Con apenas 11 años de edad y cursando el sexto grado de la escuela primaria, la concordiense Alyson Guerra logró incorporarse oficialmente a las filas del Club Atlético River Plate, institución donde hoy divide sus días entre las exigencias del entrenamiento de alto rendimiento y sus responsabilidades escolares.
Un informe de Alejandro Gorenstein para el diario La Nación cuenta que desde su temprana infancia en Concordia, Alyson demostró un vínculo inquebrantable con la pelota de fútbol. Sus primeros pasos deportivos los dio en una plaza del barrio, para luego integrarse formalmente al Club Salto Grande. Posteriormente, continuó su desarrollo en el Club Defensores del Barrio Nebel.
Su polifuncionalidad y lectura táctica del juego constituyen sus principales virtudes. Respecto a sus capacidades técnicas, la concordiense detalló: “Tengo ojos para cualquier puesto: depende del equipo y del rival, me sé acomodar donde haga falta”.
En ese sentido, amplió sobre su dinámica en las diversas categorías que le toca disputar: “Siempre miré y sigo mirando fútbol, por eso aprendí a jugar en varias posiciones. Con la categoría 2015, donde juego con chicos, salgo de lateral derecho, a veces de volante o de central. En la sub-12 femenina, suelo jugar de 9 o de extremo; y a veces le pido a la profe jugar más en el medio para ayudar a mis compañeras”.
El salto hacia el fútbol de Buenos Aires comenzó a gestarse el 12 de diciembre de 2025, fecha en la que superó una primera instancia de evaluación en la localidad bonaerense de Hurlingham, tras ser anotada por su madre en una convocatoria oficial del Club Atlético River Plate para la categoría 2015.
Para costear los gastos de traslado y estadía que demandaba la prueba futbolística, la comunidad y las familias vinculadas al Club Nebel de Concordia organizaron de forma inmediata rifas y campañas solidarias mediante transferencias virtuales. Tras superar con éxito el primer filtro junto a otras diez jóvenes, Alyson fue citada a la Capital Federal para entrenar con el plantel estable entre el 9 y el 20 de febrero de 2026.
La confirmación definitiva de su fichaje llegó luego de una semana adicional de evaluación. Al rememorar el momento exacto de la citación, Alyson expresó: “El último día, los profes llamaban a las familias una por una para dar el veredicto; los nervios eran totales cuando llamaron a mi mamá y le pidieron que me quedara una semana más. A los tres días, el teléfono volvió a sonar con la noticia más hermosa: querían que fuera, oficialmente, jugadora de River. No podía creerlo. Sentí una felicidad inexplicable porque era mi primera prueba en un club gigante y lo había logrado".
Por su parte, su madre, Flavia, recordó las dificultades iniciales del proceso selectivo y el consejo clave que le transmitió a su hija a un costado de la cancha: “Al principio, me dolió verla tan nerviosa y frustrada; se notaba en su carita que se estaba comparando con las demás y las cosas no le salían. En un descanso la llamé a un costado y, mirándola a los ojos, le pedí que soltara todo, que simplemente jugara a lo que ella ama. Cuando entendió que no tenía que demostrarle nada a nadie, su fútbol cambió por completo: se relajó, empezó a disfrutar y su talento fluyó de otra manera. Me llenó de orgullo ver cómo escuchaba cada indicación de la profe, entendiendo que el fútbol no es solo meter goles o gambetear a todas, sino saber ser parte de un equipo. Verla divertirse en esa cancha fue el momento en que supe que, pase lo que pase, ella ya había ganado“.
En la actualidad, la realidad de Alyson Guerra oscila de manera constante entre los viajes a Buenos Aires y su vida cotidiana en la provincia de Entre Ríos. Durante su permanencia en la Capital Federal, la jugadora mantiene una rutina rigurosa de corte profesional: desayuna, realiza las tareas escolares correspondientes, almuerza y se traslada a los entrenamientos en las instalaciones del club de Núñez, regresando en horas de la noche para descansar.
Cuando regresa a Concordia, el esquema de preparación no disminuye en intensidad. Asiste a la escuela por la mañana y, tras un breve descanso vespertino, asiste a las prácticas habituales, sumando de manera complementaria un turno nocturno de gimnasio para optimizar su rendimiento físico.
Más allá del rigor de los entrenamientos, la experiencia en el "Millonario" le otorgó vivencias lúdicas e institucionales en los pasillos del Estadio Monumental, donde ha logrado retratarse con numerosas figuras del plantel profesional masculino de Primera División. Respecto a estos encuentros y sus anécdotas internas, Alyson manifestó: “Vivir el día a día en River es una locura hermosa y siempre pasa algo divertido. ¡Una vez me metí sin querer en la sala de conferencias y estaban ensayando los del coro! Todos se me quedaron mirando, así que salí corriendo y me tenté de risa. También me cruzo seguido con las chicas de la Primera del femenino; nos sacamos fotos, nos empezamos a seguir en Instagram y hasta fui a verlas al clásico contra Boca en Casa Amarilla. Además, en los pasillos ya me saqué fotos con un montón de jugadores: Quintero, Meza, Driussi, Subiabre, Beltrán, Páez, Vera, Castaño, el ‘Huevo’ Acuña, Pezzella, Rivero, Díaz, Centurión, Salas, y hasta con ´El Chacho´ Coudet. Son tantos que ya ni me acuerdo de todos los nombres, pero tengo los recuerdos guardados. Ya le dije a mi papá que me tiene que imprimir todas las fotos para armarme un cuadro gigante en mi pieza".
El principal obstáculo que enfrenta el entorno familiar de la deportista se vincula de manera directa con los costos económicos que representan los constantes traslados de larga distancia. Al ser consultada sobre sus metas a largo plazo en la disciplina, la futbolista de 11 años definió sus máximos anhelos profesionales: “Primero poder seguir entrenando en River porque se nos dificulta juntar el dinero para viajar. Sueño con jugar en la Primera de River y en la Selección Argentina. Me gustaría un día jugar con Palo, Meme y Lara Esponda de la Primera de River”.
Finalmente, su madre destacó la madurez con la que Alyson asimila este presente deportivo, sin perder de vista su formación integral ni sus valores humanos: “Me genera una emoción enorme ver que es una nena madura pero que conserva su inocencia. Valora muchísimo cada esfuerzo que hacemos y no desperdicia el tiempo metido en las pantallas o el celular. Me llena de satisfacción que le guste estudiar, que tenga sus objetivos tan claros y que entienda que la vida no se termina en el fútbol, que siempre hay otros caminos. Pero lo que más me conmueve es su generosidad: sueña con llegar lejos para poder ayudar a otras nenas que hoy pasan por las mismas dificultades que le tocaron a ella. Verla practicar este deporte con tanta pasión es mi mayor orgullo”.
Fuente: La Nación