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Hace más de una semana que en un sector del barrio Gaucho Rivero, de Paraná, hay balaceras a cualquier hora del día. Y como muchos pensaban que iba a suceder, este lunes balearon a un joven, pero los vecinos temen que las agresiones continúen y se cobren la vida de un inocente.

Se viven horas de mucha tensión, demolieron la casa que habían ocupado los acusados y están todos expectantes para que cuanto antes intervenga la Policía y la Justicia, para pacificar la zona.

Según relataron los testigos, el conflicto comenzó a partir de que un vendedor de drogas, que ofrece la cocaína que le provee un conocido narco de Puerto Viejo, quiso instalar su negocio en una vivienda de calle Amadeo Gras, que ocuparon luego de que una enfermera que vivía allí se mudó.

Los vecinos se opusieron a que desarrolle tal actividad ilegal y, a partir del domingo 4 de febrero comenzaron los ataques con armas de fuego, en particular contra los jóvenes de una familia ubicada en la esquina de Virgen del Luján y Amadeo Gras, donde una mujer tiene un kiosco.

En esa casa tuvieron que levantar una pared de ladrillos sobre la vereda para frenar los tiros de los que pasan en motos o en un auto Peugeot y disparan a mansalva. El cabecilla es J.R., un joven de unos 26 años que cuenta con una causa federal por un allanamiento de hace más de un año, cuando le secuestraron en su casa una escasa cantidad de cocaína y marihuana.

Estuvo preso, lo excarcelaron y está a la espera de que se fije fecha para el juicio en el Tribunal Oral Federal. A su alrededor se observa a una veintena de soldaditos, muchos de ellos menores, a quienes les da droga y armas. Todos saben que el famoso narco, ya condenado, oriundo de Puerto Viejo y que despliega su negocio en toda la ciudad, es su proveedor.

Baleado, por decirle "no" a la droga


La semana pasada, Tato, un joven de 23 años, contó que la situación no daba para más, que no querían que vendieran droga en la cuadra y que eso desató el enfrentamiento. Este lunes por la tarde, alrededor de las 15, Tato caminaba cerca de la esquina, cuando se cruzó con un grupo de jóvenes armados, junto al jefe de la banda. Alcanzó a correr unos pasos y le dispararon desde unos 10 metros de distancia. Un balazo impactó en una pierna y otros dos en la otra, pero un proyectil recorrió internamente y le afectó la zona abdominal. Lo trasladaron al hospital San Martín, fue sometido a una cirugía y ya está fuera de peligro.

Cristian, hermano del joven baleado, contó: "El tema viene porque pasé por la casa de J.R. el domingo, y me quiso robar las zapatillas, no me dejo robar y me atacó con un cuchillo, tengo unos cortes en la espalda. Ocuparon una casa en un terreno y yo no le permito el paso porque gente así no da para tener. Después vino armado en un Peugeot, me tira dos tiros desde la esquina, los vecinos lo vieron tirar y desde ese domingo (4 de febrero) vienen tirando de día, de tarde, a la siesta, a la madrugada, y termina hoy (por ayer) con este evento que resulta herido mi hermano".

"Aparecen por calle Los Talas, por Gutiérrez y por Virgen del Luján, por esos puntos, eran varios que andaban con J.R. Le tiraron a mi hermano los que aparecieron por Luján, desde 10 metros", lamentó Cristian, y agregó: "Acá hay mucha gente laburadora, hay muchos chicos, hay una iglesia evangélica, esto no puede seguir así porque la va a pagar un inocente".

Muchos saben que J.R. tiene varios lugares de venta de droga en la zona, pero busca quedarse con más viviendas o ranchos para "aguantar" los estupefacientes. Como se ha visto en distintas causas federales, los narcos no desarrollan todas las actividades en un mismo lugar, sino que las tareas se compartimentan y ocupan domicilios para vender, fraccionar, almacenar, etc.

La casa del conflicto


Ayer dos mujeres se instalaron en la vivienda que viene siendo centro de conflicto desde la semana pasada, a pedido de vecinos, para que no fuera ocupada nuevamente. Pero esto no le importó a J.R., que las sacó a punta de pistola. Pocos minutos después, se produjo la agresión que terminó con el joven baleado.

Cansados de la situación y sumamente indignados, familiares y amigos de la víctima demolieron la casa. Personal policial de la comisaría novena se hizo presente en el lugar del hecho y entrevistaron a testigos. Uno de ellos tomaba nota en un celular y a Cristian le pidieron que filmara con su teléfono a los agresores al momento que le disparan con armas de fuego.

Durante la semana de balaceras llamaban al 911 pero la respuesta no era siempre la esperada. El conflicto ya tiene un herido y podría haber algún preso. Pero los vecinos piden una intervención urgente de los organismos del Estado que correspondan para pacificar la zona y sobre todo llevar oportunidades a los jóvenes, muchos de los cuales solo tienen como perspectiva ser soldadito del narco de turno.
Fuente: Diario Uno

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