Economía y política

La vuelta al mercado (no tan) voluntario de deuda

La Secretaría de Finanzas anunció la colocación de mil millones de dólares en un nuevo Bonar 2029, un título de deuda soberana a cuatro años, con tasa de 6,5% y rendimiento de 9,26% (se colocó a un precio por debajo del valor par). La colocación cubre la mayor parte de los pagos de capital e interés que el 9 de enero deberá hacer el Tesoro sobre la deuda en dólares emitida en el mercado local.

Los méritos macroeconómicos de la administración Milei fueron la llave para hacer caer el riesgo-país desde niveles estratosféricos hasta la zona de 6%, donde se ha estacionado desde hace un tiempo. No sigue bajando porque Argentina no tiene un acceso fluido al mercado de deuda, ni su Banco Central ha acumulado un número suficiente de reservas netas, ni su Tesoro ha logrado comprar un monto relevante de dólares en el mercado de cambios. Sin refinanciación y sin dólares, es lógico que los inversores extranjeros mantengan dudas respecto de la capacidad de pago de Argentina.

La colocación del Bonar 2029 es una pequeña ventana que se abre para comenzar a despejar esas dudas. Con todo, la noticia fue más celebrada por el Gobierno que por el mercado, porque en la práctica un grupo de compradores recibió un incentivo que no es común a todo el mercado. Por eso, el precio de los restantes bonos en dólares bajó, a pesar de la emisión.

La realidad es que la transacción fue rara. ¿Quién compraría libremente un título de mayor plazo a un precio mayor al precio de mercado? La transacción fue exitosa porque se permitió a las compañías de seguros endeudarse para comprar el título. Apalancarse aumenta el rendimiento de la transacción completa (se pone menos capital que el valor nominal) por encima del rendimiento de los otros bonos. Para cualquiera, apalancarse aumentaría el riesgo de precio, pero las aseguradoras podrán contabilizar el título a devengamiento y no reflejar sus cambios de precio.

Lo importante es que hubo una emisión, y probablemente en breve haya otra para cubrir los vencimientos de los bonos emitidos en el exterior, por alrededor de 2.300 millones de dólares. Esa tampoco será una operación pura de mercado, que realmente signifique la vuelta al mercado voluntario de deuda. Cabría preguntarse si no hubiera sido mejor, o más convincente, aceptar el mayor rendimiento – el rendimiento de mercado – y ahorrarse las rarezas. No hay una respuesta única, y la Secretaría de Finanzas tendrá sus razones para haber contestado de manera negativa.

La emisión del Bonar 2029 y la probable colocación en el exterior son buenas señales, que van en la dirección correcta de conseguir los recursos para hacer frente a los pagos sin diezmar las reservas del Banco Central. Para el pago del 9 de enero, el refinanciamiento de mercado habrá sido logrado con fórceps. Difícilmente la fórmula funcione cuando llegue el siguiente vencimiento grande, en julio de 2026.

En ese momento, sería conveniente emitir un bono con reales condiciones de mercado, y que el mercado acepte comprarlo de manera realmente voluntaria. De no ser posible, habrá que resignarse a aceptar el costo de cumplir y salir a comprar dólares en el mercado de cambios. Si queremos cumplir, no habrá muchos más conejos para sacar de la galera.

Fuente: El Entre Ríos