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Si hasta el inicio de la invasión de Rusia a Ucrania, nuestra situación en materia energética era mala después, como consecuencia de ella y sus serias consecuencias negativas en lo que respecta a las relaciones comerciales internacionales, hizo que las cosas se volvieran aun peor todavía.

Todo ello como consecuencia de que, no nos autoabastecemos de gas, a pesar de contar en Vaca Muerta con una de las mayores reservas gasíferas del planeta. Y ese desabastecimiento incomprensible del gas, el que debemos importar para cubrir ese bache, no solo significa un verdadero agujero negro en nuestras finanzas públicas, de por sí ya descuajeringadas, sino también un aumento en la superficie y profundidad de ese agujero, dado el hecho que una de las repercusiones del conflicto bélico que mencionamos, haya sido la escalada conmocionante en los precios de ese combustible. De esa manera se potencializan las malas prácticas que exhibe la actual administración nacional en materia energética.

Así, corresponde hacer una primera referencia a que los yacimientos gasíferos de Vaca Muerta, se encontrarían en este momento en explotación plena, si contáramos con un gasoducto que, partiendo de los mismo llegue hasta nuestro litoral oceánico para exportarlo, a la vez de satisfacer nuestro propio abastecimiento. Es que en momentos en que ya estaba convocada una licitación para la construcción y gestión del indicado gasoducto por parte de empresas privadas, el cambio de gobierno que se produjo en esa circunstancia vino acompañado por la decisión de la actual administración de dejar sin efecto esa licitación. De esa manera se están perdiendo tres años preciosos, que pueden ser más, en el caso de que se originen problemas en la unión de empresas que participen en la licitación que efectúa el Estado nacional de esa obra, cuya gestión ahora quedará en sus manos.

En segundo lugar, el manejo del “reordenamiento” de las tarifas de energía eléctrica y gas, sigue todavía sin resolverse. Y como consecuencia de ello, las tarifas no se han modificado hasta el momento, con el agravamiento del déficit financiero en ese ámbito. Es que el actual funcionario encargado del tema no se sabe qué pasaría si no se ponen de acuerdo o no saben cómo hacerlo, respecto a la forma de estructurar ese “reordenamiento”, que sin lugar a dudas será doloso para todos los usuarios y consumidores. A ello se agrega la ausencia de una campaña de concientización de la población, encaminada a que la misma su sume de la mejor manera posible, a las restricciones indispensable del consumo energético, la adopción de medidas concretas que muestren su aporte en la materia. Ya tuvimos ocasión de ocuparnos del tema con anterioridad y ahora volvemos sobre él, dando cuenta de la manera en que los países de la Unión Europea se preparan para afrontar las escaseces del próximo invierno.

De allí que nos refiramos a continuación, a modo de ejemplo ilustrativo, a las medidas restrictivas adoptadas por el gobierno alemán, que en lo fundamental aunque con algunas variantes, son similares a las adoptadas por todos los países de la mencionada Unión.

Es así que debe indicarse que en el caso alemán las restricciones impuestas en lo que respecta a la calefacción y el aire acondicionado, se suman las de apagar los escaparates de los comercios por la noche y exigir a las tiendas que instalen un mecanismo de cierre de las puertas para evitar el desperdicio de energía. También se ha decido fijar límites de temperatura en los edificios públicos, al mismo tiempo que se ha prohibido que se ilumine cualquier fachada por razones estéticas (de hecho, la Puerta de Brandemburgo lleva semanas medio a oscuras por decisión de las autoridades locales).A ello se agrega la decisión de imponer a partir de octubre una tasa al consumo del gas, combinada con una rebaja del IVA de este hidrocarburo que compensa a los ciudadanos, pero que no se aplica a la industria de ese país. Nada que en realidad, que debe asombrarnos, ya que cuando se trata de hacer las cosas mal, nos esforzamos en ser incomparables.

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