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La entrevista concedida a Rafael Correa puso los pelos de punta entre los inversores

Resulta imperdible la entrevista que, para el canal de origen ruso RT (Russia Today) en español, concedió esta semana el presidente electo Alberto Fernández al expresidente ecuatoriano Rafael Correa (https://www.youtube.com/watch?v=bTLAaJT8B_Y).

Durante los 56 minutos de entrevista, Fernández opina sobre diversos temas: los conflictos sociales en América Latina, la relación de Argentina con Brasil, la distribución del ingreso en la región, el funcionamiento de la justicia y el rol de los medios de comunicación, y de temas más urgentes: la deuda pública y el rol del FMI en su crecimiento, y los resultados de las elecciones del 27 de octubre.

Hasta la aparición de esta entrevista, poco se sabía del pensamiento de Alberto Fernández. Es más, bastantes opiniones de expertos venían difundiendo la idea de que el futuro presidente es un pragmático. ¿Qué significa esta caracterización? Que Fernández sabría adaptar su comportamiento a lo que cada circunstancia le demandara. Pragmático, en esa línea descriptiva, vendría a oponerse ideológico.

¿Es el que tuvo con Correa otro de los camaleónicos cambios de discurso de Fernández?

Durante la entrevista, sin embargo, Fernández da la sensación de tener más ideología que pragmatismo.

Es en lo relativo al (mal)funcionamiento de la democracia donde más se parecen Alberto y su compañera de fórmula Cristina. Ninguno de ellos admite una democracia en la que la voluntad popular no vote al peronismo. Así como en 2009, 2013 y 2015 el kirchnerismo acusó a los medios monopólicos de hacer campaña en su contra, ahora es Fernández quien acusa a los argentinos de no entender las opciones que se les ofrecen. Que Macri haya obtenido el 40% de los votos pese al “desastre que ha hecho”, dice Fernández y aplaude Correa, pasa porque lo apoyan la clase dominante y la clase aspiracional, es decir, la clase media que aspira a ser lo que nunca lo van a dejar ser, es decir, parte de la clase dominante. El verdadero pueblo, la mayoría que detecta la dominación neoliberal y la rechaza, vota al peronismo.

¿Macri es neoliberal? ¿O lo catalogan así sólo porque se lo supone votado por lo que Fernández llama clase dominante y clase aspiracional? Macri fue muy neoliberal en otorgar más libertades individuales. Pero fue cuando menos muy tímido con las reformas y hasta amplió el generoso estado benefactor que había recibido.

El problema interno entre dominantes y dominados se extiende, en la entrevista, a la noción de imperialismo. Correa opina que el FMI y la OEA, dos organizaciones que controlan los EE.UU., frenan una deseable unión latinoamericana. Fernández no llega hasta ese límite, pero se lo nota a gusto con la idea de una unión latinoamericana sin los EE.UU.

Lucha de clases, imperialismo, neoliberalismo: palabras propias de una ideología que no dio buenos resultados en Latinoamérica. Lo mismo cabe achacar a los gobiernos de centroderecha. Tanta ideología se manifiesta en que hasta la noción de “éxito” es distinta; esto lleva a discursos y políticas diferentes e irreconciliables. Demasiada ideología y demasiado poco interés por los asuntos concretos hablan a las claras de las culpas de unos y otros en el largo proceso de rezago relativo de América Latina.

La CGT, los empresarios, los acreedores, el kirchnerismo, Trump, Correa: cada cual escucha lo que desea escuchar

Es difícil, para quienes toman decisiones de inversión en Argentina, discernir cuál es el verdadero Alberto Fernández. Son nulas sus definiciones respecto de la composición del gabinete y de las políticas macroeconómicas y sectoriales que piensa aplicar.

Con tan poco en claro, bastó la entrevista para poner a los inversores con los pelos de punta.

¿Es el que tuvo con Correa otro de los camaleónicos cambios de discurso de Fernández? La CGT, los empresarios, los acreedores, el kirchnerismo, Trump, Correa: cada cual escucha lo que desea escuchar. El mismo Fernández que pone en su lugar a Maduro es el que pide por la libertad de Milagro Sala y de Lula. El mismo que clama por los oprimidos promete honrar la deuda pública.

Quizás hayan sido los halagos de Correa, sus “tú lo tienes muy claro”, los que lo llevaron a hablar más de lo que pensaba hablar. Quedó en claro que le gusta hablar y le gusta escucharse.

En 30 días, Fernández deberá empezar a trabajar sobre problemas concretos: la deuda, el déficit fiscal, la inflación y el estancamiento de la economía. No le alcanzarán el aire doctoral, los discursos floridos o la ideología.
Fuente: El Entre Ríos Edición Impresa