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La Cámpora y el Massismo manejan las cajas publicitarias más grandes del Estado

El mes pasado, el periodista entrerriano José Crettaz publicó un informe que daba cuenta de la enorme caja publicitaria que maneja La Cámpora. Y esta semana, sumó a esa lista la jugosa partida de publicidad en medios que gastó la mujer de Sergio Massa, Malena Galmarini, como titular de la empresa estatal de agua, Aysa. En un país en crisis, con inflación irrefrenable y pérdida de poder adquisitivo, las cifras suenan escandalosas.

La Cámpora, dueña de la publicidad estatal
En 2013, el evento “DataFest” dedicado a potenciar el Periodismo de Datos que organizaban el diario La Nación y la Universidad Austral, reunió en una misma mesa a un grupo de periodistas, programadores y diseñadores que se abocaron a trabajar sobre la distribución de la publicidad oficial. Desde entonces, el periodista entrerriano José Crettaz (ex La Nación y actual Director de las Carreras de Comunicación de UADE) ha seguido la ruta del dinero de publicidad oficial de una manera rigurosa y constante.

En esa línea de trabajo, el mes pasado difundió un informe que daba cuenta de la enorme masa de dinero en Publicidad oficial que administran las diferentes empresas estatales y organismos oficiales que están bajo la conducción de referentes de La Cámpora. La escandalosa cifra que logró reconstruir José Crettaz da cuenta de una caja de alrededor de 8000 millones de pesos que la agrupación liderada por Máximo Kirchner maneja, solamente para invertir en publicidad.

Como explica Crettaz “Esa cifra (de 8 mil millones) surge de la suma del gasto (en publicidad) de la petrolera YPF, AR$ 6000 millones; la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), AR$ 820 millones; los municipios, AR$ 450 millones; el Correo Argentino, AR$ 713 millones; el PAMI, AR$ 244 millones, y Aerolíneas Argentinas, que no informa el gasto amparándose en el secreto comercial”, se lee en el reporte periodístico.
La caja de la mujer de Massa
En línea con estas cifras millonarias que parecen difíciles de representar para comerciantes, trabajadores y desocupados que pelean para llegar a fin de mes, también el Massismo cuenta con abultadas cajas publicitarias bajo su ala. En este caso, el periodista José Crettaz reveló esta semana en ConverCom.info que Malena Galmarini, la esposa del flamante Ministro de Economía Sergio Massa, dispone de una generosa caja de unos $260 millones que gastará en prensa y comunicación de la empresa estatal de agua, Aysa, durante 2022. La cifra representa un incremento de más de un 100% respecto a lo que se gastó en publicidad durante el año 2021.

Para el año que terminó, la cifra había sido de 121 millones de pesos invertidos en acciones relacionadas a comunicación y publicidad. Una partida que se maneja de forma discrecional, sin ningún marco que la regule, y bajo la decisión directa de las autoridades del organismo que deciden en qué medios, a qué periodistas y a qué consultoras contratar.

Un dato no menor: el que secunda a Malena Galmarini en el directorio de Aysa es el arquitecto Martín Reibel Maier, hermano de Hernán, vocero de la vicepresidenta Cristina Kirchner, y ex compañero de colegio del diputado nacional Máximo Kirchner.
La oscura Pauta Oficial
Estos ejemplos también permiten dar cuenta de una dinámica en la política que no sigue necesariamente las versiones oficiales de peleas internas en la coalición de gobierno. Mientras en la superficie parece haber fuertes disputas internas, a la hora de repartir las cajas de la política no parece haber tantas diferencias.

Estos casos parecen ser dos grandes ejemplos de lo que ocurre con la publicidad oficial: partidas millonarias a merced de los funcionarios de turno para que manejen esos fondos a su antojo, sin rendición de cuentas ni parámetro alguno sobre el destino del gasto.

La situación se mantiene de este modo desde hace años y en todos los niveles de gobierno. Son contados con los dedos de una mano los casos de Municipios o Gobiernos provinciales que han avanzado en mecanismos de regulación de la publicidad oficial, de manera de poner límite al gasto discrecional.

Y mientras esto pasa y la política se disputa estos “tesoros”, la realidad es que la falta de regulación en la distribución de la publicidad oficial hace estragos en los medios chicos y del interior que intentan sobrevivir con escasos recursos, sin posibilidad real de “morder” ni un pedacito de la fastuosa torta de publicidad oficial.