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No sabemos si calificarlo de esa manera a Valentín Alarcón, que es lo más parecido que Colón tuvo a un bardo, ya que esa mezcla de músico y poeta, que hacía de él más un payador, puede molestar a alguien por considerarlo exagerado.

En tanto, si alguno así lo considera, es según nuestro parecer, por no advertirse que existen diversos niveles o gradaciones en materia de “preclaridad”. Es que don Valentín, siempre fue consciente de que no pudo compararse ni con José de San Martín, ni con Herminio Quirós, siendo ambos hombres preclaros, también cada uno de ellos en su nivel, y a los que también en versos suyos ha dado rienda suelta a la admiración que ambos le provocaran.

De cualquier manera, si a todos la muerte nos iguala, no puede dejarse de advertir que a los hombres preclaros muchas veces los iguala el mal trato, aunque no sea deliberado, sino fruto de la incuria o de una indocta ignorancia. Algo que precisamente por ser así, en cuanto no es esa la intención, es común que pase desapercibido.

Es lo que pasa entre nosotros, con nuestro, hasta ahora por lo menos, héroe máximo, el general San Martin. A cuya estatua, montado y con el dedo apuntando al oeste, impertérrita como no podía ser de otro modo, no está en condiciones de atender a esa suerte de sumidero que rodea su pedestal, todo ello en una de las plazas de la ciudad.

También, como nos hemos referido hasta el cansancio, vemos al desnaturalizado monolito de Quirós -porque de eso se trata, de una desnaturalización-, ya que de monolito lo vimos transformado en pedestal de un busto, con lo que se torcía su destino, y se culminó el despropósito, con una pelambre vegetal, que lo rodea parcialmente, al que no siempre se cumple con la obligación de “peluquear” y al que, para remate, lo vemos acompañado esporádica, pero de una manera recurrente, con uno de esos comederos ambulantes que de un tiempo a esta parte proliferan en la ciudad, de una manera harto ominosa. En este caso, a pesar de su reconocida prolijidad.

¿Y de qué manera, maltratamos la memoria de don Valentín? No con una vieja edición de algunos de sus versos, de la que todavía existen quienes guardan un ejemplar, agrupados sin las pretensiones de ser un libro, ya que se trataba tan solo de un folleto, que era otra manera de expresar su inocente humildad. “Bordones”, es su título. Del cual extraemos unos versos que habla de “Colón, un pedazo de tierra bendecida/ que el Uruguay arrulla con melodiosa voz.../ Colón, ciudad tranquila, rodeada de sauzales/ el que te ha conocido no te olvida jamás/ por el encanto grato de tus verdes ceibales/ y tus calles cubiertas de azul jacarandá”.

Sino cuando después de que en su momento fue honrado dándole su nombre a un pasaje -es nuestra ignorancia la que posiblemente nos lleva a suponer que es el único “pasaje” con el que cuenta Colón- a cuya vera supo, en su momento, plantar su humilde morada, ya casi llegando al arroyo Artalaz- al que, sin embargo, luego de la construcción en el mismo del cordón cuneta, no solo se lo privó de convertirlo en un “túnel verde” sino se ha venido transformando en la actualidad, en una calzada que se encuentra, aún más intransitable que muchas de las otras calles de la ciudad.
Fuente: El Entre Ríos (edición impresa)

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