Mirko Scattone, profesor en Ciencias Políticas de Concordia, envió una columna de opinión a El Entre Ríos respecto al debate presidencial, a la coyuntura política y dando una visión de país de cara a este 27 de octubre.
Aquí la columna completa:
Un consejo que me gustaría dar, y creo que como profesor es una de las primeras cosas que se busca enseñar ya que permite evitar confusiones, nos permite mejorar, nos ayuda a saber dónde estamos y que nos queda: empecemos a llamar a las cosas por su nombre, y no por el nombre que desearíamos que tuvieran.
Luego de rondas de debate en las cuales los distintos candidatos exponen propuestas, se interrogan, se interpelan, responden preguntas de periodistas expresando programas de acción para sus respectivos gobiernos lo que permite que el electorado tenga verdadero conocimiento sobre lo que piensa y la forma de trabajar del candidato a la presidencia, se realizan los comicios, esto es así en gran parte de los países del mundo, sin embargo, en Argentina si bien llamamos a las cosas de una manera las hacemos de otra.
Si nos detenemos a analizar, el diccionario de la Real Academia Española entiende por debate, a una controversia o disputa, a la deliberación organizada en cuerpo institucional, en una asamblea o reunión. Sin embargo esta definición no se adecua a nuestra realidad, a lo que hemos visto el domingo 13 en Santa Fe y lo que sucedió este domingo pasado en la Facultad de Derecho de Buenos Aires.
Y es en este punto donde me quiero detener, Argentina es ese país en el cual llamamos “Debate Presidencial” a una simple exposición de dos minutos por cada eje temático, en la cual se suceden dos rondas de 30 segundos para ampliar el tema desarrollado o preguntar interpelando a otro candidato, ¿Realmente alguno de ustedes piensa que se puede exponer un plan de acción sobre seguridad, inflación, desempleo, calidad institucional, federalismo, entre otros ejes temáticos tan diversos e importantísimos para la vida democrática de nuestro país en dos minutos? ¿Realmente se puede llamar a este evento “Debate” cuando no hay interpelación entre los candidatos, o cuando no se permite preguntar a periodistas? ¿Realmente alguno cree que lo que hemos visto los últimos dos domingos aporta un conocimiento certero de lo que cada dirigente político tiene en su programa de gobierno?
Si como yo, muchos de ustedes respondieron las preguntas anteriores con un “No”, entonces permítanme que les diga que el problema es aún mucho más grave del que nos imaginamos.
En su mayoría cada candidato se pasan dos minutos con un bajo nivel de análisis y de argumento, y un alto nivel de chicanas, ironías, y pases de facturas ¿Se puede tener un debate fuerte intelectual y seriamente sobre los problemas de fondo de nuestro país de esa manera?
Argentina tiene serios problemas estructurales, tenemos más del 35% de la población sumida en la pobreza, una inflación altísima que imposibilita a muchos trabajadores llegar a fin de mes, una moneda totalmente devaluada, contrajo una deuda monstruosa, una economía que hace más de 8 años que no crece, un estado con una carga tributaria que asfixia a aquel que quiere emprender o contratar trabajadores, tiene un sistema previsional quebrado, provocando que gran parte de nuestros abuelos tengan una jubilación muy por debajo de los salarios mínimos, y ante este panorama nuestra clase dirigente, o gran parte de ella, cree que es más importante una chicana o un pase de facturas, pareciera que es preferible lograr un “eslogan” o frase que se pueda convertir en trending topic en Twitter, o imagen que sirva para viralizar spots publicitarios, lamentablemente hemos asistido como televidentes a una mera propaganda política en la cual los debates sobre cómo resolver los problemas que acucian a nuestro país hace décadas, brillaron por su ausencia.
Hoy en Argentina, luego de dos debates y a menos de 4 días de la elección presidencial, no se han vislumbrado mayores propuestas, todos coinciden en mayor o menor medidas en los problemas a resolver, sin embargo no se han formulado planes de acción que tiendan a solucionarlos.
Estamos en una etapa histórica muy importante, de profundos cambios a nivel mundial, vemos conflictos políticos acaecer en América Latina y en Europa, una guerra comercial entre Estados Unidos y China, entre otros sucesos, y es en este contexto en el cual necesitamos una clase dirigente seria, comprometida, responsable, que este a la altura de las circunstancia.
Desde la vuelta de la democracia en 1983, Argentina ha vivido innumerables crisis, políticas, sociales y económicas, se han sucedido las mismas “recetas”, “formulas”, “eslóganes” pero nada cambia, la pobreza continua en niveles altísimos, la marginalidad social va en aumento, la economía no crece, no se genera trabajo genuino, y pareciera que vivimos en una espiral, siempre terminamos en la misma situación ¿No será que siempre se aplican las mismas políticas que fracasaron en la antigüedad? ¿No será que no existe un debate serio sobre el proyecto de país que queremos ser?
Seguimos llamando a las cosas por el nombre que desearíamos que tengan, en vez de enfocarnos en la verdad de nuestra realidad. Sea del color político que sea el lector, no me dejara mentir: hace un muy largo tiempo que en Argentina no se viven aires de prosperidad y crecimiento.
Históricamente desde que sancionamos nuestra Constitución, existió un tiempo, muy muy lejano allá por 1895 en el cual existía un país, llamado Argentina, que llego a ocupar el ranking número 1 de producción de PBI per cápita del mundo, esa tierra de oportunidades, era un país en el cual con aciertos y errores, existía un proyecto claro de adonde se quería ir y bajo que postulados se sustentaba el mismo. ¿Quizás allí se llamaban a las cosas por su nombre?
Cuando no llamamos a las cosas por su nombre las hacemos invisibles, las ocultamos y las desposeemos de la posibilidad de enmendarlas. Si un nombre designa una cosa y, cuando el nombre no es el adecuado se produce un sesgo cognitivo que acalla lo que realmente sucede, imposibilitando desentrañar el velo que se oculta de tras de ello. Y así en el perverso arte de no llamar a las cosas por su nombre la realidad es suplantada, por palabras que solo hacen ruido, y nos lleva a olvidar lo que realmente está en juego.
Parece mínimo, pero, si seguimos llamando Debate a algo que no lo es, permitimos que perdure en el tiempo, y en el imaginario una realidad por lo menos distorsionada. Si no comenzamos a discutir las cuestiones de fondo, hasta que no empecemos a llamar las cosas por su nombre, Argentina va a seguir sumida en esta decadencia que lo único que hace es elección tras elección, elegir candidatos que proponen soluciones mágicas, detrás de un juego de palabras “políticamente correcto” que lo único que hace es ocultar tras un manto y enmascarar las cosas, para que simplemente por un rato, los ciudadanos nos olvidemos que cada uno de ellos es responsable por acción u omisión de los que nos está pasando.
Como ciudadanía, es necesario plantearse seriamente estas cuestiones, está en cada uno de nosotros exigir a quienes nos representan que estén a la altura, y si no lo están elegir a otros, empecemos a llamar las cosas por su nombre, el debate no es debate, la chicana no es una forma de hacer debate, y este país, Argentina, no es el que supo ser.
Mirko D. Scattone
Profesor en Ciencias Políticas