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En el suplemento de la edición impresa dedicado a la conmemoración del 12 de abril, fecha de la fundación de Colón, incluíamos una nota en la que se daba cuenta de la extrañeza que nos provocaba que en ninguna de las plataformas electorales que los candidatos a ocupar cargos municipales en la ciudad, se hacía mención alguna a las políticas a implementar en materia de arbolado urbano.

Reconocemos que el tema puede considerarse como una obsesión nuestra, si se atiende a nuestra machacona insistencia, frente al persistente silencio que a lo largo de los años la administración municipal ha mostrado ante nuestros reclamos, a la vez que en esta ocasión disimulamos el hecho que en realidad la misma se ha ocupado más de desarbolar que de lo contrario. Sin que ello signifique desconocer los méritos que tiene la invisible Comisión de Arbolado, a la que seguramente no se ha consultado al momento de complementar los espacios vacíos de árboles que habían quedado como consecuencia de las obras llevadas a cabo en una avenida, los que fueron ocupados con ejemplares de otras especies arbóreas en lugar de hacerlo con plátanos, con lo que se dejó de lado la posible y a la vez necesaria armonía arbórea de esa avenida, situación solo explicable por la inclinación a “emparchar” todo lo “emparchable”, cuando se lo hace, porque como ocurre muchas veces, no se hace eso siquiera.

Por otra parte, comprendemos que existen otras necesidades en principio prioritarias que atender en una ciudad como Colón, que da la impresión de estar siempre en estado de emergencia, como es el caso de los servicios sanitarios, de las calles y una larga lista que es preferible en la ocasión no enumerar. Pero es que si existen necesidades en principio prioritarias, ello no significa que también pueda desatenderse a la problemática -apelando a esta palabra no solo por lo bien que suena, sino por su habitual uso en el caso de problemas de los que siempre se habla, pero casi nunca se hace más que eso- vinculada con el arbolado público; una cuestión que hace a nuestra calidad de vida, a la valoración edilicia y que es una demostración clara de esa civilidad y cultura de la que nos encontramos tan carenciados.

En realidad, lo que hubiera sido deseable es que la totalidad de los candidatos municipales -todavía se está a tiempo, porque en estos últimos comicios lo que en realidad se hizo fue seleccionarlos- hicieran entre ellos un público compromiso documentado, lo que sería en realidad un contrato y a la vez un pacto con todos los vecinos en el cual se mostrasen coincidencias en una gama amplia de políticas en materia de gestión municipal.

Por nuestra parte las pretensiones son más humildes, ya que solo desearíamos contar con un acuerdo de arbolado, que no es una exigencia de soluciones inmediatas, sino de un programa a realizar, y que verdaderamente se realice. Porque ya en una de las administraciones de Eduardo del Real se sancionó una ordenanza impecable en la materia, que quedó en una expresión de acertadas intenciones, como con las cosas buenas entre nosotros suele suceder.
Fuente: El Entre Ríos (edición impresa)

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