¿Cristina Fernández Kirchner es peronista?
Esa es una pregunta que he tenido la oportunidad de hacerme, en callada reflexión interior muchas veces, mostrando en todos los casos una honesta seriedad. Y que volví a hacerme en ocasión de su último mensaje del pasado miércoles desde la localidad bonaerense de Las Flores.
Por Rocinante
Aunque debo confesarlo, no fue una de sus piezas más felices, de cualquier manera considero que, y eso es algo que encontrará la incluso agresiva reacción de muchos, fue un magnífico “discurso de barricada”, como otrora se los llamaba. En tiempos en que los discursos que podían escucharse, y no solo en el caso de los “picos de oro”, como era por ejemplo Ricardo Balbín, sino en el caso de tantos otros políticos ni siquiera leidos, hasta era de asombrarse y hasta enfervorizarse, al escucharlos inclusive, o mejor aún, cuando improvisaban.
Los tiempos han cambiado, y esa es una de las explicaciones del creciente recurrir a los bombos, ya que su estrépito sirve ahora para disimular, cuando no para cubrir, los discursos mal hilvanados, y con un verbo en que no es extraño cuando se los ve enfervorizados, caer reiteradamente en el insulto, cuando no se hace presente una prosa anodina y balbuceante.
Pero ese no es el caso de Cristina, a la que menciono tan solo por su nombre, salvando la familiaridad de trato, pero al hacerlo de una manera respetuosa, tal como ocurre cuando se hace presente el endiosamiento, para muchos hasta envidiable, de sus seguidores. Ya que en ella, y nadie puede negarlo, se la ha visto manifestarse con una espontaneidad que la muestra por entera, seguramente por la práctica repetida; facilitada por el hecho de estar habitualmente rodeada de un coro (digo a sabiendas, un coro y no una corte, ya que no intento dar una filípica ni ensayar una catilinaria, sino procurar dar respuesta a una pregunta) de aplaudidores, convocados por motivos varios, que su presencia tiene que ver tanto con el fervor como con el cálculo.
Ya que ella es una eximia oradora, capaz tanto de cautivar, derramando ese fervor que está presente en ella, como de atemorizar a los que la quieren poco o nada. Ello así, aunque en los últimos tiempos ese fervor auténtico se ha vuelto cada vez más enojado, según señalan precisamente esos que la quieren como decía poco y nada, afirman su inquietud acerca de los resultados de la batalla judicial (eso que se conoce ahora como lawfare) en la que se encuentra empeñada.
Repito la pregunta inicial: ¿Cristina es peronista? Y desde ya anticipo que la conclusión en la que se traduce mi respuesta, no dejará de ser frustrante, porque he llegado al punto de considerar que no puedo pronunciarme acerca ni de la afirmativa, ni de la negativa ante esa pregunta auto-formulada.
El primer motivo en que se sustenta esa postura, que está lejos de ser evasiva, reside en la dificultad que se hace presente cuando se trata de elucidar lo que significa hoy, ser peronista. Algo que me lleva a conjeturar si hasta quienes así se autocalifican pueden, en la actualidad explicar el porqué de que así se sientan (de donde habría que concluir que el ser del peronismo es en la actualidad poco más que un sentimiento). A lo que se debe agregar, que estoy convencido de la verdad de esa afirmación que todos los argentinos sin excepción somos al menos un poco peronistas (incluso los argentinos calificados, más antes que ahora, como gorilas, ya que ellos también lo son de cierta manera al hacérseles presente la imagen de Perón en forma recurrente).
Debo destacar asimismo que en el marco de la situación de crisis que viven tanto el sistema de partidos, como los propios partidos políticos, estamos asistiendo a una disgregación del peronismo. El cual para presentarse unido en los últimos comicios en los que resultara victorioso, tuvo que presentarse como una coalición de líneas diversas o protopartidos, como fue el caso del Frente de Todos. Y que lo que es dable mencionar como kirchnerismo no es una sola cosa, ya que existen entre ellos quienes no se identifican con La Cámpora; y se pretende ver un albertismo que nunca como tal terminó de nacer, a lo que se agrega que en “Juntos por el Cambio” existirían dos patas peronistas, una nebulosa y otra que pretende instrumentarse de una manera orgánica bajo, por ahora al menos, autodenominados peronistas republicanos.
A mi propósito no es de mi interés bucear en el segmento biográfico de la trayectoria política juvenil de Cristina, aunque sí señalar que no escuché mencionar ni una sola vez ni a Juan Domingo Perón ni a Evita, en su alocución antes referida.
El fortuito hallazgo de un documento, en el que conjeturalmente cabría encontrar escondidos remotos vestigios del pensamiento de Cristina
He leído en la Vanguardia de hoy un suelto jocoso en que se hace aparecer al presidente de la República (la referencia es a Hipólito Irigoyen), como “maximalista verdadero” y a su autor como el responsable del descubrimiento. No tengo motivo alguno para creer que el presidente, a quien no tengo el honor de conocer, es maximalista, ni verdadero, ni por conveniencia electoral. Un presidente maximalista, es decir, socialista integral y simpatizante con la emancipación económica proletaria que hoy tiene por bandera a la admirable revolución rusa, sólo probaría que lo es haciendo las siguientes cosas: 1) Ponerse a favor de la clase obrera, renunciando a toda pretensión de favorecer al mismo tiempo a los capitalistas extranjeros y a los trabajadores argentinos, 2) destituir de su ministerio a todos los que no tengan esas ideas y defiendan al capitalismo acaparador, 3) clausurar el Senado y la Cámara de Diputados que desde hace muchos años obstruyen sistemáticamente toda legislación favorable a los trabajadores ..., 4) Intervenir de inmediato todas las subsistencias de primera necesidad (cereales, carne, azúcar, vivienda, etc.) [...],5) institución progresiva del régimen agrario de adjudicación de la tierra [...], 6) nacionalización progresiva de los medios de transporte y de producción…7) control del Consejo Económico sobre las importaciones y exportaciones , 8) Reforma general de la instrucción pública [.. 9)Reanudación de las relaciones diplomáticas con la República Socialista Rusa y denuncia de la adhesión a la Liga de las Naciones constituida por los gobiernos capitalistas, 10) Suspensión provisoria de los servicios de deudas públicas al capitalismo extranjero y reafirmación de la doctrina Drago contra el cobro compulsivo de las deudas [...) y 11) utilización de todos los técnicos militares y navales en obras favorables al desenvolvimiento del pueblo argentino. No habiendo hasta ahora el Presidente manifestado el propósito de realizar esos actos, considero ilegítimo llamarle maximalista (verdadero ni falso). Si fuera capaz de emprender una obra de gobierno tan ilustrada y progresista, no vacilaría en expresarle públicamente mi simpatía y adhesión entendiendo que se apresurarían a hacer lo mismo todos los verdaderos socialistas".
La transcripta es una carta que en tiempos remotos dirigiera José Ingenieros al diario La Vanguardia, ya desaparecido, y en el que hace referencia a una supuesta vinculación entre aquél y el entonces presidente Hipólito Irigoyen, en la primera de ellas, consecuencia de supuestos contactos entre ambos, en los que se atribuye al primero la intención de influenciarlo para la aplicación de un programa maximalista.
Me veo obligado a abrir un paréntesis para hacer referencia al significado de término maximalista, en el campo de las ideologías políticas, y no en el artístico, en el que también es utilizado. Debo señalar entonces que a estar a lo que e encuentra en un diccionario, el término maximalismo en clave marxista nació tras la aprobación del Programa de Erfurt (Erfurter Programm) en el Congreso del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD) celebrado en 1891 en Erfurt, el cual se subdividía en un programa máximo y un programa mínimo. Los socialistas maximalistas afirmaban querer realizar el programa máximo, lo que según ellos conduciría al objetivo de establecer el Estado socialista. De donde los maximalistas serían los que después se conocieron como comunistas, mientras que los otros, serían los futuros socialistas, mucho más moderados en sus programas. Digresión que se justifica ya que en la actualidad resulta difícil, sino imposible, la referencia a los comunistas con ese apelativo.
Como detalle anecdótico debe indicarse que a la carta, Ingenieros agrega la siguiente aclaración: "La carta expresa lo que yo había aconsejado al Dr. Irigoyen si hubiera conversado con él, en esa u otra oportunidad. No creo imposible que el Presidente se atreviese a hacer esas cosas y aun otras más importantes, pero siempre he tenido la creencia de que le faltan colaboradores capaces de secundarlo con firmeza pues le rodea una turba de vulgares politiqueros que sólo aspiran a medrar en cosas pequeñas. No tengo motivo para dudar de la sinceridad de sus intenciones, pero creo que para la capacidad de gobierno no basta la sinceridad".
No es de extrañar que un programa de ese tipo fuera un desafío que le lanzara José Ingenieros desde su ideología personal, en la que el socialismo marxista se entremezclaba con el positivismo todavía importante y hasta con el racismo (!?). Algo que sí resulta curiosamente extraño, son los rasgos anticipatorios de esa nota (la que no alcanza notoriamente a constituirse en un programa y ni siquiera una profesión de fe política) con muchos de los criterios directrices del cristinismo.
Todo ello si se tiene en cuenta que el pensamiento de Ingenieros cabe interpretarlo como ubicado en las antípodas del pensamiento de Perón, al menos según la interpretación de quienes ven en la doctrina de Perón más que vestigios de ingredientes del fascismo italiano.
Aunque es indudable que como ninguna ideología es pura, ya que es el resultado del entrecruzamiento de diversas fuentes, no pueden en ella estar ausentes las contradicciones. De donde resultará explicable que en el sincretismo que significa el cristinismo, se hagan presentes posturas como las referidas de Ingenieros, juntos a las que, entre nosotros los que los malquieren, describen como el capitalismo de amigos.