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Causa perplejidad que un Gobierno del que se espera algo distinto recurra a medidas efectistas, que acumulan décadas de fracasos

Cuesta extirpar del paladar el regusto a cosa conocida que deja el conjunto de Medidas Económicas y Sociales anunciado el miércoles pasado por los ministros Sica, Stanley y Dujovne.

Cuesta, asimismo, suprimir del cerebro la terrible contradicción que ese conjunto de medidas supone respecto de todo lo que hasta ahora parecía ser el pensamiento económico del Gobierno.

Pero la necesidad tiene cara de hereje. No puede soslayarse el hecho de que la temporalidad de las medidas, un paliativo de seis meses de duración, casualmente caduca junto con la elección nacional de octubre. Además de representar una marcha atrás en el camino, que nadie puede suponer sencillo, de hacer una Argentina normal, la historia abunda en ejemplos que permiten dudar de su utilidad para satisfacer el objetivo político. Que tengan alguna utilidad económica es una probabilidad aún más remota.

Hay un simbolismo en el hecho de que las medidas fueran anunciadas por Sica, Stanley y Dujovne, en lugar de ser anunciadas por el Presidente. Como al momento de reintroducir las retenciones a la exportación, en septiembre pasado, también ahora flota un aire culposo en el anuncio. Quizás sea que Macri no cree en este tipo de medidas.

Congelar precios y tarifas va a contramano de un recorrido que lleva tres años y medio. Las retenciones respondieron a las demandas de ajuste del FMI; los congelamientos a las de la coalición política.

Congelar precios y tarifas va a contramano de un recorrido que lleva tres años y medio

El 4,7% de inflación que el INDEC nos arrojó en cara el martes actuó como detonador. Ese dato, y más aún la tendencia creciente, a contramano de lo que los esfuerzos de política monetaria y fiscal hacían esperable, fue la gota que colmó el vaso de la paciencia política.

¿Quién dijo que sería fácil? La ansiedad de la política contrastó con la flema del Banco Central, Guido Sandleris, que respondió a la cifra con frustración pero con convicción y cabeza fría. Romper con 75 años de fracasos en la lucha contra la inflación depende mucho de esa convicción y de no desviarse del rumbo. Y de hacerlo durante más tiempo que el que permiten las urgencias electorales. Por ese lado está el origen de nuestro fracaso ancestral en derrotar a la inflación.

Para la política, la coyuntura volvió a ser más importante que el cambio estructural. Esta vez, con un costo adicional: romper con la lógica de tres años y medio, volviendo a recetas conocidas, fracasadas y más propias del gobierno anterior, representa una peligrosa pérdida de identidad para Macri.

Es que los Precios Cuidados, la aplicación de la ley de Lealtad Comercial, o la vuelta de los subsidios para las tarifas de luz y gas fue la receta fracasada de Cristina. ¿Esta copia puede ser mejor?

A escasos 6 meses de la elección nacional hemos vuelto al Mundo del Revés: el Gobierno anuncia medidas que tienen un aire kirchnerista, mientras los voceros del kirchnerismo gritan a los cuatro vientos que ellos representan la racionalidad y que el dilema “Macri o Venezuela” es una ficción del Gobierno.

¿Alguien realmente cree que se puede convertir a Argentina en un país en serio sin antes hacer un esfuerzo descomunal?

Macri recibió una economía que, aunque en la calle no se sintiera, estaba a punto de explotar. Como pudo, fue sorteando escollos y corrigiendo descalabros institucionales (intervención del INDEC, controles cambiarios, aislamiento internacional, etc.), pero no pudo, o no supo, evitar un ajuste económico. Quizás porque era inevitable.

Nuestro problema es que llevamos décadas gastando más de lo que generamos. ¿Alguien realmente cree que se puede convertir a Argentina en un país en serio sin antes hacer un esfuerzo descomunal?

Lo ocurrido en 2018 fue una corrección forzada, dolorosa pero necesaria. Curiosamente, quien asuma en diciembre de 2019 gozará de un arranque mucho mejor que el que recibió Macri en 2015, aunque, contrariamente, la calle se sienta peor que como se sentía entonces. Es que Macri se comió el ajuste.

Pero la coyuntura y su cara de hereje han llevado a un sorpresivo cambio que arranca con el pie izquierdo. ¿Las medidas tomadas, la potencial pérdida de identidad: no provocarán incertidumbre en el mercado financiero? Por lo pronto, el jueves, feriado acá pero no en el exterior, los bonos y acciones argentinas se desplomaron ¿Hará lo mismo el peso mañana?

Este riesgo podría ser políticamente más letal que cualquier cifra de inflación. No habrá congelamiento que lo subsane.
Fuente: El Entre Ríos Edición Impresa

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