El clan: algo más que una biografía

<b>Una pintura de lo que somos y de lo que pareciéramos solazarnos en ser</b>

<h5>Una indispensable explicación</h5>

Lo que sigue es el resultado de la lectura de las 422 páginas del libro del periodista y escritor santafesino pero de larga radicación en Paraná, Daniel Enz, que lleva por título El Clan, con un subtítulo que, se supone, aclara que se trata de <b>La familia que se apropió del Estado, negocios, corrupción y falsedad ideológica.</b> Y si digo que este último enunciado se supone que aclara, es porque resulta innecesario hacerlo al observar la seria mirada de soslayo de Sergio Urribarri también presente en la cubierta del libro.

En apariencia esta reseña a todas luces incompleta y cargada de subjetividad (por otra parte no podía de otra forma) sobre ese texto, difiere del contenido habitual de esta columna. Pero considero de utilidad darla a conocer, en la medida en que puede contribuir a la comprensión de muchos de sus contenidos habituales.

<h5>De qué tipo de clan se trata</h5>

No se trata esta precisión de una cuestión ociosa, dado que detrás de la palabra clan se esconden muchos conceptos diferentes que van desde aquel que merece el tratamiento de la antropología cultural (hasta cierto punto la denominación actual de la vieja etnología) hasta el título, esta vez, de una película.

El clan, en su forma habitual, hace referencia a un grupo de personas unidas por lazos de parentesco y ascendencia, vinculados por la percepción de ser descendientes de un ancestro común.

Mientras que en ámbito de la cinematografía, según consta en una publicación especializada, (como El clan) se refiere a una película argentina dramática-policial de 2015, cuya historia está basada en el caso policial del Clan Puccio, que conmovió a la sociedad argentina a comienzos de los años 80. Y seguramente no la inquietud antropológica sino este tipo de casos, fue lo que movió a Enz a titular su obra como lo hizo.

<h5>La obra más que una biografía, una pintura de época</h5>

Si de esa manera la califico es porque en realidad Sergio Urribarri, más que el protagonista, es algo así como el hilo conductor de una trama, que se desenvuelve en una vasta geografía desde un Arroyo Barú mítico y un General Campos casi bucólico, hasta expandirse en una suerte de modestísimo bing bang e intenta globalizarse.

A ello debe agregarse la incorporación al relato de un sinnúmero de nombres de personajes, con lo que se llega a abrumar al lector. Es que, seguramente con la intención de tratar de contarlo todo y abarcar las cosas de la misma manera, se encuentran referencias a personas que tan solo el autor sabe el porqué de su presencia en la narración (ese es el caso del cardenal Karlic, o de la familia Etchevehere y sus integrantes, o, yendo más cerca, la mención a nuestros vecinos Roberto Valente y Eduardo Del Real).

Todo lo cual no quita que sean los personajes centrales de la zaga, además de obviamente el mismísimo Sergio Urribarri, su esposa Ana Lía Aguilera (pintada como una mujer bravía que concluye frivolizándose, sin dejar por eso de ser una madraza y a la vez una hermanaza); los hijos de ese matrimonio, Damián, Mauro, Bruno y Franco y un cuñado del ex gobernador señalado como Juampi, por ser su nombre Juan Pablo Aguilera. Presencias todas ellas que no impiden la referencia a otras que brillan con luz propia, cual es el caso de Jorge Busti, del matrimonio Kirchner y Julio De Vido. Sin dejar de computar el lugar central que ocupa en la escena un personaje en apariencia obscuro para el gran público por su bajo perfil, como es el caso de Pedro Báez, el zar urribarrista de los medios de comunicación; como al pasar se menciona un entrañable amigo de San Salvador, tal el caso de José Luis Galván. Al mismo tiempo puede observarse la ascendente estrella de otro grupo, la familia Smaldone, que con el padre como integrante del Superior Tribunal, un hijo en la estratégica presidencia del Tribunal de Cuentas (ente que revisa, o deja de hacerlo, los números del gobierno) y otros familiares con colocaciones oficiales, llegaron a ocupar un lugar importante en el núcleo del entramado urribarrista. Todo ello para citar algunos nombres, entre los que se encuentra el de Claudia Mizawak a quien no deja bien parada, hoy presidenta del Superior Tribunal de Justicia. La misma terminó recalando en ese Tribunal luego de ser abogada de Busti y después de Urribarri, mientras su esposo se convertía en ministro provincial y se daría el caso de sociedades integradas por ella, su padre y su marido que en la ciudad de Buenos Aires tienen el mismo domicilio de lo que se supone es una lista de otras sociedades con las que fantasean los Urribarri, en una suerte de casual connubio.

<h5>El relato mejor logrado del libro</h5>

No puedo resistirme a la transcripción de lo que considero el texto que cala más hondo de todo lo que escribe el autor. Es cuando, poco después de comenzar (pag.29/30 ), refiere:

<i>¿Voy directo a Concordia? - le preguntó su fiel chofer, Héctor Ducasse, con quien tenía una relación de varios años y era alguien de suma confianza.

Busti ni respondió). Solamente hizo el movimiento afirmativo con la cabeza, sin dejar de levantar la vista de los papeles.

El Negro Ducasse: esperó algunos minutos, se acomodó los anteojos y volvió a interrumpir.

-Jorge, te estás olvidando de algo. Por eso pregunto

-Olvidando de qué?

-De que estábamos invitados a cenar en la casa del muchacho de General Campos, que está al frente de la comuna.

-Uhh, es verdad. Paremos en algún lado y avisále que pasamos por aIIí, pero no a cenar, porque no quiero llegar tarde a mi casa.

Ducasse detuvo el auto en proximidades de VilIaguay, tomó inmenso teléfono celular de Movicom que se había instalado en el vehículo semanas antes y acordó el encuentro. Busti había bajado al baño y cuando regresó se encontró con la novedad.

-Jorge, dice Urribarri que ya empieza a preparar pollitos a la parrilla que tenía previsto. Que comen temprano. Que a Ias 19 ya está Iista Ia cena, pero que lo dejes agasajarte porque dice te vas a "rechupar los dedos". Quiere sumar puntos el muchacho. . .

Busti puteó unos segundos, pero se dio cuenta que no le quedaba otra. "Cristina me va a matar", alcanzó a decir en referencia su esposa.

Llegaron cerca de las 18.45 a la humilde casa del Instituto de la Vivienda, en el barrio social encarado por el IAPV en la pequeña localidad de General Campos. Urribarri Io esperaba en la puerta con su mujer Ana Lía Aguilera y los cuatro chicos: Sergio Damián, Mauro, Bruno y Franquito, que aun no había cumplido un año de vida. Los dos primeros lo miraron sorprendidos a Busti, que apenas tenía 40 años, pero no dijeron nada. "SaIudenló al gobernador de Entre Ríos; no sean desatentos", les dijo la mujer de Urribarri a los pequeños, pero estos siguieron en la misma y jugaron un rato más a la pelota en la puerta de la casita. El último en Ilegar fue un gurrumín, descalzo y con ropa casi destruida.

-¿Y él quién es? -preguntó Busti.

-El es mi hermanito más chico, doctor. Es el Juampi contestó Ana Lía.

Juan Pablo Aguilera apenas tenía 12 años, pero ya tenía la imagen del pibe pícaro, con cara de poco estudio y demasiado callejero. Busti le acarició la cabeza de pelo chuzo y despeinado, y continuó por la casa.

-Venga a ver gobernador los pollitos que le estoy haciendo -dijo Sergio Daniel Urribarri y lo llevó hasta el patio.

Busti se sorprendió cuando observó la parrillita puesta sobre la tierra en un rincón del patio, con unos pocos ladrillos. "Ahh, ya prácticamente están listos", comentó rápidamente.

-Si, tal como le dije. La cocina es mi fuerte y más aun la parrilla.

Busti no estuvo más de 50 minutos con la familia Urribarri. Saludó a cada uno y Ie pidió aI anfitrión que lo acompañara hasta el auto. "He decidido que vas a ser el precandidato a diputado provincial por el departamento Concordia, así que empezá a prepararte. No se pueden cometer errores", Ie dijo el gobernador.

"Me emociona doctor. No me esperaba semejante halago", le dijo, mientras se secaba algunas lágrimas y le hacía un gesto de complicidad a su mujer, que lo observaba atentamente desde la puerta de chapa da la casa.</i>

Es que en ese fragmento se muestra, de una manera indirecta, la consagración de tiempo completo de Jorge Busti a su rol de político; la aparente cordialidad, casi servil del cocinero, y una situación familiar que estaba poco más que encima de la línea de pobreza, que contrasta con la actual de opulencia, en una parábola vital en que a Urribarri se creyó verlo no haciendo otra cosa que ir escalando posiciones en la función pública.

<h5>Construyendo un perfil</h5>

En el libro se trata (ignoro si lo es de forma deliberada) de ningunear a Urribarri como persona. Dejando de lado el fuerte apego que se reconoce no solo con sus hijos, sino con el círculo ampliado de sus hermanos, y la calidad de socia, que inclusive se sugiere en una posición superior a la suya, con la que se hace referencia a su esposa, mientras se maltrata su imagen de distinta forma. Se lo trata poco menos que de un ignorante despreocupado de todo lo que no sean sus obsesiones, en las que un ansia cada vez menos disimulada de poder, de consumista obsesivo y, hasta cierto punto y de una forma velada, ostentoso, pareciera, por otro lado, no encontrársele merito alguno. Así duda al momento de preguntarse si el cuasi biografiado leyó alguna vez un libro, se lo muestra incapaz por incuria u otra causa de terminar de cursar la carrera de contador; se señala su desinterés oculto acerca de temas como el de los derechos humanos y el de la preservación del medio ambiente.

De esa manera, atendiendo a lo que sería su interés por los negocios vinculados con el futbol profesional, sus incursiones imprecisas en el ámbito empresario, la denunciada propensión imitada de las viejas monarquías a no distinguir entre su patrimonio personal y el estatal, se hace presente una imagen polifacética en la que se combinarían rasgos de Boudou, con otros de Jaime, salpicados con un poquísimo de Scioli, y una casi imperceptible gota de Aníbal Fernández.

Nos encontraríamos así ante la contracara del clan, en la construcción de un personaje, en el que se combinan actitudes, valores y comportamientos de todos esos personajes.

En cuanto a lo que hizo Urribarri a lo largo de los años, para explicarlo basta con hacer referencia a lo que hizo durante casi las mismas décadas, el otro clan, cual es el de los Kirchner. Aunque lo hizo a su manera, y sin que la azarosa estrella que lo guiaba le permitiera volar tan alto.

<h5>Acotaciones indispensables</h5>

Si como creo la historia no es lo mismo que el relato, aquí nos encontraríamos con uno de estos últimos. Pero que de cualquier manera viene a efectuar lo que es una imprecisa descripción de lo que el imaginario social considera que ocurrió, en lo que sería un lugar intermedio entre la leyenda y la historia.

Algo que nos lleva a preguntarnos el por qué Urribarri y su troupe no reaccionaron ante imputaciones, imputaciones a medias e imputaciones encubiertas, buscando la forma de llevar al autor del libro a los estrados judiciales, de manera que asuma las responsabilidades que le quepan por lo que suena a tanta infamia, de no ser todo ello cierto.

Al mismo tiempo que preguntarnos si no es una demostración de lo que somos como cuerpo social, el que el ahora silencioso Urribarri siga siendo el político con mayor peso en nuestra provincia.