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Cuando se pensaba que estaba extinguido, ha vuelto. Mucho debe haber influido que bajamos la guardia en cuanto a vacunación, que nos fuimos olvidando en cuanto a riesgos y consecuencias, a los movimientos "anti vacunas" y la descartada relación entre la vacuna antisarampionosa y el autismo. Pero el sarampión tiene una larga historia, y como ciertos héroes del cine actual debe ser “duro de matar".

Los primeros indicios de la enfermedad datan de 500 DC. En el siglo lux, un médico persa -cuyo abreviado nombre es Rhazes-, lo describió. Aparentemente, para su aparición debió haber una larga cohabitación entre los hombres y el ganado y el aumento de la población hizo más fácil su propagación. En sus primeros tiempos fue una enfermedad más temida que la viruela.

Su origen infeccioso data de 1757, y fue descubierto por un médico escocés, Francis Home, y el virus responsable fue recién aislado en 1954 por dos médicos, S. Enders y T. Peebles, en Boston, quienes guardaron durante años el virus en cultivos de tejidos y produjeron la primera vacuna en 1963, la cual fue luego perfeccionada.

Después de la Segunda Guerra Mundial, los antibióticos recién descubiertos curaron muchas de las complicaciones, en particular las neumonías.

Como de otras enfermedades infectocontagiosas que sufrimos en la infancia, tenemos del sarampión una idea de mal menor: unos días de cama y mimos. Algunas veces las cosas se salían de ese carril, como el caso de mi hermano mayor, quién tuvo el "sarampión negro”; las manchas tomaron ese color por rotura de los pequeños vasos. Siempre se bajaba el tono de voz al recordarlo, aunque el desenlace fue feliz. Es que en general era un mal menor, si bien capaz de complicaciones y fatalidades: neumonías y sobre todo complicaciones en el sistema nervioso, algunas de larga evolución e invariablemente fatales.

En los Estados Unidos, hasta el año 1963 casi todos los niños habían sufrido sarampión, se registraban 3 a 4 millones de casos por año, de los cuales 50 mil eran hospitalizados y morían entre 400 a 500. Se sabe que entre 1855 y 2005 causó en el mundo más de 200 millones de muertes y afectaba entre 7 a 9 millones de chicos por año. Algunos países sufrían un verdadero encarnizamiento: Honduras perdió la mitad de su población a principios del siglo pasado. En el año 2000 se consideró que se había logrado la meta: no se habían registrado casos durante 12 años en los países occidentales, pero se bajó la guardia como dijimos arriba y entre enero y abril de 2019 se registraron 555 casos en 20 Estados. Hubo epidemias en Madagascar y en Venezuela, en su rumbo a la prehistoria. En la Argentina se denunciaron en 2018, 14 casos, y los ha habido este año. Todo triunfo es precario.

La contagiosidad del sarampión es enorme. El contacto es por las minúsculas gotas de nuestro aliento, y su capacidad de infectar se mantiene durante 2 horas. Cada enfermo contagiará entre 9 a 18 personas y los no vacunados tendrán un 90% de chances de adquirirla. La población en riesgo actualmente no es solo la de los no vacunados, sino también la de los pacientes que tienen mala inmunidad: los trasplantados o sometidos a tratamientos oncológicos y los viejos.

No sé si muchos supieron de Roald Dahl (1916-1990), un escritor británico de cuentos para niños e historias de horror para adultos. Es el autor de "Charlie y la fábrica de chocolate", que pueden haber disfrutado en cine. En 1962, su hija Olivia enfermó de sarampión y cuenta en una carta... “lo contrajo cuando tenía 7 años. La enfermedad seguía su curso habitual y recuerdo que me sentaba a su lado a leerle sin preocupación alguna. Pero una mañana, cuando estaba camino a la curación, estaba yo sentado en su cama enseñándole cómo hacer animalitos con limpiapipas de colores, y cuando le tocó a ella hacer uno, notó que su mente y sus dedos no marchaban juntos y que no podía hacer nada. ¿Te sientes bien?, le pregunté. ‘Dormida’, fue la respuesta. A la hora estaba inconsciente y en 12 horas había muerto".

Eso ocurrió en 1962.La vacuna nace en 1963. Ya sabemos que el tiempo es tantas veces injusto. R. Dahl escribió esta carta para alertar y sumar esfuerzos a favor de la vacunación. Y en casa... ¿hemos cumplido?
Fuente: El Entre Ríos (edición impresa)

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