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La gran actuación de Guzmán

Guzmán en el programa de Pagni

La andanada de novedades que nos depara la vida argentina, y en particular los integrantes del Gobierno nacional, nos hacen perder perspectiva respecto de las cosas importantes, las que realmente provocan un cambio en nuestras vidas. La mayor parte de los anuncios no lo hace, más que a corto plazo. Las entrevistas que conceden esos integrantes del gobierno nacional, tampoco, enfocadas como están en el ruido de las cuestiones coyunturales.

 

Durante una entrevista con Carlos Pagni, el ministro Guzmán se reveló como un eximio jugador de póker. Fue imposible descubrir su juego. Si el de las batallas del ruido diario o el del plan estructural para el que siempre dice necesitar tiempo.

 

Si juzgamos por la cantidad de veces que lo repite, uno de sus mayores motivos de orgullo parece ser haber logrado bajar el tipo de cambio paralelo desde $190 a $150. Un buen logro, claro, pero sin margen para la celebración: la brecha con el oficial sigue en 70%.

 

¿Cómo se mantiene el dólar a raya? Con restricciones cambiarias y al movimiento de capitales que han llegado a nuevos límites, como impedir a las empresas pagar sus deudas al vencimiento. El cepo permite al gobierno minimizar la pérdida de reservas o acumular algo tibiamente, a pesar de que las tasas de interés para el ahorro con pesos sean negativas en términos reales. Ese hipotético círculo virtuoso de las restricciones choca con una realidad que, a veces, no se lleva tan bien con las hipótesis. Hay indicios de que el orgullo por bajar la brecha podría estar próximo a bajar al llano.

 

El primer indicio viene dado por los precios, que no se condicen con una situación de equilibrio: la inflación fue 4% en diciembre, 4% en enero y 3,6% en febrero (6% los mayoristas). Números que no cierran con las hipótesis de Guzmán, ni con las tasas de plazos fijos, ni con las proyecciones para el tipo de cambio, ni con el congelamiento de tarifas. Intentar presionar la realidad para que ofrezca los resultados podría añadir nuevos desequilibrios, como el atraso cambiario o la fuga de depósitos.

 

También hay indicios en las reservas del Banco Central. Los buenos números de comercio exterior y las compras diarias de divisas del BCRA no se reflejan en suba de reservas. ¿Por qué? Porque para ayudar a Guzmán a contener el tipo de cambio paralelo, el Central (y ANSES) compra bonos con dólares (pierde reservas) y los recompra con pesos (contraen la base monetaria, pero sólo hasta que auxilia al Tesoro emitiendo pesos). Este jueguito costaba US$ 200 millones de reservas en diciembre, más de US$ 300 millones en enero y probablemente US$ 500 millones en febrero y marzo. ¿Es sensato gastar el excedente de divisas de la cosecha en controlar el tipo de cambio paralelo? La intervención subsidia a inversores extranjeros que quieren salir, o a argentinos que quieren fugar capital.

 

Otro indicio proviene de las idas y vueltas respecto de la necesidad de acordar con el FMI. Esta semana, no sólo Guzmán sino también el Presidente expresaron la necesidad de acordar pronto. Guzmán viajó a Nueva York a visitar fondos de inversión antes de recalar en Washington, y Fernández tuvo una videoconferencia con fondos internacionales para convencerlos de las ventajas de invertir en el país. Afirmó que “la inversión externa en la Argentina tiene exactamente el mismo trato que la inversión local”. Quizás le faltó decir “mal” antes de la palabra “trato”, pues casi en simultáneo el ministro Matías Kulfas obligaba a 500 empresas a proveer datos sobre stocks, precios y ventas. Que Guzmán vaya al FMI y Fernández converse con inversores internacionales sugiere falta de dólares, no abundancia.

 

También el tema de las vacunas es un indicio de que la calma no es posible más allá del corto plazo. Todos nuestros vecinos se aseguran provisiones, mientras que Argentina no puede. A esta altura cabe preguntarse si hay problema de crédito o de disponibilidad de divisas para comprarlas. No tenerlas augura restricciones al movimiento y hace dudar de las proyecciones de crecimiento que plantea Guzmán.

 

Que Guzmán acepte una invitación al programa de Pagni es un acto de valentía dentro de un Gobierno cuyos funcionarios sólo aceptan ser interpelados por medios afines. Que él y el Presidente se reúnan con fondos de inversión a los que Argentina ha tratado mal también lo es.

 

Guzmán salió airoso de la velada televisiva, pero cuesta pensar que le haya ido bien con los inversores. Nada de lo que hace el Gobierno les garantiza que los bonos que aceptaron canjear el año pasado (a regañadientes) sean pagados cuando llegue su momento de cobrar. El mismo Guzmán reconoció que arreglar con el FMI era necesario pues “no tenemos los dólares para pagarle”. Le faltó agregar que no hacemos nada para tenerlos, y que la paz cambiaria tiene patas cortas. Por eso, su calma al responder, y su recurrente referencia a qué se necesita tiempo para llegar a buen puerto suenan más a una excelente actuación que a una compostura que respaldada por la realidad.

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