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Entre las empresas estatales de nuestro país, es Yacimientos Carboníferos Río Turbio (YCRT S.A.) la que daría la impresión de ocupar el primer lugar, en un ranking de gestión empresarial deficitaria, en proporción a su volumen de negocios.

Haciendo un poco de historia a su respecto, cabe señalar que la misma es una empresa con su centro de acción en la provincia de Santa Cruz, la que en 1994 reemplazó a la antigua Yacimientos Carboníferos Fiscales. Que su objeto es el mismo de su antecesora, ya que lo es la explotación, transporte y comercialización del carbón del Yacimiento Río Turbio. Y que además de los yacimientos que explota, su activo lo conforman un ramal ferroviario propio, una central eléctrica para uso interno de 21 MW y una central térmica conflictiva –no solo por el hecho de haber sido varias veces inaugurada, sino por las dificultades en su funcionamiento- conectada al Sistema Interconectado Nacional, de 240 MW.

Cabe agregar que la misma estuvo en manos privadas entre 1994 y 2002, o sea durante la presidencia de Carlos Menem hasta un poco después del derrocamiento de Fernando de la Rúa; cuando fuera intervenida durante la gestión presidencial de Eduardo Duhalde, situación en la que ha continuado hasta la actualidad. Todo ello, a pesar del hecho que esa intervención fuera, en su momento, calificada como “transitoria”. Una prueba más del hecho que entre nosotros –cabría acotar- nada resulta de un carácter tan “permanente” como es lo “transitorio”, y en especial de los tributos aplicados “por una única vez”.

Pero en realidad, esta escueta relación, no tiene en ella misma su objetivo principal, sino que nuestra intención es la de darle un sustento adecuado, a la información sobre la situación actual de la empresa, tal como surge de una nota periodística redactada por Diego Cabot -se trata del periodista que, con la entrega de “los cuadernos Gloria de Centeno” a una fiscalía, hizo “explotar” y llevar a conocimiento público un enorme y escandaloso esquema de corrupción, en funcionamiento durante varias administraciones presidenciales sucesivas, nota que, en fecha reciente, se publicara en el diario “La Nación” de Buenos Aires.

Es que más allá de manera en la que en la misma se “trabaja” la información, se nos ocurre que es un acto de justicia, contribuir a su difusión, sobre todo si se atiende al hecho que no parece haber tenido la repercusión que merece en la opinión pública, en atención al valor intrínseco de su contenido.

Es así como, hasta lo que cabría considerar como la indicación de un mero detalle de alcance sobre todo formal, y por tanto no atañe a lo sustantivo de la gestión, cual es que el presupuesto de la empresa correspondiente al año 2021 se aprobó un día antes de que terminara el ejercicio correspondiente a ese año, cuando ya “no quedaba nada que presupuestar” dado que solo existían hechos y acciones consumadas; se vuelve importante, en la medida en que viene a poner de manifiesto la existencia de una gestión desquiciada.

En tanto, lo verdaderamente significativo -por caber considerarlo como hasta escandaloso- reside en el hecho que la venta total de la empresa fue ese año de 850 toneladas, por un precio total de 14 millones; algo que significa que por cada 14 pesos que vendió la empresa, se necesitaron $6806 para producirlos, cifra que se computa como subsidios a cargo del Estado. Dicho de otra manera, si la empresa acumuló un déficit de 6806 millones de pesos el año pasado, que tuvo que ser solventado por el Estado –a los efectos prácticos pagados por todos nosotros- ya ello significa que la empresa recibió 18 millones de subsidios, por cada uno de los días del año.

A su vez, destaca Cabot en su nota una circunstancia que erróneamente puede llegar a considerarse que tiene un sesgo “anti obrero”, cual es el hecho que sus 2066 empleados recibieron a fin de año de la empresa “un bono por productividad”. Beneficio al que se agrega el “bono por pasaje”, un reconocimiento que la empresa les había dado a todos los mineros para que sus familias pasaran las Fiestas con ellos y luego regresaran a sus provincias.

En suma, otro “agujero negro” que se agrega al que significa la situación de Aerolíneas Argentinas, y la suma extraordinariamente gigantesca que significa el subsidio, especialmente a las tarifas de gas y de electricidad. Menciones, las precedentes, que en nuestro caso podemos efectuar sin realizar esfuerzo alguno, y que son sino algunos de los casos numerosos que esforzándonos apenas, sería posible agregar.

Alguien verá en lo narrado, una manera de dejar explicado lo que significa irresponsablemente “tirar manteca al techo”. Por nuestra parte consideramos que esa es una forma poco realista de describir una situación, sobre todo cuando esa “manteca” escasea tanto que parece no existir. De donde estimamos que un símil más adecuado sería ver en esos casos, una manera de “desangrarse lenta pero ininterrumpidamente”. Con todo lo que ello significa.

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