Hace unas semanas, las escuelas activábamos todo tipo de protocolos de seguridad para garantizar el cuidado de los estudiantes. Con ello, queríamos llevar tranquilidad a las familias de todos los actores institucionales: educandos, docentes y no docentes.
Por Lic. Prof. Adrián Romero
Hace unas semanas, las fuerzas de seguridad ingresaban al templo académico para verificar los escritos amenazantes en baños o aulas. Las miradas atónitas salían del lugar donde se celebraba la clase y hacían foco en los movimientos de los agentes externos.
Hace unas semanas, quedaba grabado en la historia de la educación un acontecimiento tan doloroso como alarmante: estudiantes que ingresaron al ámbito del saber portando armas y, como consecuencia, la muerte de uno de los protagonistas fundamentales de la educación secundaria en la ciudad donde la fe no parecía ser tan santa.
Hace unas horas, se reenviaba por redes una filmación de un grupo de adolescentes que se acomodaba en sus mesas y sillas mientras una profesora, quien tiene la tarea de rectorar, esperaba pacientemente la organización del grupo para poder dirigir una reflexión sobre conductas repetitivas que incomodaban a sus colegas y que, seguramente, también afectaban a aquellos compañeros que sostenían un genuino deseo de aprender.
Hace unas horas, se cuestiona el actuar de la dirigente no solo por la manera en que desplazó la mesa utilizando su tren inferior, sino también por el léxico y por el tono de su discurso.
Hace algunas horas, una docente con autoridad de estado intenta poner límites y respeto para llegar a una convivencia escolar educativa, académica y armónica.
Hace algunas horas y hace algunas semanas, la escuela se blindaba para proteger a los educandos.
Hace algunas horas y hace algunas semanas, la escuela es cuestionada por ser educadora.
Hace algunas horas y semanas, la escuela tiene una misión y visión. La primera, fomentar el pensamiento crítico, el aprendizaje permanente y la práctica de valores éticos y morales. La segunda, formar individuos íntegros, conscientes de su entorno, comprometidos con el desarrollo sostenible y capaces de generar cambios positivos en su comunidad.
Hace algunos años que la escuela es cuestionada por no hacer nada y por hacer todo.
Hace algunos cuantos años, la escuela sigue enseñando y sigue aprendiendo Hace algunos pocos años, la escuela sigue en la mira por ser lugar de expresión social donde todo se manifiesta.
Hace ya algunos —pocos y muchos— años, la escuela continúa siendo educadora en el sentido más pleno de la palabra: nutriendo de conocimientos y ayudando a extraer, de lo más profundo de cada ser, los talentos y habilidades que esperan ser potenciados.
Hace unas semanas, la educación era sostenida por la autoridad de un protocolo y agentes de seguridad.
Hace unas horas, la educación es sostenida por un directivo que, con autoridad, marca límites y normas, protegiendo derechos y obligaciones.
Hace algunas semanas y algunas horas, la educación escolar vuelve a ser puesta en tela de juicio en distintos ámbitos de la sociedad.
Hace algunas horas, a la escuela se le exigen respuestas y responsabilidades heredadas de un contexto atravesado por la impaciencia y la ansiedad.
Hace semanas, horas y minutos que la escuela cede espacios destinados al aprendizaje individual para dar lugar a querellas contextuales y resolver vínculos grupales.
En definitiva, más allá de las semanas y las horas, la escuela continúa siendo el lugar donde la educación se hace concreta, donde se sigue formando humanidad aun en tiempos en los que, muchas veces, pareciera diluirse el valor de lo humano.
En definitiva, la escuela sigue siendo el espacio en el que la autoridad está presente no para imponerse, sino para acompañar y orientar; no para exigir obediencia ciega, sino para formar sujetos con autonomía, pensamiento crítico y claridad de criterio.
En definitiva, la escuela es el lugar del límite que educa y de la disciplina que orienta; un espacio donde el aprendizaje verdadero exige escucha, reconocimiento y esfuerzo.
En definitiva, la escuela siempre estuvo, está y estará en la mira, precisamente porque es allí donde nacen las preguntas, se tensionan las realidades y se construyen nuevas miradas. Porque, aun en medio de las crisis, los cuestionamientos y las contradicciones de cada tiempo, la escuela continúa siendo uno de los últimos territorios donde la sociedad todavía se piensa, se discute, se transforma y se proyecta hacia el futuro.