El hallazgo reciente de los restos hundidos del barco “Endurance” capitaneado por un célebre explorador en aguas de la Antártida, hace de esto 107 años, ha llevado a la aparición de infinitas notas sobre esa circunstancia en distintos medios de comunicación social.
Notas que en algunos casos –como el del matutino porteño Clarín- se “estiran” para hacer referencia a otros naufragios que en su momento tuvieron repercusión. En el caso del matutino indicado, se hace referencia especial al hundimiento en el Río de la Plata de un “vapor de la carrera” – el “América”- que en ese momento se dirigía desde Buenos Aires a Montevideo, transportando más de 200 personas entre pasajeros y tripulación. Era la noche del 23 de diciembre de 1871, y el pasaje completo se explicaba en parte por personas que iban a pasar la Nochebuena en la vecina orilla, y en otra por las que buscaban poner distancia con la fiebre amarilla, una peste que todavía golpeaba a Buenos Aires.
Otra crónica relata que el vapor América, había dejado el puerto en forma prácticamente simultánea con otro vapor –el Villa del Salto-, y que los capitanes de ambas embarcaciones habían hecho una apuesta sobre cuál de ellas llegaría primero a Montevideo. Es por eso que ya retirados los pasajeros a sus camarotes, “el capitán del América ordenó darle máxima presión a las calderas, y éstas, que no pudieron soportar el esfuerzo, estallaron provocando un feroz incendio que rápidamente se propagó por toda la nave.” Prosigue la crónica señalando que “en medio de escenas de pánico, el vapor comenzó a hundirse y mientras tripulación y pasajeros luchaban por un lugar en alguno de los únicos dos botes que había, muchos se arrojaron al agua con salvavidas.
Luis Viale, que ya tenía puesto el suyo, se arrojó al agua y se encontró en medio del oleaje con sus amigos Marcó del Pont y su señora Carmen. Sin dudarlo, le ofreció a ésta su salvavidas, diciéndole: «Usted es joven y tiene otra vida que salvar». Viale murió ahogado y la mujer –los relatos discrepan acerca de si la misma estaba embarazada o llevaba consigo una niña aunque ese pero no se trata de un detalle de importancia- sobrevivió, gracias al gesto de Viale. Respecto a éste, cabría repetir aquello que “se encontraba en el lugar equivocado en el momento equivocado”, ya que había sido su intención embarcarse en el “Valle de Salto”, y lo hizo en el “América”, por haberse encontrado al llegar a la dársena con unos amigos que viajaban en éste.
Mientras tanto, el malogrado Viale, que al momento de su muerte tenía 56 años, se trataba de un inmigrante italiano que primero se había radicado en San Nicolás, para luego hacerlo en Buenos Aires, donde llegó a ser una personalidad expectable, sobre todo en la comunidad de inmigrantes italianos, ya que se lo encuentra entre los fundadores de una sociedad de socorros mutuos, que fue la antecedente de Unione e Benevolenza, del Hospital Italiano, y del Banco de Italia y del Río de la Plata, del que iba a ser designado presidente en el momento de su muerte. Como un detalle de importancia, cabe señalar que en una ocasión anterior ya había dado muestras de su espíritu, cuando tuvo la oportunidad de salvar la vida de otra persona que se estaba ahogando.
Otra nota periodística señala que “la justicia póstuma fue amplia para con Viale ya que existe un monumento en la Avenida Costanera de Buenos Aires; un busto en la Logia Masónica de San Nicolás y una gran lápida de mármol en el panteón italiano del cementerio de San Nicolás. También una calle de Buenos Aires lleva su nombre.” Y por nuestra parte agregaríamos que una ciudad de nuestra provincia también lleva su nombre. Habría que agregar que si la “justicia póstuma fue amplia” no ha sido larga. Ya que actualmente es una figura olvidada, y no sabemos cuál es el estado de conservación de su monumento en la Avenida Costanera porteña.
Se nos ocurre que la mejor manera de rescatar su memoria sería que en las escuelas se contemple que en las clases en las que, es de suponer, que se enseña en qué consiste “el altruismo”, se ponga como ejemplo a su persona. Ya que en los tiempos que corren se trata de un concepto tan oxidado, como olvidada se encuentra su figura.