo con Scola, Nocioni y Wolkowyski. “Fue un paso muy importante en mi carrera porque quería jugar en un grande de Europa”, admitió.
Sin embargo, una operación de ligamentos en una de sus rodillas luego de haberse lesionado en Nápoli un año antes, comenzó a jugarle una mala pasada. “Tuve una recuperación record para llegar al Mundial 2002, inclusive jugué antes en el Nápoli porque el equipo no andaba bien y me apuré porque tenía el alta. Eso a la larga me generó una importante merma física”, contó.
Un par de años después llegó la operación de osteocondritis y tras la recuperación tuvo un regreso fugaz a la Liga Nacional. “Lamas me ofreció empezar la temporada 2005/2006 en Ben Hur y en la segunda parte me salió lo del Novara”, reconoció, y agregó: “Al año siguiente estuve unos días en el CSKA Sofía de Bulgaria, pero no quisieron hacerme contrato por un tema de seguro debido a la lesión que había tenido”.
Los últimos años de carrera se repartieron en Central Entrerriano, Boca, Atenas y la despedida jugando en su Rocamora la Liga B. “Mi última etapa no fue al 100% físicamente y por eso decidí retirarme a los 32 años, joven. Fui un jugador físico y no disfrutaba hacerlo si no estaba bien”, sentenció.
“Rocamora es mi segunda casa, quería terminar jugando ahí, cerrando la etapa donde la había empezado. En la adolescencia pasaba muchas horas jugando en todos los rincones del club. Y además en ese equipo de Liga B compartí plantel con dos compañeros y el técnico que había tenido en el Minibásquet”, describió sobre su último torneo.
Llegando al final de la charla resulta inevitable tocar el tema Selección y el significado para su carrera: “Fue un sueño haber sido partícipe de una generación que logró todo eso en lo deportivo. Pero lo que más me quedó es la amistad con los chicos, el compromiso y los valores”. Palladino jugó diez años en la “Albiceleste”, entre juveniles y mayor, logrando el Sudamericano y el FIBA Américas en 2001, y la medalla plateada en el Mundial 2002 y los Sudamericanos 1999 y 2003.