Hubo un tiempo que el cielo de los ventosos días de primavera se llenaba de pandorgas. O de barriletes, si así prefiere llamárselos. O como en otras latitudes, en que se los conocía y no sé si todavía por seguir existiendo se los conoce, como cometas, chichiguas, chiringas, lechuzas, papagayos, papalotes, piscuchas, voladores y volantines.
Es que en ese entonces era común ver a los chicos primero armar la estructura de la pandorga con pedazos más o menos prolijamente cortados de falsa caña tacuara a los que se cubría con coloridos papeles, aunque los había más modestos cubiertos con papel de diario. Papel que era pegado al esqueleto de cañas con un engrudo, porque así se llamaba, que muchas veces por su uso dispendioso las terminaba "empachando" e impedidas de volar por su peso, salvo los días de viento tempestuoso.
A las que se aplicaba una cola de tiras de cualquier género, de manera de que al remontarse no se desestabilizaran y se pusieran a mover como locas hasta terminar rotas en el suelo, o con su piolín enredado en un cable de luz o de teléfono o en la rama de algún árbol. Colas de pandorga que se volvían "asesinas" cuando en su pedazo de trapo final se adosaba una "gillete", que era el nombre que entonces de les daba a las hojas de afeitar.
Pandorgas asesinas a las que se temía porque hacían posible, con su cola cortante, hicieran lo propio con el piolín de otras pandorgas pacíficas.
Estoy convencido que esos pandorgueros nada sabían del origen del adminículo y de su uso, aunque se supone que se las podía ver en el cielo desde hace casi tres mil años, ya que leyendas orientales, chinas, japonesas y tailandesas de esos tiempos pretéritos, las mencionan. Como tampoco que Marco Polo, quien las introdujo en Europa junto a los fideos, entre otras cosas, o el Día del Cometa, celebrado el 12 de mayo en los Estados Unidos.
Pero la pregunta primera sigue en pie: ¿están desapareciendo las pandorgas? Y de ser así, ¿cuál es la explicación de que ello suceda? Ya que es de esperar que los chiquilines no se hayan olvidado de ellas, entretenidos en los jueguitos con los celulares.
Fuente: El Entre Ríos (edición impresa)