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La liberación puede llegar a ser intermitente. El campo parecerá despejado, limpio bajo un hermoso sol y de repente un nubarrón, un nuevo caso, y adentro otra vez. Si la vacuna que brindará Oxford en los días próximos no es buena, el futuro luce como casi siempre lució: incierto.

Pensando un poco sobre la infección provocada por el Covid-19, podemos aventurar algunas conclusiones. Se ha ido aprendiendo sobre la marcha. De ser poco más que una gripe leve y ocasional, al daño fulminante en los pulmones. Llegó así a ser algo temible para los mayores de 60-65 años, para los diabéticos e hipertensos, que son un número no desdeñable de personas. Sabemos ahora que muchos órganos pueden estar afectados y cada uno de ellos, exterioriza su queja. Los ojos con conjuntivitis, la nariz con la pérdida del olfato, el sistema nervioso con inflamación del cerebro, convulsiones, las arterias tapadas, lesiones en los nervios que llegan a los miembros, el corazón induce inflamación del músculo cardíaco y puede provocar infartos, el hígado la paga con una hepatitis que se manifiesta en los análisis de laboratorio, el riñón puede fallar por daño directo o por los trastornos circulatorios; la sangre se altera y se hace más viscosa y hay formación de coágulos dentro de los vasos. Y como si todo lo descripto fuera poco, puede ocurrir una horrible tormenta inflamatoria que comprometa al cuerpo todo. La piel tampoco escapa de lesiones como los sabañones, y otras manchas. Cierto es, en cambio, que el pulmón es, en cuanto a compromiso, el príncipe, ¡y tan fácil de fotografiar con amplia gama de radiografías! En resumen: para los más, una gripecita; para los menos, puede llegar a ser grave y final.

Alguna una vez escuché a mis amigos pediatras discutir si el caso que los desvelaba podía o no ser una enfermedad de Kawasaki. Ya el nombre señalaba algo exótico: una enfermedad que tiene cierta frecuencia en Japón y que entre nosotros es muy rara. Afecta sobre todo a los niños menores de 5 años y cursa con fiebre alta, conjuntivitis, sarpullido; lenguas, palmas y plantas enrojecidas; inflamación de los ganglios, lesiones en el corazón, e incluso puede producir muerte súbita. Bajo todo eso hay una vasculitis, una inflamación de los vasos. Ahora hay un tratamiento basado en gammaglobulina y aspirina, pero yo la recuerdo cuando no había tratamiento alguno. ¿Y por qué traigo ahora esto? Pues es visto que el Covid-19 produce a veces un cuadro clínico muy similar al que describiera el Dr. Kawasaki. ¿La causa de esta vieja dolencia es el Covid-19 o un virus similar? ¿O es la respuesta inmunitaria al virus lo que la provoca? Esto podría indicar un riesgo para ciertas vacunas.

Tomisaku Kawasaki (n. 1925) describió el primer caso de esta misteriosa enfermedad, que llevó su nombre en 1961, en un niño de 4 años, que sanó y egresó del hospital con diagnóstico de enfermedad desconocida. En 1974 apareció su trabajo traducido al inglés. ¡Lenta es la llegada de muchos conocimientos y verdades! Ahora hay un centro destinado al estudio de esta patología.

Comentamos al inicio acerca de los grupos de riesgo, pues los varones arriba de los 50 años y calvos, aunque no totalmente, son los que tiene mayor mortalidad. Ésta calvicie indica una abundancia de testosterona, la hormona masculina; y no fueron lerdos los investigadores en preguntarse si los varones que recibían tratamiento contra la testosterona podrían estar protegidos de la infección. Como no suele ocurrir que los hombres anden por ahí tomando algo contra sus valiosas hormonas, los sabios investigadores encontraron un modelo en aquellos que sufren de cáncer en la próstata y a quienes se los trata con antagonistas de las hormonas masculinas. Pues este grupo de pacientes; desdichados por un lado, y que por otro están algo protegidos y tienen un 25% menos de chances de caer enfermos por coronavirus. Ya están ensayando una feminización rápida y transitoria para varones afectados, que supongo requerirá un consentimiento informado. La testosterona y sus derivados, facilitan la entrada del virus en los receptores del pulmón, y al entrar todo es más fácil, ¿cierto?

Leo hoy el resumen de un trabajo que niega algún efecto de la hidroxicloroquina en prevenir la infección con el Covid-19. Los investigadores estudiaron un grupo de 821 adultos y los sometieron a 10 minutos de contacto con portadores del virus. Los dividieron en dos grupos: a uno le dieron hidroxicloroquina, al otro un placebo (azúcar). El 12% de los del primer grupo y el 14% de los del segundo grupo desarrollaron síntomas de la enfermedad. No hubo protección por parte de la hidroxicloroquina. Una desilusión para el Sr. Trump, una más.

La revista médica "The Lancet" informó el pasado 6 de junio la muerte de Fernando Morales, médico argentino de 47 años, graduado en la UBA y radicado en Tanzania, África; donde dirigía un programa de la Universidad de Columbia, EEUU, contra el avance del Sida en ese país africano. Quería una gran transformación sanitaria; y su energía, pasión y humor hacía que todos quisiéramos ser parte de su cruzada.

El Dr. Morales murió por el coronavirus, como algunos médicos y enfermeros en nuestro país. Nuestra prensa no recogió su deceso. Lástima, pues parece un buen ejemplo; de esos que buena falta nos hacen y cuando les sobra espacio para dedicarlos a chismes y tilinguerías.
Fuente: El Entre Ríos

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