No habían pasado ni cinco minutos tras el final del alargue y el triunfo de Argentina ante Suiza por 3 a 1 cuando ya empezaron a sonar las bocinas. La angustia, el sufrimiento, las tensiones, dieron paso a la alegría, la fiesta, el desahogo, la euforia.
Miles de concordienses ganaron las calles y se concentraron especialmente en la plaza 25 de mayo, alrededor del monumento a San Martín, con banderas, redoblantes, camisetas argentinas y todo aquello que pudiera servir para exteriorizar la alegría y la pertenencia.
Las especulaciones respecto de si se jugó bien o mal quedarán para después. Las expectativas por lo que vendrá, también. Lo primero e inmediato fue celebrar que nuevamente la Argentina quedó entre las mejores cuatro selecciones del mundo.
Fuente: El Entre Ríos