Cada uno de los templos cristianos de todo el mundo acaba de ser escenario de la celebración central de la fe: la Resurrección de Cristo. Concordia no fue la excepción.
En cada parroquia de las barriadas lo mismo que en las ubicadas en zona céntrica, se vivió este sábado por la noche la Vigilia Pascual, una ceremonia llena de signos que refuerzan la centralidad de Cristo Resucitado como fuente de Salvación.
En la Catedral San Antonio de Padua, el Presbítero José Luis Bogado incluyó en su Homilía un llamado al compromiso con la realidad y especialmente con quienes más sufren, pero no como un esfuerzo voluntarista sino como una consecuencia de la novedad Pascual.
“Concordia sabe de tumbas: la tumba de la desocupación, que quita dignidad y futuro; la tumba de la crispación y la violencia, que rompe vínculos; la tumba de las drogas, que devoran a nuestros jóvenes; la tumba de las injusticias, que parecen más normales cada vez, pero no lo son”, remarcó Bogado.
Y prosiguió: “Pero esta noche la fe nos dice algo decisivo: Cristo no se quedó en la tumba, y tampoco se fue lejos de nuestra realidad. Se quedó en el Pan. Se quedó en la comunidad. Se quedó en cada hermano herido”.
De inmediato, puso foco en que “la Pascua nos desafía”: “Ya no es solo: cuánto dolor hay. La cuestión es: ¿dónde estamos dejando que Cristo resucitado actúe a través nuestro?”
Fue en tal contexto que insistió con la misión: “Que al salir de esta Vigilia no volvamos iguales. Que Concordia pueda reconocer que Cristo vive porque hay comunidades que se reúnen, se alimentan de Él y salen a servir con esperanza, es decir manos que levantan al caído, familias que no se resignan a la violencia, comunidades que no abandonan a los jóvenes, cristianos que eligen la justicia aun cuando cuesta, cristianos que abrazan a los ancianos y no los descartan”.
Y concluyó: “La Resurrección empieza cuando dejamos de decir "no se puede hacer nada" y empezamos a vivir como personas que creen que Dios sigue actuando. Porque si Cristo resucitó y se quedó con nosotros, siempre hay esperanza, y siempre vale la pena seguir creyendo, luchando y amando”.
Aquí, la Homilía completa:
Del Cristo Roto al Cristo Vivo que se queda con nosotros."No está aquí. Ha resucitado” (Mt 28,6)
Hermanos y hermanas:
Venimos de recorrer un camino. No solo el de esta noche, sino el de todo el Triduo Pascual.
El jueves nos sentamos a la mesa con Jesús. Ayer, viernes, caminamos con el Cristo Roto por el Vía Crucis.
Hoy, en esta noche santa, escuchamos el anuncio que lo cambia todo: "No está aquí. Ha resucitado.
Nada de esto está separado. La Pascua no se entiende sin la cruz.
Y la cruz no se sostiene sin el amor que se nos regaló en la Eucaristía El Jueves Santo celebramos algo inmenso: Jesús se quedó con nosotros. No solo nos dejó un recuerdo, sino su presencia viva.
Se hizo pan partido, cuerpo entregado, sangre derramada. Ahí ya estaba anticipada la cruz... y también la Resurrección.
Por eso, cuando en el Vía Crucis contemplamos al Cristo Roto, no mirábamos a un Cristo ausente, mirábamos al mismo Jesús que dijo: "Esto es mi cuerpo, entregado por ustedes".
El Evangelio de esta noche nos habla de mujeres que van al sepulcro de madrugada. Van con miedo, con tristeza, con el corazón cargado. Van a buscar un cuerpo roto. Van como muchas veces vamos nosotros: cansados, golpeados, sin entender del todo.
Y se encuentran con una tumba vacía. "No está aquí".
Pero atención. Jesús no desapareció. Jesús cambió su modo de estar.
El que no está en el sepulcro es el mismo que está presente en la Eucaristía, el mismo que camina con su pueblo, el mismo que se hace cercano en cada historia herida.
También nosotros llegamos esta noche con muchas oscuridades. No venimos desde una vida ideal, sino desde una realidad herida.
Concordia sabe de tumbas: la tumba de la desocupación, que quita dignidad y futuro; la tumba de la crispación y la violencia, que rompe vínculos; la tumba de las drogas, que devoran a nuestros jóvenes; la tumba de las injusticias, que parecen más normales cada vez, pero no lo son.
Muchas veces vivimos como esas mujeres: haciendo lo que podemos, sosteniendo lo poco que queda, visitando sepulcros con el corazón agotado.
Pero esta noche la fe nos dice algo decisivo: Cristo no se quedó en la tumba, y tampoco se fue lejos de nuestra realidad.
Se quedó en el Pan.
Se quedó en la comunidad.
Se quedó en cada hermano herido.
La Resurrección no borra las heridas que vimos en el Vía Crucis. Las transfigura. El Resucitado conserva las llagas, pero ahora son fuente de vida.
Y la Pascua nos desafía. Ya no es solo: cuánto dolor hay.
La cuestión es: ¿dónde estamos dejando que Cristo resucitado actúe a través nuestro?
Cada Eucaristía es Pascua. Cada misa es una tumba abierta. Cada "esto es mi cuerpo" es Cristo diciendo: mi vida sigue entregándose por ustedes.
Por eso la Pascua siempre termina en envío. Después de haber comido el Pan partido, después de haber acompañado al Cristo Roto, ahora somos enviados como testigos del Cristo Vivo.
Cristo ya no carga la cruz: ahora nos confía la del hermano. Cristo ya no está en el sepulcro: ahora quiere vivir en nosotros.
Cristo se queda en la Eucaristía para que nosotros no nos vayamos del mundo, sino que lo transformemos.
Esta noche renovamos nuestras promesas bautismales. Y con ellas renovamos una decisión profunda: no vivir como gente de sepulcro, sino como pueblo eucarístico y pascual.
Que al salir de esta Vigilia no volvamos iguales. Que Concordia pueda reconocer que Cristo vive porque hay comunidades que se reúnen, se alimentan de Él y salen a servir con esperanza, es decir manos que levantan al caído, familias que no se resignan a la violencia, comunidades que no abandonan a los jóvenes, cristianos que eligen la justicia aun cuando cuesta, cristianos que abrazan a los ancianos y no los descartan.
La Resurrección empieza cuando dejamos de decir "no se puede hacer nada" y empezamos a vivir como personas que creen que Dios sigue actuando.
Porque si Cristo resucitó y se quedó con nosotros, siempre hay esperanza, y siempre vale la pena seguir creyendo, luchando y amando.
Amén.
Fuente: El Entre Ríos