Ilusión

Cayó casi desde el cielo. Estábamos todos en la fiesta y de la nada aparece este chico y nos ofrece algo que si lo contáramos como un chiste sería perfectamente creíble. El sueño de la batería “propia” no es solo del baterista del grupo, sino de todo el grupo en sí: tener una batería significa existir, tanto como banda o como grupo de amigos que tocan, significa tener un lugar donde juntarse o pertenecer a alguna parte (ya que el hecho de que X persona tenga batería implica que toda la banda toque ahí), y por ende, no gastar infinidad de dinero en salas de ensayo. Y ni hablar del cambio de sonido y lo que representa musicalmente la percusión: no es lo mismo juntarte a tocar la guitarra con un bajista o con otro guitarrista a juntarte con un baterista. <b>La batería le da energía a lo que toques, marca el tiempo, es la identidad en sí</b>.

Y las razones que nos explicó el chico fueron completamente válidas y creíbles: el estudia en otra ciudad y la batería de su casa iba a quedar ahí, así que para que no se arruine por la falta de uso pensó en alguien para que se la cuide que toque la batería, sea bueno en ello y nunca haya tenido una. Así que cuando nos encontró, a las seis de la mañana en el boliche, nos lo contó por el simple hecho que no nos iba a ver más hasta dentro de dos años, y pensó en nuestro baterista.

Inmediatamente se construyó un mundo sobre eso: la oportunidad de por fin tener un instrumento, y lo que podría ser el inicio de armar la banda que todos queremos y que por cuestiones económicas no podemos. Así que todo el viaje de vuelta y el día siguiente nos quedamos planificando todas las cosas, lo que podría pasar, <b>y que no se nos podía escapar esto</b>.

Bien, todo muy lindo. ¿Pero donde la metemos? Uno vive en un departamento y no tiene lugar ni a palos, el otro vive lejos y no tiene mucho espacio en la casa, aparte no tiene como llevar una batería de una punta de la ciudad a la otra, y yo tengo lugar pero ninguno más o menos apto para hacerlo sala de ensayo: el galpón del fondo está completamente derruido y su techo está lleno de agujeros, y el garaje está a la vista y es más que probable que nos terminen robando todo. Pero dijimos que no se nos puede escapar esta oportunidad, <b>así que estamos completamente dispuestos a limpiar y arreglar todo lo que se pueda y sea necesario</b>, porque tenemos las ganas intactas de tener una banda, desde hace 6 años. Así que si le ponemos ganas todo es posible, obviamente.

Pasaron dos días ya y todavía no respondió el mensaje que le enviamos preguntándole por dónde la pasamos a buscar y cómo hacemos. <b>Y en los momentos así te das cuenta lo feo que es ilusionarse con algo, pero que es imposible evitarlo</b>. ¿Cómo vamos a evitar ilusionarnos con algo así, si es lo que siempre quisimos? <b>Cuando uno desea algo con todo el corazón, transforma en ilusión cualquier mínimo indicio de que se vaya a lograr, por más improbable que sea</b>. Por ejemplo: yo no deseo la última remera de Argentina, es linda sí, pero no me muero de ganas de tenerla. “Ni me va ni me viene”, como se dice a veces. Si viene un tipo y me dice que por alguna razón me va a regalar la suya, no le creo, es irreal, aunque le seguiría la corriente por las dudas. Quizás termine siendo verdad, pero no me ilusionaría, ni siquiera me emocionaría. Me daría lo mismo, porque es imposible. ¿Por qué me la va a regalar a mí si apenas me conoce? ¿No tiene otro amigo con el que tenga más confianza para regalársela?

Con las cosas que queremos pasa todo lo contrario. ¿Por qué podría salir Vélez campeón de la Libertadores el año que viene? Estamos hasta el cuello de deudas, vendemos jugadores importantísimos y la plata desaparece, no compramos a nadie, no tenemos un Marcelo Tinelli que ponga millonadas de dólares para comprar figuras, no tenemos nada. <b>Pero la ilusión sigue ahí, no hay con qué darle</b>. Porque existe la mínima posibilidad de que en el grupo nos toque contra equipos malos, o que los pibes terminen jugando como los grandes, y terminemos ahí arriba. ¿Hay algo en concreto que me impida ilusionarme con esto? No, no hay nada que lo refute, por más improbable que parezca, y por eso mantengo la ilusión. Y del mismo modo, ¿Estoy ilusionado con que la Universidad San Martín de Porres de Perú gane la Libertadores? No, porque no me importa, no quiero. ¿Hay algo en concreto que impida que este equipo gane la copa? Para nada, existe esa mínima posibilidad de que la ganen. Pero cuando no deseamos algo, la ilusión no existe.

<b>La esperanza sigue presente a cada momento, hasta que pase algo que nos demuestre que es perfectamente imposible que lo que queremos suceda</b>. Hasta que el árbitro no pite el final del partido no voy a dar a Vélez como eliminado, aunque vaya el minuto 94 y vayamos perdiendo 3-0 en la altura de Bolivia. Hasta que no venga ese chico y nos diga que lo de la batería fue mentira, o que se la llevó a Rosario, o que explotó y no existe más, no vamos a dejar de estar ilusionados, y vamos a hacer todo lo que esté al alcance para hacer esto realidad. Porque esta ilusión fue antes un deseo, y ese deseo estuvo presente durante años. Lo que nos dijo esta persona abrió las puertas para transformar un deseo en realidad, y hasta que no veamos el picaporte cerrar no vamos a perder esta oportunidad. Porque tal como en la caja de Pandora, la esperanza es lo último que se pierde.