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No solo la pandemia que nos sacude, con las diversas reacciones, las que inclusive son sobrerreacciones, que ello nos provoca está presente en la actualidad; sino, hasta lo que cabe considerar como una indigesta y por ende insalubre sobresaturación noticiosa.

En eso debemos ser lo suficientemente claros, para que no se nos malinterprete, sobre todo porque se trata de una cuestión que exige sea tomada con la mayor seriedad y atención.

Dado lo cual no estamos –ni podemos estarlo- en nada en desacuerdo en que los medios tengan de la forma más acabada posible a toda la población informada tanto de la extensión de la enfermedad, como de las medidas gubernamentales que se vienen adoptando en el día a día, adecuándose a una situación tanto nueva como cambiante.

Pero resulta claro la presencia, sobre todo en los medios audiovisuales, de una suerte de compulsión profesional de hacer un “estiramiento” prolongado de cualquier tema que se toque. Algo que en el presente caso hace indispensable alertar sobre todo ante la necesidad de no alimentar un pánico que no soluciona nada a la vez que todo lo complica. El que no debe confundirse con la necesidad de atender la cuestión con debida seriedad; aunque recalcamos, que se debe evitar incurrir en una indebida saturación en el tratamiento de este estado de cosas.

Es por eso, que estimamos que nada aporta a su tratamiento, que desde las perspectivas diversas se está haciendo sobre el problema un abordaje de carácter y naturaleza política, el que en las actuales circunstancias estimamos fuera de lugar.

No es en este caso porque pretendamos establecer una inadmisible censura, sino que por motivos de sensatez resulta indispensable, momentáneamente al menos, focalizar la atención en el problema de salud y la manera de ser abordado tanto respecto a los enfermos como al comportamiento del resto de la población.

Llagará el día que se podrá escuchar, y así debe ser, todo tipo de aportes desde las diversas perspectivas encaminadas al análisis de la tragedia, sobre todo en lo que esté relacionado con la experiencia aprovechable para situaciones similares que el futuro nos pueda deparar. Pero, aun entonces, se debe tratar que se incurra en lo que se conoce como el “pase de facturas”, y que se sabe lo que significa.

Ese es el caso, para dar un primer ejemplo, de un reciente artículo de opinión del escritor peruano nacionalizado español Mario Vargas Llosa en el que se lo ve opinar acerca de que “nadie parece advertir que nada de esto podría estar ocurriendo en el mundo si China Popular fuera un país libre y democrático y no la dictadura que es. Por lo menos un médico prestigioso, y acaso fueran varios, detectó este virus con mucha anticipación y, en vez de tomar las medidas correspondientes, el gobierno intentó ocultar la noticia, y silenció esa voz o esas voces sensatas y trató de impedir que la noticia se difundiera, como hacen todas las dictaduras. Así, como en Chernóbil, se perdió mucho tiempo en encontrar una vacuna. Solo se reconoció la aparición de la plaga cuando ésta ya se expandía. Es bueno que ocurra esto ahora y el mundo se entere de que el verdadero progreso está lisiado siempre que no vaya acompañado de la libertad. ¿Lo entenderán de una vez esos insensatos que creen que el ejemplo de China, es decir, el mercado libre con una dictadura política, es un buen modelo para el Tercer Mundo? No hay tal cosa: lo ocurrido con el coronavirus debería abrir los ojos de los ciegos”.

Desde el otro extremo las recriminaciones no van en zaga. Es así como el cable de una agencia noticiosa señala que “el régimen comunista, inicialmente acusado de tardar en reaccionar ante la epidemia, contraataca ahora dando a entender --sin prueba científica-- que el coronavirus podría ser de origen extranjero.” Añadiéndose de una manera contundente que “es posible que haya sido el ejército estadounidense el que trajo la epidemia a Wuhan", aseguró en Twitter el jueves por la noche un portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores chino, Zhao Lijian, en lo que mirada bien las cosas no sería sino el anuncio de un “ataque virológico”.

Es por eso que a esta altura de los acontecimientos, mientras que vemos a gobernantes, científicos profesionales de la salud, y toda clase de personas abocadas en el cumplimiento de asumidas responsabilidades de una manera encomiable, por nuestra parte intentaremos elevarnos a esas alturas desde se ven las cosas de otra manera, aludiendo a lo que se denomina el “efecto mariposa”.

Hemos tenido oportunidad anteriormente de hacer referencia a esa teoría con una ligereza que pasma, la que ahora trataremos de corregir, acudiendo a fuentes responsables.

Es que consultándolas nos encontramos que toda esa teoría tiene su origen en un milenario proverbio chino – como se sabe en China todo es milenario o “lo actualísimo”-, y la relación entre el aleteo de una mariposa con acontecimientos remotos pudo ya verse sugerida en un antiguo proverbio chino que dice: «el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”.

Un proverbio en apariencia tan fantasioso, como maravillosa la circunstancia de que ahora, por fin, cientos de miles de años después ha dejado de parecernos una fantasía, para ver en ello una maravillosa intuición (alguien, hasta con sorna, dirá que hay que reemplazar la mariposa por un murciélago).

Que nos habla como ha repetido la actual vicepresidenta del país que “todo tiene que ver con todo”, sino que ha servido también para que filósofos estudiosos de las teorías científicas señalen que “ese proverbio aludiría a una visión holística, en la que todos los acontecimientos estarían relacionados y repercutirían los unos en los otros, pero sin implicar necesariamente una repercusión de enorme magnitud a partir de acontecimientos ínfimos.” Agregándose para complicar las cosas, que “en tiempos modernos la específica formulación del concepto como Efecto Mariposa está íntimamente ligado al surgimiento de la teoría del caos, la que ya sí efectivamente sugiere la posibilidad de que un ínfimo acontecimiento como el aleteo de una mariposa, acaecido en un momento dado, pueda alterar a largo plazo una secuencia de acontecimientos de inmensa magnitud.

De donde entramos en terreno conocido, aunque descripto en lenguaje extraño. Ya que somos o no especialistas en materia de caos.

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