Que lo lea el que quiera

Bien. Empecemos por lo más importante: estoy enojadísimo, así que no esperen mucho uso de juicio y de interpretaciones lógicas en esto, porque estoy afectado por esta rara emoción. Sé que no se deben decir cosas en este estado, que escribir cosas estando loco es como ponerse ebrio pero no querer quedar mal delante de todos, pero voy a hacer todo lo posible para no herir a nadie.

El problema de hablar enojado es que no se piensa en las consecuencias. Actuamos por puro instinto, pensando más en defendernos ante algo que nos hirió que en tratar de quedar bien ante los que nos hablan. El problema de hablar enojados es que después nos vamos a arrepentir de haber abierto la boca y de habernos dejado llevar por la ira.

¿Pero qué pasaría si no me arrepiento? ¿Si la última vez que hablé enojado no cambió nada? ¿Qué tal si un día le pedí perdón al que ofendí por hablar en caliente, pero éste no me aceptó las disculpas y me dijo que cuando se le pase la bronca debíamos charlar? ¿Qué pasa si estoy esperando hace un mes que me diga para hablar? Pero pará, ya me estoy dejando llevar, la gente no entiende nada, esto no tiene que ser un ataque directo como hago siempre…

Sigamos. ¿De qué se va a tratar esto? No sé. De hecho miré el título para acordarme sobre qué iba a escribir, pero me enteré que es más una invitación que una descripción, es algo parecido a lo que pasa cuando tu novia te dice “hacé lo que quieras”. Así que repase lo que está ahí arriba, y recordé que en realidad, el objetivo de esta escritura, es enterarme por qué estoy enojado. Sería como una suerte de psicólogo, pero $240 más barato.

Entonces, ¿Qué hacemos ahora? Tomemos esto como a una historia de detectives. Si a mí me encargaran un caso sobre un crimen, probablemente lo primero que haría sería horrorizarme ante el cadáver, y después pensaría en alguna hipótesis.

Quizás al señor Pérez lo asesinaron para robarle. Pero revisemos la forma en la que vivía el muerto: no pasaba hambre y tenía una casa abrigada donde vivir, pero tampoco era un lujo. Un ladrón común no habría dado un golpe así a una casa de clase media como la de Don Pérez. De hecho, vayamos a lo práctico, los cajones de la casa están cerrados, nadie revisó nada, la casa no está revuelta, es como que no estuvo nadie.

¿Por qué lo mataron entonces? Quizás sus compañeros de trabajo lo hicieron tras algún comentario que haya hecho, así que interrogamos a sus familiares. Ellos dieron por tierra esta hipótesis, diciendo que el amaba su laburo, a pesar del gran tiempo que le llevaba ocuparse de él (hablar de esto me hizo acordar de que tengo que publicar algo en el diario). Nunca escucharon un comentario negativo de su parte, e incluso a él le gustaba mantener el papel de hombre callado con sus colegas. Ok. Muchas gracias familiares de la víctima, acaban de borrar mi segunda hipótesis. A seguir pensando.

¿Y si lo mataron por algún problema que le haya ocurrido en la calle? Quizás José tuvo algún altercado con alguien que se haya cruzado, o quedó en deuda con un comercio en el transcurso del día, o estacionó su auto a menos de 5 cm del otro, y tuvo la desgracia de que esa persona a la que ofendió sin querer es un maniático homicida. No, suena muy loco eso. Sería muy extraño porque no es usual un caso así, porque Pérez no es de quedar en deuda, porque no tiene auto, pero sobre todas las cosas queda descartado porque según los vecinos José no salió a la calle en todo el día.

Pero poco a poco, a medida que fuimos conociendo a los testigos y allegados de Don Pérez, fuimos conociendo su personalidad. Así aprendimos que, a pesar de que José no era un tipo conflictivo, tuvo problemas con unas personas activistas de una ONG, que recientemente habían realizado una colecta en toda la ciudad para ayudar al barrio más damnificado por el incendio del monte.

Los integrantes de esta organización ayudaban un montón a los desconocidos y promovían la igualdad entre las personas sin distinción de raza, religión y posición social, pero según Pepe algunas de ellas se habían tornado soberbias luego de haber aparecido en todos los diarios del país.

“¿De qué sirve ayudar si es con un interés de por medio?” se preguntaba en voz alta Don Pepe ante las acciones de esa ONG. Pero el tenía miedo de atacar a la Asociación Aguante Ayudar porque había muchas personas dentro de ella que eran realmente modelos de vida, como esas personas dignas de documentales que su forma de ayuda es un “te quiero” todos los días y no necesitan una colecta masiva para saber que hacen el bien, así que de ahí en adelante prefirió callar.

Pero sus preguntas enunciadas hicieron mella en el presidente de la AAA y también en las personas ajenas a la asociación, que no entendían un pomo de lo que pasaba pero se sintieron ofendidas porque no se puede atacar a una asociación benéfica que hizo tanto por la ciudad. Así, el señor Pérez se ganó enemigos casi sin quererlo, y ahora son los principales sospechosos del crimen.

Pero pará, ¿Y si fue muerte natural? ¿Si se resbaló y se reventó la cabeza contra el piso? ¿Si en realidad no fue un crimen? No lo puedo negar, como ya dije antes me da asco revisar el cadáver así que no se si en realidad lo mataron. Pero una cosa está clara: la muerte sucedió, por algo pasó, y el hecho tiene una hipótesis principal. Igual que mi enojo.