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En un mundo lleno de contradicciones como es el actual, y sobre todo en el caso de una sociedad como la nuestra en la que se ve día a día como esas contradicciones se incrementan; nada extraño resulta el hecho que se haya llegado a estar en presencia de algo casi absurdo, como es el de que se elimine la exigencia de ir a la escuela, para recibir una ayuda económica para hacerlo.

Como puede observarse sigue empeñándose en la curiosa, pero a la vez gravemente preocupante empresa, que va más allá del intento de esconder la realidad histórica detrás de un relato. Y de ese “plus” que se hace presente cuando se busca la manera de destruir nuestra lengua, con la pretensión de implementar la vigencia de lo que se conoce como “lenguaje inclusivo” aunque se ignora en cuál de las variantes que se manejan, lo que complica todavía más las cosas.

Vamos camino entonces a que se obligue a todos a intercomunicarse, utilizado extrañas jerigonzas, que en apariencia resultan una variedad de los lenguajes crípticos, que utilizan para hacerlo determinadas logias y los denominados “servicios de inteligencia” estatales.

Con lo cual se da un paso más en dirección a algo de mayor envergadura, y por ende preocupante en demasía; cual es el hecho que se observa cómo desde lo alto de la pirámide social, se comienza a utilizar palabras que sirven para mención un concepto claro, en cuanto específico para hacer alusión a otro que tiene poco que ver con el primero.

Asistiéndose así a una situación similar a la que George Orwell describiera en su novela distópica titulada 1984, cuyo argumento está referido a la vida de las personas, y en especial del personaje en la que se describe cómo una sociedad totalitaria, en la que se ha implantado un lenguaje que el autor designa como “neo lengua”, y donde, para dar solo algunos ejemplos, el “amor” viene a significar “odio”, la “guerra, paz”, a presentarse en la realidad como lo contrario, dado que su objetivo es el opuesto, cual es sembrar el “malestar social” entre quienes lo integran.

De allí no es de extrañar que se haya implantado la Tarjeta Alimentar dentro del Plan Argentino contra el Hambre, posibilitando de esa manera contar con otro pretexto para engrosar la costosa burocracia que nos ahoga, y de paso asistir al costoso trajinar propagandístico de los funcionarios públicos que recorren el país repartiéndolas, cuando hubiera bastado expandir dándole otras modalidades, al régimen de la Asignación Universal por Hijo, que ha dado hasta el momento una muestra de buen funcionamiento en la estructura conformada con ese objeto.

Con lo que queremos dejar sentado, que la cuestión no pasa por focalizarse en un tema en el que no pueden haber discrepancias, cual es “el refuerzo con una asistencia complementaria anual” que se sumara a lo que debería ser una única asignación universal por hijo; sino por el hecho que se le dé precisamente la denominación de “ayuda escolar”, para hacer mención a un subsidio que para recibirlo ¡¡no exige que su beneficiario vaya a la escuela!!

Dando de esa manera una señal más de una sociedad desquiciada, en la cual las exigencias comienzan por ser ignoradas, para después prescindirse de ellas; en lo que se resulta aunque así no se lo diga, fruto de una cultura, si es que se la puede designar de ese modo, donde toda exigencia o restricción es vista como un ataque a la libertad, y por ende como una expresión de autoritarismo.

Todo ello mientras a todos los que en otros ámbitos ya sea una persona que trabaja, una empresa que intenta constituirse formalmente encuadrando su hacer en el derecho vigente, o al que más no sea aspira a comprar un automotor, se los ve a todos ellos atiborrados de pasos a seguir en forma ineludible, que exigen en ocasiones cumplir con ese verdadero vía crucis que significa el tener que transitar por diversas oficinas, que están en más de una oportunidad, localizadas no precisamente en lugares vecinos el uno al otro, ´para poder lograr culminar con éxito, lo que se señala como “ un mero y simple trámite”.

Es que debe tenerse presente que la exigencia de ser un alumno regular de una escuela, para poder hacerse merecedor de la ayuda que nos ocupa, no se trataba de algo que se podría tener como superfluo y mucho menos como arbitrario, sino que tenía una explicación razonable y contaba con un propósito deliberado, cual es ser un incentivo que motivara a los padres, a que sus hijos concurran diariamente a clase, salvo el caso de que se diera una circunstancia que justificase su ausencia, de manera tanto de atacar la deserción escolar, como erradicar la repitencia, metas ambas que suenen a lógica en toda sociedad que busca su desarrollo autosustentable.

Algo que no es por sí solo, sino el caso de la implementación de una de la batería de acciones necesarias para alcanzar esas metas, porque no se trata de por sí de “la panacea”, sino tan solo de una contribución importante para lograr lo que entiende como el estado de escolarización plena de una sociedad.

Se trata entonces de una decisión perjudicial y por ende reprochable, la que es explicable si se tiene en cuenta la valoración cada vez menor que en nuestra sociedad cuenta nuestro deteriorado sistema educativo, conmocionado como ha estado por jornadas de paros docentes, ya que no se trata de un hecho aislado, sino de un estado de cosas que se presenta en forma endémica, y respecto al cual solo nos limitamos a señalarlo, dado que no es esta la oportunidad de hacer una evaluación sobre el mismo. A lo que agrega la desmotivación que provoca una currícula anquilosada, que no ayuda evidentemente a motivar a los concurrentes a escuelas y colegios, entre los que existen muchos que tienen la sensación, no del todo equivocada que la educación que reciben carece de sentido en una sociedad estancada.

Algo que también explica el hecho de que muchos de los pocos que cuentan con la afortunada oportunidad de recibir una educación que los forme como personas y los capacite de verdad para enfrentar los avatares de la vida, en algún momento decidan marcharse al extranjero en procura de horizontes más propicios.

De donde lo que se requiere de todos, es algo distinto de esas cosas que al hacer, deshacen.

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