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Los padres del niño asesinado
Los padres del niño asesinado
Los padres del niño asesinado
Brian versus Brian

Hemos traído a nuestro presente, si bien se trata de algo ocurrido hace menos de dos años, en ocasión del juicio en el que resultó condenado a prisión perpetua uno de sus autores, una más de las tantas tragedias de este tipo con las que somos golpeados a diario.

Es que sepultado, como indicamos, en tantas situaciones de características parecidas, nos encontramos con el asesinato de un chico de 14 abriles, alcanzado por una bala de grueso calibre disparada por otro chico dos años mayor, a los que el azar los reunió ese día y a ese hora, dándose la fortuita circunstancia que ambos llevaban por nombre Brian.

El Brian que hizo el disparo, no fue parte del juicio ya que por su edad había sido declarado inimputable y deportado a Perú, país donde había nacido, y del que se cuenta que de una manera subrepticia, habría al poco tiempo retornado.

A la audiencia celebrada con la finalidad de juzgar al otro partícipe del homicidio, Luis “Yun” Gómez -quien manejaba la moto desde la cual Brian le disparó a Brian- y en la cual recibió una aplastante y terrible condena, asistieron los padres y abuelos de la víctima.

Luego de lo cual, se escuchó a la madre señalar con manifiesto alivio –dolor de una madre por la muerte de un hijo que se puede hacer más sordo con el paso del tiempo, pero el consuelo no llega nunca- con palabras que por nuestra parte estamos convencidos que venían a expresar más de lo que surge de su interpretación literal, cual sería que con esa sentencia verdaderamente ejemplar Brian, su hijo, y también ella y su entorno familiar habían encontrado la paz.

Un estado de espíritu que se hace presente cuando se logra que se haga justicia en casos como éste, ya que en realidad no puede haber para la familia de una víctima consuelo mientras el hecho en cuyas circunstancias así lo han transformado no se haya esclarecido, a la vez que concluya con el juicio y condena a los culpables. Es que hasta que eso ocurra, es verosímil que quienes eran su familia tengan la impresión, por lo general equivocada, de que “le han fallado” al que les falta y que su ausencia se vuelve una herida permanentemente abierta. Un sentimiento, que aunque más no sea de una manera atenuada, tendría que hacerse presente en todos nosotros. Ya que debe tenerse presente que no hay nada más espeluznante que una sociedad sin justicia, aunque también ella tenga necesariamente que coincidir con la misericordia, que lleva al perdón, por más que el perdón, no es ni puede ser olvido.

En cambio, en la venganza no hay paz. Sino furia y clara es la presencia aberrantemente gozosa, si es que es adecuado llamarla de esa manera, de hacer sufrir y de ser posible – aspiración irrealizable- poder presenciarlo en el victimario hasta el final de los tiempos.

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