Parrilla Los Talas

En un rincón del Conurbano, se levanta un verdadero imperio de las carnes con sabor bien entrerriano

En algún punto de la continuación de Márquez hacia el otro lado de la Panamericana se empiezan a amontonar los autos -desde viejos y destartalados hasta caros e importados-, los trapitos y los grupos de amigos, parejas y familias con abuelos, chicos y cochecitos de bebés, que esperan en la calle hasta ser llamados por micrófono para conseguir una preciada porción.

Los Talas del Entrerriano es antigourmet por donde se lo mire: mesas comunitarias y sin mantel, barullo constante, tablitas de madera, gaseosas de litro, sifones de soda y una obscena exhibición de carnes asándose de manera constante. Pura tradición criolla a las brasas.

Para conocer al alma mater -el mismísimo entrerriano que vendía choripanes a la sombra de un tala apenas llegado del pueblo Lucas González-, hay que ir el fin de semana. Don Oscar Bopp, un gaucho con bombacha de campo, facón y boina, que parece recién bajado del caballo, tiene trato familiar con sus empleados y detalla el currículum de cada uno: "Este pibe es de Chaco, venía a pedir, empezó a hacer changas y ahora es parrillero". A los clientes que se van, los saluda con una palmada en el hombro.

Le gusta mostrar una foto suya en medio de una rueda de lechones. Fue para la Navidad del 92, llegó a empalar 308 lechones en un día. Además de ese récord, lo enorgullece un pilón de leña de ñandubay amontonada en el patio, lo único que importan desde su Entre Ríos natal.

Hoy son varios los talas que sombrean el predio, que ocupa casi una manzana y tiene clima de bingo. Su nieta, Tamara, y su hijo, Raúl, llevan adelante el negocio, sin perder la humildad. Pese a la cantidad industrial de comida y las 550 bocas que hay que llenar, todo funciona aceitadamente y la amabilidad es una constante.

El chorizo de cerdo y la morcilla son hechos en casa, pero la estrella es el lechón. Lo cocinan cuatro horas a fuego lento. Se puede pedir para llevar, entero o trozado. Algunos vienen sólo por la cabeza del animal. El vacío y el matambre son otras perlitas.

En la barra, el servicio es más ágil y se pueden pedir los mismos cortes en sándwich. Para acompañar, hay ensaladas varias y papas fritas. Los postres entonan con el menú: tarantela, frutillas con crema, queso y dulce, y hasta un digestivo clericó.

Los Talas del Entrerriano está ubicado en Av. Brigadier Gral. Juan Manuel de Rosas 1391, en José León Suárez. T: 4729-8527. Trabajan sólo con efectivo y débito. De miércoles a lunes, al mediodía. Viernes y sábado, también están a la noche y los martes está cerrado.

Por José León Suárez

Fuente: La Nación - El Entre Ríos