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Las vicisitudes económicas complican la campaña de Macri, pero el temor a Cristina vaticina una gran crisis para su eventual gobierno

Hay interpretaciones diversas respecto del significado de la muy utilizada muletilla “te soy sincero”, o sus equivalentes “en rigor de verdad” o “para serte honesto”. Esta semana tomó fuerza su nueva forma: “Sinceramente”.

En el Diccionario de la RAE, se define a una muletilla como “voz o frase que se repite mucho por hábito”, aunque en otra acepción se la define como un sinónimo de muleta, es decir, una frase sobre la cual nos apoyamos para poder seguir andando.

Pero, a la par de la definición, existen otras interpretaciones populares para esta muletilla, que en general podríamos agrupar en dos bandos. Por un lado, las que sugieren que manifestar anticipar que se será sincero tiene que ver con el hecho de que es probable que lo que se diga a continuación no gustará al interlocutor. Por el otro lado, las que sugieren que tanta manifestación de sinceridad no hace más que poner en evidencia que lo que le sigue será mentira.

Queda a criterio de los valientes lectores de las 594 páginas del Sinceramente interpretar a cuál de las dos acepciones de la muletilla le cae mejor a lo que viene después del título.

El plan antagonista funciona sólo si en el Macri vs. Cristina se percibe que Macri será el ganador

Lo que no queda abierto a interpretaciones es el espíritu de lo escrito. Si alguien pensaba que Cristina Fernández había cambiado, y que una eventual nueva presidencia suya podría resultar en un giro copernicano, como el que hizo Alan García en Perú entre su primer y segundo mandato, a partir del libro deberá recalcular sus conclusiones. Aunque Kicillof y Álvarez Agis se empeñen en mostrar racionalidad y relativa continuidad en la relación con los acreedores, el Sinceramente se borra sus palabras como el viento.

Todo esto ha convertido al escenario electoral en un intríngulis de ardua disolución si, como todo parece sugerir, no aparece un tercero que se interponga entre el desencanto con Macri y el temor a Cristina.

Para las aspiraciones de Macri, la existencia de Cristina como antagonista sigue siendo el escenario más propicio; quizás, el único en el que resulta un candidato competitivo. De ahí que su estrategia política esté ceñida a la sustentación de este antagonismo. Si apareciera un tercero capaz de derrotar a Cristina, las chances de Macri se verían muy debilitadas.

Pero la estrategia contiene en su mismo diseño una trampa que acaba por forzar al Gobierno a un equilibrio de lo más inestable. El plan antagonista funciona sólo si en el Macri vs. Cristina se percibe que Macri será el ganador; cuando las encuestas comienzan a poner en duda esa hipótesis, el esquema tambalea. Se genera en ese escenario una dinámica autodestructiva: cada encuesta desfavorable acelera la huida del peso hacia el dólar, impide que baje la inflación, fuerza a mantener las tasas de interés altas, demorando la reactivación y afectando más la imagen de Macri, con lo que se recrea el círculo de huida del peso, inflación que se resiste a bajar, tasas altas y recesión.

De ganar Cristina, es probable que su gobierno se encuentre en un callejón sin salida apenas asumir

Visto así, parecería que para Cristina la cosa viene fácil: su mera existencia deteriora la economía y cada nueva vuelta del círculo vicioso refuerza su candidatura.

Sin embargo, el deterioro de la economía es también para ella, o para su eventual presidencia, una trampa. El temor a Cristina que provoca la retracción del financiamiento interno y externo para Argentina, la huida al dólar y el retraso en las decisiones de consumo e inversión augura para un eventual mandato suyo un futuro plagado de vicisitudes.

El mercado financiero y los ahorristas nacionales dan señales muy claras de que no toleran siquiera la presunción de que tal eventualidad se materialice. De ganar Cristina, es probable que su gobierno se encuentre en un callejón sin salida apenas asumir. Su herencia hacia Macri, en su momento referido como Plan Bomba, podría llegarle en forma de una devolución de gentilezas que difícilmente logre desactivar.

El antagonismo como modo de hacer campaña sólo sirve a los políticos. A la sociedad le convienen los acuerdos, que dan previsibilidad y tranquilidad a los asuntos cotidianos. No conseguirlos, o no intentar siquiera conseguirlos, aumenta el riesgo de que el círculo vicioso se profundice y de que salir de él requiera romper con todo, con un costo que la sociedad ya ha sufrido demasiadas veces.

Sinceramente, las posiciones extremas generan una trampa en la que todos, gobierno, oposición y ciudadanos, pierden.