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El cuidado comunitario de nuestros ancianos

El robo sufrido por una anciana que se encontraba en la ciudad de Villa Elisa, dentro de su vivienda, a altas horas de la noche y afortunadamente con final relativamente feliz, ya que concluyó con la detención del ladrón, gracias a la eficaz acción policial; nos resulta adecuado para volver sobre un tema que hemos tocado en esta columna -aunque de una manera sesgada- en forma reiterada.

 

Es que hemos insistido una y otra vez, hasta ahora en lo que consideramos lamentable, sin ser escuchados, acerca de la utilidad de que se capacitara a personal femenino municipal, con el objeto de que esté en condiciones de prestar auxilio doméstico e inclusive acompañamiento a vecinos de edad avanzada, que vivan solos y en desamparo al menos relativo. Ello, ya fuere por carecer de ayuda familiar, o por rehuirse a ser alojados en un geriátrico.

 

Una idea que se nos ocurre sería beneficiosa por partida doble, ya que a la asistencia recibida por el anciano o los ancianos objeto de ella, se sumaría el hecho de que un personal municipal harto numeroso, hasta el exceso, podría ser empleado de una manera más provechosa que la actual.

 

Esta sugerencia, ante al episodio relatado, consideramos puede ser ubicado dentro de un contexto más amplio. De allí que consideramos que la primera medida que se debería adoptar es efectuar un censo con el objeto de poder determinar el número de vecinos de edad avanzada en una situación que podríamos designar como de “vulnerabilidad etaria”, a los fines de establecer sus necesidades y carencias, de manera de contar con un cuadro de situación en la materia, partiendo del cual, se estaría en condiciones de avanzar en la elaboración e implementación de políticas y cursos de acción pública en la materia.

 

En tanto, como hemos hecho referencia al cuidado “comunitario” de nuestros vecinos ancianos, se debería encarar una acción educativa en la materia, de manera de concientizar a toda la población a actuar de consuno con la autoridad pública al respecto. Se debería partir de la idea -el pensarse “egoísta” a veces ayuda- que todos hemos tenido o tenemos abuelos y abuelas en situaciones parecidas, y estamos convencidos de la esperanza en los que están lejos de alcanzar esa edad de “llegar a viejo”.

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