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Nuevos pulsos tóxicos en Entre Ríos: científicos de la UNL explican el color rojo del arroyo cuando llueve

El Espinillo volvió a entintarse de rojo y las miradas apuntan a Crespo

Los científicos explicaron un problema y el sistema tarda en comprender su gravedad. Dijeron que, en determinados momentos muy precisos, la muerte pasa su guadaña en los arroyos y deja a su paso el tendal. Tremenda imagen. Dicho de otra forma: se parece a un escáner fatal, de las nacientes a su desembocadura, y esta semana volvió a manifestarse cuando el histórico arroyo Espinillo se pintó de rojo.

 

El Entre Ríos acompañó a un científico del Conicet para conocer, in situ, las probables razones de este episodio, que se repite en forma periódica.

 

La voz de alerta de vecinos de la localidad de Espinillo Norte, a 20 kilómetros de Paraná, y de la Red ecologista Cuenca Las Conchas, volvió la atención a los problemas de contaminación que son habituales pero asombran con la aparición de colores fuertes.

 

En el paraje que recuerda la primera gran batalla de resistencia de los entrerrianos y orientales unidos, contra una invasión porteña (mandada en 1814 para aniquilar la revolución federal), los orilleros del arroyo Espinillo difundieron fotos del curso de agua luciendo un rojo intenso, con esta expresión: “otra vez”.

 

Enterado del nuevo episodio, el investigador del Conicet Rafael Lajmanovich viajó hacia el arroyo Crespo, en cercanías de la ciudad de Crespo, porque en anteriores incursiones él y su grupo de científicos de la Universidad Nacional del Litoral -UNL-advirtieron que la contaminación del Espinillo proviene principalmente de ese pequeño afluente.

Agua oscura y espumosa en el arroyo Crespo
Agua oscura y espumosa en el arroyo Crespo

El Entre Ríos entrevistó a Lajmanovich en un camino vecinal, junto a una alcantarilla sobre el arroyo Crespo. El estado de las aguas allí, el jueves, era propio de un desagüe cloacal y con espumas, pero no tenía el color intenso que sí se constataba aguas abajo, en la intersección del arroyo Espinillo (que es el receptor), con la Ruta Nacional 18.

 

El científico forma parte de un equipo de investigadores del Laboratorio de Ecotoxicología de la UNL que está estudiando distintos arroyos de las márgenes occidental y oriental del río Paraná, con resultados inquietantes en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos. Y es miembro también, por las vecinales, del Comité de Cuenca Arroyo Las Tunas.

 

Para explicar el suceso a la vista, Lajmanovich se valió de dos palabras: pulso tóxico. Luego se remitió a un estudio reciente de su equipo, publicado en revistas internacionales. “Las fuertes lluvias pueden desencadenar pulsos episódicos de contaminación severas en cuencas agroindustriales, que amenazan la biota acuática y la salud pública”, dice el artículo científico. Se trata de pulsos cortos de contaminación asociados con las lluvias que, según los expertos, los muestreos cotidianos no registran. Este es un punto clave, y en alguna medida una novedad en cuanto al conocimiento de las cuencas. Y es que, pocas horas después de lluvias intermedias se generan condiciones excepcionales que duran un breve lapso pero barren la vida acuática a su paso. Las lluvias leves no alcanzan a remover y arrastrar sustancias acumuladas por meses, y las muy torrenciales arrasan con todo, con efectos difíciles de detectar.

Rafael Lajmanovich, del Conicet
Rafael Lajmanovich, del Conicet

Dicho de otro modo, y en base a estudios realizados en distintos casos similares: “Los eventos de lluvias intensas pueden desencadenar crecidas hidrológicas que movilizan rápidamente los contaminantes acumulados en suelos agrícolas, redes de drenaje y estanques de tratamiento de aguas residuales, generando pulsos de contaminación episódicos en cuerpos de agua receptores… con efectos ecotoxicológicos agudos, incluyendo un aumento de la mortalidad en invertebrados acuáticos y una mayor actividad disruptora endocrina” (alteraciones hormonales).

 

Por qué el rojo

 

La coloración roja del arroyo ha sido motivo de debates. Algunos estudios apuntan a “floraciones algales”, sin detalles sobre sus orígenes pero con la presunción de que se trata de hechos naturales. Otros estudios ponen el acento en los desechos que arrastran las aguas. Los investigadores de la UNL apuntan que el perfil físico químico y microbiológico del arroyo Crespo “sugiere un desborde de aguas residuales más que un fenómeno natural. Es improbable que la detección de cianobacterias como Microcystis y Oscillatoria tras la lluvia refleje una proliferación in situ, dado el corto intervalo entre la precipitación y el muestreo”.

 

Entonces, ¿qué sucede? Los científicos lo cuentan así: “Su presencia se explica de forma más plausible por la movilización y el transporte aguas abajo de poblaciones preexistentes (de cianobacterias) asociadas a sistemas de tratamiento de aguas residuales... las fuertes lluvias pueden resuspender y redistribuir la biomasa cianobacteriana, facilitando su transferencia a los cursos de agua receptores”.

 

Luego insisten: “la coloración roja, las cargas extremas de bacterias y los filamentos de cianobacterias en el arroyo Crespo sugieren una contaminación antropogénica (del hombre) causada por eventos de desbordamiento de aguas residuales”. Y algo más: “La contaminación por metales (cobre, plomo, zinc) representó un factor de riesgo ecológico adicional y altamente significativo”.

 

Demasiadas bacterias

 

Aquí un fragmento de la entrevista con el doctor Rafael Lajmanovich junto al arroyo Crespo.

 

—Rafael: ¿qué estamos viendo acá?

 

—Estamos observando un arroyo con probables residuos de alguna planta de efluentes cloacales mezclados con otro tipo de desechos, por esta gran cantidad de espuma; el olor pútrido es característico de residuos cloacales, son líquidos clasificadas como aguas negras. La espuma quizá provenga de alguna mezcla de detergentes y sustancias de alguna industria frigorífica. Tenemos dos trabajos de investigación sobre esta zona. En 2025 publicamos un trabajo desde el punto de vista bacteriológico y físico químico. Se encuentran residuos de plaguicidas, y niveles bacteriológicos que escapan a las escalas, por la impresionante cantidad de bacterias.

—Estudios en este mismo punto.

 

—Exactamente aquí hemos realizado dos investigaciones en los dos últimos años y el panorama a simple vista no cambia demasiado.

—Esto aguas abajo del parque industrial de Crespo.

 

—Aguas abajo de las lagunas de tratamiento de Crespo. Y este arroyo desemboca en el Espinillo que da al arroyo Las Conchas, y de ahí hacia el río Paraná, aguas arriba de la toma de agua de Paraná.

—Se agrega el problema de la continuidad de estos efluentes por años. No se trata de un episodio aislado.

 

—Puedo dar fe que desde 2024 hasta ahora esto está igual, supongo que años anteriores era parecido. Años recibiendo estos efluentes. Una cosa es lo que va en el agua y otra cosa es lo que se acumula en los barros. En nuestras investigaciones la potencialidad tóxica de los barros era grande. Se hicieron test de genotoxicidad y de disrupción hormonal, y dieron positivo. La mezcla de sustancias genera una contaminación que produce genotoxicidad. Esas sustancias pueden llegar al contacto de poblaciones humanas o silvestres, y desencadenar fenómenos peligrosos.

—Usted ha comparado arroyos de Entre Ríos y de Santa Fe.

 

—Tres arroyos extremadamente contaminados de este lado, el Salto, el Crespo, y el arroyo Las Tunas, y tendríamos una contaminación en espejo del lado de Santa Fe si vemos el arroyo Los Troncos, particularmente la cuenca de la cañada de Malaquías que está también muy contaminada por las industrias lácticas; son similares en la contaminación; lo que se suma en este tipo de arroyos es la contaminación con plantas de tratamiento de residuos cloacales, que no he visto tanto en Santa Fe.

—En el fondo, estamos diciendo río Paraná.

 

—Todo esto es lo que abastece el río Paraná. Son arroyitos que aportan al Paraná. Si bien es caudaloso, pero gran parte de la contaminación del río Paraná justamente empieza en la zona del Paraná medio. No es que el Paraná superior esté limpio, pero los indicadores de contaminación sobresalen a partir del Paraná medio, la gran metrópolis Paraná-Santa Fe y ni hablar Rosario, con signos de contaminación sobre todo en sus sedimentos.

 

Una sola salud

 

Las larvas de sapo puestas en el agua captada en el arroyo Crespo durante la investigación (después de una lluvia) murieron todas dentro de las 24 horas. No ocurrió lo mismo aguas abajo, en los arroyos Espinillo y Las Conchas, donde la toxicidad disminuye. Esto fue considerado por los investigadores como un fenómeno de autopurificación.

 

Para Lajmanovich, como para todo el equipo que estudia estos eventos en arroyos de Entre Ríos y Santa Fe, los resultados de estas investigaciones “refuerzan la relevancia de una perspectiva de ‘Una sola salud’”, es decir, una cosmovisión integral, en la que la salud humana no está ajena a la salud del ecosistema.

 

El artículo científico que explica el fenómeno fue publicado bajo el título “Riesgo ecológico de pulsos de efluentes inducidos por la lluvia en arroyos agroindustriales de la cuenca de Las Conchas (Sudamérica). Renacuajos de Rhinella arenarum (sapo común) como centinelas de ecotoxicidad aguda”. Y lleva las firmas de Ana Cuzziol Boccioni, Andrés Attademo, Karen Russell-White, María Verónica Lancelle, Rafael Lajmanovich y Paola Peltzer. En otros estudios similares intervinieron, con ellos. María Rosa Repetti, Cristina Zalasar, Agustina Manassero, Ayelén Muchiutti y Evelina León. Vale recordar que en algunas intervenciones de los científicos en la zona de Diamante, principalmente en estudios en el arroyo Salto, participó también Virginia Aparicio, hoy centro de un conflicto por probables censuras en el INTA.

 

Por otra parte, los especialistas detectaron la presencia elevada de herbicidas en la cuenca de Las Conchas, y así como han sugerido atender los eventos contaminantes rápidos provocados por lluvias, sostienen la necesidad de alejar a las poblaciones de las fumigaciones. En ese sentido, Lajmanovic apuntó la diferencia abismal entre un fallo reciente del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, que avaló distancias cortas (en el caso de Tierra Alta y Aldea Brasilera, en Entre Ríos); y otro fallo reciente de la Corte Suprema que se inclinó por distancias largas (caso municipio de Sastre, en Santa Fe).

Vecinos de Espinillo Norte sintetizaron sus inquietudes en un graffiti pintado junto a la alcantarilla sobre el arroyo: “Crespo: me estás matando”.

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