Proyecto Ánkyra

Desarrollo humano. El testimonio de Violeta y Ramón, dos estudiantes que ayudan a otros a reconocerse “personas valiosas”

Violeta Lacroze y Ramón Lagos

Él tiene 21, ella 22. Él es Ramón; ella, Violeta.

Como tantos a esa edad, son estudiantes universitarios. Él cursa Ciencias de Comportamiento. Ella es casi Licenciada en Psicología.

Los dos atravesaron una experiencia singular, que los marcó a fuego. Un buen día, asistieron a un encuentro del Proyecto Ánkyra, que los ayudó –cuentan- a reconocerse como “personas valiosas”, una percepción que, por obvia que parezca, es aún más necesaria para la vida que el aire.

Se trata de una certeza existencial que si se resquebraja o directamente desaparece sobrevienen el ahogo, la desesperación, el sinsentido, el vacío. Todo se vuelve oscuro. Por el contrario, cuando esa certeza está presente, cuando la persona se sabe valiosa y con sentido, lo demás viene por añadidura, incluida la capacidad de atravesar las pruebas más difíciles, como tan bien lo reflejó Víctor Frankl, desde su experiencia como prisionero en un campo de concentración del nazismo.

Saberse valiosos, volverse operativamente conscientes de ello, les resultó a Violeta y Ramón algo así como un nuevo nacimiento. Fue tan grande el impacto que decidieron sumarse como voluntarios para ayudar a otros adolescentes y jóvenes a que experimenten esa misma certeza fundamental.

“Este bien que buscamos hacer, en el fondo, viene de lo que nosotros experimentamos”, confiesa Ramón. “Yo me sentía apagada –recuerda Violeta-, y la experiencia Ánkyra implicó conectarme con que mi vida está hecha para algo grande, una sensación que yo había perdido. Poder recuperar eso me encendió y reavivó lugares de mí y también mi vocación, mi sentido, mi propósito”.

Violeta y Ramón describen los encuentros del “Programa Contribuir”, una de las iniciativas del Proyecto Ánkyra, como un espacio donde se puede hablar incluso de lo que suele callarse. El diálogo adquiere tal calado que ningún problema humano queda al margen. De allí que emerjan cuestiones tan complejas como los suicidios, fenómeno que ha encendido todas las alertas, en especial en provincias como Entre Ríos, con un promedio de casos muy por encima del nacional.

Lo más valioso no es solo que el tema surja y se pueda hablar con confianza y libertad, sino lo que se genera después. El poder expresar estas inquietudes y ser escuchados fomenta una "resiliencia colectiva" y procesos de “mucha sanación”.

¿Qué es Proyecto Ánkyra?
Es una iniciativa protagonizada por jóvenes que busca responder de manera creativa y a la vez profunda a la crisis de salud mental, a la fragmentación y a la desconexión, que caracterizan estos tiempos.

Ramón Lagos y Violeta Lacroze, en diálogo con Osvaldo Bodean, definieron al proyecto como una “incubadora de desarrollo humano”.

El propósito fundamental de Ánkyra es generar procesos y espacios cuidados —como retiros y experiencias inmersivas— que permitan a las personas “desarrollarse en todas las dimensiones de su ser –explicó Ramón-, reencontrarse consigo mismos, con los demás, con la naturaleza y con un sentido de trascendencia”.

Pandemia, fragmentación y desconexión
No debe ser casual que el proyecto haya nacido durante la pandemia, como respuesta a una cada vez más preocupante fragmentación social, emocional y espiritual, que deriva en una desconexión profunda en las personas.

A través de programas como "Contribuir", dirigido a estudiantes de los últimos tres años del secundario, Ánkyra ofrece una experiencia para "apagar el ruido externo" y volver a una conexión humana esencial.
Un ancla
La palabra Ánkyra proviene del griego y significa "ancla". “Al estar anclados en su propia esencia, los individuos pueden generar un impacto genuino en sus vidas y en el mundo”, explican Ramón y Violeta.

El vocablo remite también a la metáfora del barco en medio del mar; el ancla es lo que permite encontrar "tierra firme" frente a las olas y dificultades de la vida, permitiendo a la persona frenar, hacer silencio y recuperar su sentido de propósito.
Programa Contribuir
Una de las principales acciones del Proyecto Ánkyra se plasma a través del Programa Contribuir, una iniciativa diseñada específicamente para estudiantes de los últimos tres años del secundario.

“Contribuir” es una experiencia inmersiva de tres días en la que los jóvenes se retiran de su cotidianeidad para "apagar el ruido externo" y reconectarse tanto con ellos mismos, como con los demás, con la naturaleza y con un sentido de trascendencia.

El programa procura responder a lo que sus impulsores denominan “crisis silenciosa”: “una época donde los jóvenes están hiperconectados digitalmente, pero cada vez más desconectados a nivel humano”. Tal desconexión se traduce en varios indicadores estadísticos elocuentes:

• 14% jóvenes entre 10 y 19 años padece algún tipo de trastorno mental.

• 60% de adolescentes y jóvenes argentinos mencionan la depresión y la ansiedad como sensaciones recurrentes asociadas a la salud mental.

• 24% de adolescentes argentinos de 12 a 17 años apostó dinero online alguna vez.

• 25% de los jóvenes de 15 a 18 años del mundo y el 27% de los de 19 a 29 años reportan sentirse muy o bastante solos desde hace más de un año. Argentina, Bolivia y Chile lideran en América Latina.

• 58% de adultos jóvenes informaron que durante el mes anterior carecieron de "sentido/propósito" en sus vidas. 50% informó que su salud mental se vio afectada por "no saber qué hacer".

• 8h 41m tiempo diario en pantalla de jóvenes argentinos. Quinto país del mundo. 132 días al año.

La logística de Contribuir
Integrantes de Ánkyra a se acercan primero a las escuelas interesadas para presentar el programa y acompañarlas en un trayecto previo; luego, los alumnos viajan a una casa o lugar específico donde se realiza la experiencia y, finalmente, se transita una etapa de acompañamiento posterior.

Al llegar, se invita a los estudiantes a dejar sus teléfonos celulares en una caja durante los tres días. El objetivo es que la tecnología no sea la protagonista, fomentando en su lugar el encuentro humano "cara a cara". El programa utiliza el cuerpo, la música y el arte como herramientas. Procura crear un "espacio seguro" y contenedor donde los jóvenes puedan abrirse a preguntas profundas y compartir sus sufrimientos o inquietudes con total libertad y sinceridad.

Participan alumnos de diversas escuelas y puntos del país, acompañados por un adulto de su propia institución educativa. El proyecto busca la diversidad de miradas y ofrece becas o financiamiento para que el factor económico no sea una barrera para ninguna escuela.

El programa funciona como un espacio de resiliencia colectiva y sanación, permitiendo que temas complejos —como el sentido de la vida e incluso el suicidio— puedan ser expresados y escuchados.
El desafío de las “pantallas”
En el programa Contribuir, el manejo de los celulares se basa en la confianza y la libertad, más que en una imposición. Desde el primer momento en que llegan, los estudiantes son invitados a dejar sus teléfonos en una caja.

No están obligados a hacerlo. El proyecto fundamenta su enfoque en la "agencia"; es decir, cada estudiante es un “agente”: alguien que obra y tiene capacidad de obrar libre y responsablemente.

Los coordinadores les piden que confíen en la propuesta y que intenten dejar el teléfono durante los tres días que dura la experiencia inmersiva.

El objetivo es que la tecnología no sea la protagonista ni resulte invasiva, permitiendo que el foco principal sea el encuentro humano cara a cara.
La trascendencia
En el contexto del proyecto Ánkyra, la reconexión con la trascendencia se entiende como una de las cuatro dimensiones fundamentales del desarrollo humano, junto con la conexión con uno mismo, con los demás y con la naturaleza.

Significa encontrar un motivo que permita a la persona entregarse y vivir para algo más grande que sí misma. Conlleva la convicción profunda de que la propia vida es valiosa y tiene sentido.

Supone recuperar también la capacidad humana de frenar, hacer silencio y animarse a abrir preguntas profundas sobre el origen y el destino, reconociéndose como parte de algo superior.

Aunque los coordinadores no ocultan su fe católica, dejaron en claro que la trascendencia en Ánkyra es un concepto abierto a distintas convicciones religiosas y a quienes no tienen ninguna.

Es decir, la trascendencia es entendida como una característica esencial de toda persona humana, explicitada en esa búsqueda de sentido que saca al individuo de su propio aislamiento y lo vincula con algo más grande que sí mismo.

Fuente: El Entre Ríos